June 29th, 2009 — cosas-mías, viajes
Acabo de volver de Sidney, ciudad a la que he viajado porque tenía que trabajar allí durante unos días. Ha habido suerte: la gente que allí he conocido (todos españoles), y con la que he compartido quehaceres durante estos días, son de lo mejorcito que me he encontrado por ahí. Un montón de chicos y chicas agradables, inteligentes, dispuestos y simpáticos: Fernando, Manel, María, Víctor, Miriam, Olimpio, Marta, Paula, Rocío, Ángela, Leire, Carlos… ¿Me dejo alguno? Si es así, perdonad. Además me he re-encontrado con Begoña, a quien ya conocí en Melburne, hace dos años.
Sidney, a primera impresión, recuerda fuertemente a una gran ciudad de Estados Unidos influida seriamente por cualquier ciudad británica o irlandesa. Una gran dosis de Occidente que muchos de los expatriados europeos en Asia aprovechan para sentirse como en casa. Y es fácil sentirse en casa en Sidney, porque los lugareños son muy accesibles.
En plan turista, me di una vuelta por la bahía de Sidney, hice una visita a la playa de Manly, una ciudad veraniega cercana, y además tuve ocasión de pasar unas horas en uno de los mejores y más famosos zoos del mundo, donde no sólo tratan ejemplarmente a los animales que allí viven, sino donde además es posible ver un montón de bichos locales, básicamente marsupiales y reptiles, que en ningún otro sitio he podido conocer.
Ha sido un viaje agotador, no lo niego (he pasado tanto tiempo en los aviones como en Sidney), pero sin duda también ha sido enriquecedor y probablemente inolvidable.
Está tan lejos Australia, que no estoy segura de si podré volver. Pero os aseguro que lo intentaré, porque me he quedado con todas las ganas del mundo de poder darme una vuelta por ese fabuloso país.
June 15th, 2009 — cosas-mías, viajes
La semana pasada estuve en Nairobi, trabajando intensamente. El miércoles, el mismo día que tomaba el avión de vuelta, tuve oportunidad de darme una vuelta por el parque nacional de Nairobi, una extensión de terreno salvaje a 20 minutos del centro de la capital keniana.
Si no hubiera sido por esa excursión, muy provechosa para una europea que pisa el centro de África por primera vez, no habría podido darme cuenta de lo cerca que me encontraba de las grandes reservas africanas, en donde todo tipo de animales campan a sus anchas, entre Tanzania y Kenia. Una vez que te encuentras en el campo africano, en la sabana, aunque sea sólo un rato, entonces la cosa cambia.
Porque hasta ese momento sólo me había movido por la ciudad como si fuera una reportera de guerra: en coche de la Embajada al hotel, del hotel a la Embajada, sin pisar la calle. Calle en la que, por cierto y por otra parte, no se puede fumar.
Esto ocurre porque una empresa estadounidense muy importante decidió -el colonialismo estadounidense es así- “patrocinar” una muy restrictiva ley en contra del tabaco. Desde hace unos meses está prohibido fumar en todos los lugares públicos de Nairobi (parece que a Mombasa y a otras ciudades aún no ha llegado este desquicie), y como la calle se considera un lugar público, no se puede encender un cigarrillo. En una ciudad en la que apenas hay aceras. En fin.
Los kenianos son abiertos, agradables, dispuestos, amables y dignos. Pegan la hebra a la menor oportunidad, y siempre tienen algo interesante que contar, sobre todo si hablan con alguien que tanto desconoce de su país y de su(s múltiples) cultura(s).
Sin duda, regresaré lo antes posible a Nairobi, pero no me quedaré más que lo justo para viajar desde allí al Masai Mara y a la costa. Y volveré con otro espíritu, como turista y con relajación. Que el país bien lo merece.
June 3rd, 2009 — actualidad, política, prensa
Lo leo y no lo creo, le doy al vídeo. Sí, es cierto. Lo ha dicho. Como si fuera la Jefa del Estado de por vida, en plan monarca, Leire Pajín, la nunca suficientemente valorada en lo que (ella cree que) vale, agarra y dice esto: “Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE”.
¿Estamos ante una nueva religión, el zapatero-obaísmo, u Obama es Dios y Zapatero su profeta?
Qué cruz de gobernantes. Se vuelven locos sin remisión a la primera de cambio. Y el detonante de casi todos los ataques de cosmicismo es la posibilidad de juntarse con el presidente de turno de los Estados Unidos.
Dan risa, pero también cabrean.
May 28th, 2009 — cosas-mías
No, no voy a hablar de Camps. Se trata de algo más irritante para mí, por lo cotidiano y porque me afecta directamente, y de una gravedad diferente.
Sé que la mayor parte de los que leáis esto no me vais a creer. Lo tengo asumido. Con que se lo crean tres, tengo bastante.
Pues veréis: tengo visto y comprobado que en los sitios a los que voy a comer o a tomar copas, cerca de mi trabajo (alrededores de la plaza de Colón de Madrid), ocurre un fenómeno paranormal. Es el siguiente: yo lo llamo el “síndrome del acompañante con traje”. Lo creáis o no, cuando voy a dichos establecimientos en compañía femenina (en general con buen aspecto, chicas limpias, guapas y bien vestidas), los camareros optan por no hacernos caso. Prefieren atender, antes que a nosotras, a cualquier señor con traje, aunque haya llegado más tarde que nosotras.
Una vez que hemos conseguido, a pesar de ser mujeres, ser atendidas, siempre recibirán mejor cuidado y servicio los señores con traje.
Chicas, donde quiera que vayáis, no olvidad llevar con vosotras a un señor con traje.
El otro día vino a verme al trabajo Ángel, mi chico, que tenía una reunión al lado. Lo llevé a un sitio muy fino al que suelo ir con mucha frecuencia, y donde siempre me pasa lo relatado. Le dije: “a mí me cuesta Dios y ayuda que me hagan caso, así que como vas con traje, te pido que me hagas el favor de pedir un par de cafés.” Milagro: ipso facto, vino alguien a atendernos. “Menos mal que vengo con un señor con traje”, le dije, “porque si no, la media son quince minutos de bamboleos con los brazos”. ¿En serio? Sí, en serio.
Muchas veces, con frecuencia, si en lontananza no hay ningún señor con traje, se atiende antes que a nosotras a cualquier señor, con la pinta que lleve.
¿No os lo créeis? Qué suerte tenéis.
May 12th, 2009 — cosas-mías
Javier, aunque querría no puedo. ¿Cómo explicar lo que significaste para mí?
Tanto como mi padre, como Manolo, mi suegro. Hombres que me habéis enseñado un montón de cosas, que sois insustituibles en mi vida y en mi quehacer cotidiano. Afortunadamente, Manolo está vivo, y espero que durante muchos años. Tengo que ir a verlo.
No termino de darme cuenta de cuánto supusiste en mi vida, en nuestros escasos años de conocimiento y de cercanía (6 ó 7, ¿no?). Fuiste para mí un maestro, un hermano, un amigo. Me refiero a un amigo de verdad, de los que se preocupa en serio por tus cosas y te da de corazón su opinión sobre lo que mejor supondría para mí.
Hay además algo terrible sobre tu muerte. ¿Recuerdas que decías “ahora se muere gente que antes no se moría”? No comprendí bien qué querías decir con eso. Ahora sí lo entiendo. Comienzas a pensar que tú también vas a morir, a hacer compañía a todos esos tíos y tías estupendos que se van. Lo empecé a notar, pero muy lejanamente -era aún muy joven- cuando murieron mi tío Manolo y mi tía Pili (no sabes cómo eran, fabulosos, encantadores, divertidísimos). La muerte de papá, hace ya más de seis años, aún no la he entendido.
La muerte de mi amigo Paco también fue terrible, pero no la relacioné conmigo.
Pues bien: ahora sí, ahora sí creo que yo voy a morir en no mucho. Me voy acostumbrando a ello, eso creo.
Entre tanto, aún sigo entera. Me queda mucho por hacer, eso espero. Supongo que viajaré aún mucho más, y veré muchas cosa que me sorprendan. Procuraré hacer feliz a Ángel, que se lo merece.
Pero, y eso que ya no nos hablábamos, siempre te echaré de menos, Javiertxo.
Una de las personas que más quiero en el mundo, mi primo Santi, está entre la vida y la muerte. No tengo muchas esperanzas, espero lo peor. Me siento débil, y me siento mortal también.
Tú me entiendes, ¿verdad? Y a todo esto, a seguir con la vida, a trabajar, a hacer la casa, a cuidar a la gente y a la gata, a reír.
Caray. La parte más dura de la vida es la muerte, ¿no?
May 7th, 2009 — viajes
Cuando me subí al avión el viernes 1 de mayo hacia Chicago pensaba en que, precisamente, volaba hacia la ciudad en la que ocurrió hace ya mucho tiempo uno de tantos sucesos ignominiosos y brutales, en los que los patronos asesinan a miembros de la clase obrera que se ponen rebeldes. Uno de tantos, claro, pero justo el que se recuerda cada año en muchas partes del mundo desde entonces, el primero de mayo. En Estados Unidos, tal día es el “May Day”. ¿Recordáis que, además, la llamada de socorro de los pilotos ha sido tradicionalmente “mayday”?
Qué cosas: A la media hora de despegar, el piloto del avión en el que viajaba dijo “mayday”, al menos para sus adentros. Nos comunicó que el avión estaba averiado y había que regresar a Barajas. “Mayday!”, dijo algún cachondo entre el pasaje. “May Day”, me dije yo, “y nunca mejor dicho”.
Al fin aterricé en Chicago. Una ciudad evocadora, ¿verdad? Y no sólo por los sucesos del Haymarket de 1887, que se conmemoran cada año, sino por muchas cosas más. Era tanto el trabajo que allí me esperaba, y tanta la tensión que yo portaba, que poco pudieron mis muchos antecedentes emocionales sobre aquéllos, y no fui capaz de darme cuenta de que estaba en Chicago hasta que me pasée por la mañana, y sin querer, por la avenida Michigan. Nunca me he sentido así: como una pueblerina de La Mancha en los años treinta, pisando por primera vez una gran ciudad. Sólo podía mirar hacia arriba: los altos edificios de los años veinte y treinta bordeando el río Chicago me dejaron apabullada, de verdad. Y creed que ya llevo vistas muchas cosas, y muchas ciudades del mundo.
Es una ciudad pensada para que todo el mundo entienda que allí, en la milla de oro de Chicago, se mueve el capital rápido, el moderno, el que te levanta un rascacielos en dos meses y un barrio entero en ocho semanas. ¿Qué debió pensar Oscar Wilde cuando estuvo por allí? Dejó escritos varios comentarios jocosos y peyorativos sobre los grandes edificios chicaguenses, pero tal vez también tuvo ocasión de no dar crédito a lo que veían sus ojos. Claro que él era irlandés, y eso hace mucho carácter. Y además era Wilde, no cabe duda de ello.
Hace poco estuve en Miami, pero pensé que esa ciudad no era Estados Unidos del todo. Tenía razón: lo de Chicago es mucho más estadounidense, en todos los sentidos. Para bien, y sobre todo para mal.
He vuelto con sentimientos encontrados: reconozco mi apabulle por muchas cosas que he visto, pero yo me he sentido fuera del cotarro. Hago un montón de cosas que allí no se deben hacer, y que hacen que te notes expulsada de la norma, lo que allí es francamente incómodo. No es una ciudad tolerante, en absoluto. Es una ciudad imponente, en el sentido de que a todo el que la pisa se le supone un cierto comportamiento que, si no cumple, lo convertirá en un outsider. Y allí estar fuera es complicado.
Sólo he establecido conversación espontánea -y yo soy muy de hablar con cualquiera- con gente “homeless”, sin hogar, todos ellos negros, y pedigüeños sin excepción. No tienen otra. Les he dado lo que he podido, sobre todo tabaco, que han agradecido mucho.
Me he ido de Chicago con ganas de irme. Es una pena, pero es así.
Y es una pena, porque tal vez esperaba algo más de la ciudad. Creo que le daré otra oportunidad. A lo mejor, si cuando vuelva ya no fumo, me cae mejor.
April 28th, 2009 — cosas-mías
Hace algunos años, creo que 8 ó 9, escribí un correo a Javier Ortiz, quien por entonces publicaba en “El Mundo”, haciéndole algunos comentarios sobre su última columna, y explicándole que yo era, como muchas otras personas, una lectora asidua, y admiradora, de su sección. Me contestó de inmediato, muy amable y muy halagüeño. Así comenzó una amistad que con el tiempo se hizo íntima, y que duró varios años, hasta que se rompió hace algo más de un año por motivos que no vienen al caso.
No vienen al caso, sobre todo, porque esta noche Javier ha muerto, para mi gran sorpresa. Parece que padecía una seria enfermedad hepática, de la que yo tenía noticia a través del propio enfermo, ya que como era habitual en él no tuvo reparos en explicar pública y personalmente la grave situación por la que atravesaba, a través de su blog.
Quién, sin embargo, podía imaginar, con esa poca información, que estaba al borde de la defunción.
Me imagino el tremendo hueco que deja en casa y lo muchísimo que lo añorarán sus amigos, que son cantidad. Algunos son también amigos míos, y un par de ellos han tenido la bondad de informarme del fallecimiento de Javier, cosa que les agradezco infinito, ya que habría sido mucho peor saberlo por otras fuentes.
Me habría gustado mucho llegar a este ominoso día teniendo como amigo a Javier, pero por desgracia eso no ha sido posible. Qué le vamos a hacer.
Me queda, sin embargo, la fortuna de poder recordar un montón de ratos divertidos que pasé junto a Javier, y que forman parte de algunos de los mejores recuerdos que poseo. Solíamos reírnos mucho de casi todo, también cuando hablábamos por teléfono. Además me quedan algunas cosas que me enseñó, personalmente y a través de sus escritos. Escritos que eran muy buenos por lo general, y en general también tremendamente acertados.
Lamento, cómo no, que haya muerto antes de tener la oportunidad de pasar algunos años tranquilos en su casa de Aigües, ya retirado del mundanal ruido laboral. Su retiro tranquilo era su esperanza, y su única preocupación seria últimamente, antes de caer enfermo.
Era un hombre singular, desde luego. Al menos, eso es indiscutible.
En fin, macho, un beso y hasta luego,
Belentxo
April 20th, 2009 — cosas-mías, libros
Supongo que muchos de vosotros conocéis la famosa trilogía de Gerald Durrell sobre su infancia en la isla griega de Corfú, “Mi familia y otros animales” y sus dos fabulosas secuelas. Son tres de los mejores libros que he leído en mi vida, no me cabe duda de eso. Hace como un par de años me compré la primera en inglés, y recuerdo pocos ratos de lectura tan agradables. Durrell, cuya mejor y más importante misión en este mundo fue ser uno de los más grandes y más inteligentes defensores de la fauna -y también de la flora- mundial, tenía también (y quizá sin embargo) una impresionante capacidad para escribir bien, conciso, claro, divertido y desde luego muy entretenido.
Sus libros, todos los que he leído, son desopilantes, amenísimos, y muy interesantes. Hacía años que había oído hablar muy bien de uno de los que escribió para sacar dinero para su zoo de la isla de Jersey. A él le encantaba escribir, porque se le daba, pero prefería dedicar todo su tiempo a cuidar de los numerosísimos animales que tenía a su cuidado. Casi todo lo que escribió lo hizo más o menos por obligación, porque su editor se los pedía y él accedía. Aunque en el fondo, encantado, ya que sus obras resultaban ser éxitos inmediatos y en muchos de ellos pedía directamente a su público que se hicieran socios de la Fundación, cosa que en general conseguía, para gran contento suyo, de su esposa y de todos los que trabajaban para el zoo de Jersey.
El jueves, buscando un regalo para mi hermano José-Luis, que aún no he encontrado (lo conseguiré en breve, no me cabe duda), encontré “Atrápame ese mono”, uno de los libros de Durrell más famosos y que llevaba buscando bastantes años. No me está defraudando en absoluto: me apasiona todo lo que cuenta sobre las aventuras de Durrell en África y en Jersey, las cosas que les pasan a sus animales (de la existencia de muchos de los cuales no tenía noticia, y me refiero a la especie a la que pertenecían), y en general todo lo que cuenta en el libro.
Hace un rato me he enterado de que la primera cría de la chimpancé hembra del zoo, Sheena, murió a los pocos meses de vida, para sorpresa y disgusto de todos los cuidadores y responsables del parque. Hace casi treinta años que ocurrió esa tragedia, y sin embargo la he vivido exactamente como si hubiera pasado en el momento en el que estaba leyendo lo ocurrido, gracias a Durrell.
Este Gerald, Gerry de niño, es una de las personas más notables de las que he tenido noticia, y no precisamente por sus fabulosas características personales, ya que él mismo se encarga de ponerse a caldo a la menor oportunidad (al fin y al cabo, no tiene reparos con nadie, ¿por qué con sí mismo sí debía tenerlos?). Sus legados personales, el zoológico, el biológico y el literario, son importantísimos.
Os recomiendo que no perdáis la oportunidad de meter a Gerry en vuestras vidas. Os aseguro que no os arrepentiréis.
April 15th, 2009 — blog, cosas-mías
Mi amiga cibernáutica Mercedes (Merche), que entre otras cosas es muy aficionada a fabricar jabones caseros, tiene un simpático blog en el que presenta sus novedades jabonísticas y otras cosas: Se llama Los jabones de Merche, y os invito a visitarlo.
Merche es muy amable, y le ha dado un premio a mi blog, éste.
Voy a hacer como ella, y voy a compartir el premio con otros blogs que me gustan particularmente, por una u otra razón (quedarán muchos fuera, pero hay que centrarse en algunos). And the winners (los blogs-joyas) are:
Los jabones de Merche, por lo ya mencionado y por reciprocidad agradecida.
El blog de Rafael Reig, porque es divertido, inteligente y original.
Las crónicas de Putada Ville, simplemente diferente. El tío Fet no se corta un pelo.
Escolar.net, uno de los mejores blogs españoles. Da gusto leer lo que cuenta en él Nacho Escolar.
En la ducha final, un crudo y certero análisis de la realidad hecho por el rojales de Gracchus.
La bitácora de Eltránsito, porque Luis se lo merece.
Ugrafías, de mi querido amigo Pako, un blog tan inusual como resulta serlo su autor.
La celda de Jean Valjean, o las elucubraciones de Juanjo contra Espe y otros monstruos.
Bueno, éstos son mis favoritos. ¿Cuáles son los vuestros?


March 17th, 2009 — actualidad
Me acabo de enterar -por éstas- de que hay matadores de toros, gente que se gana la vida torturando y matando en público a varios animales día sí y día no, que se ponen a devolver medallas de mérito a las Bellas Artes, de puro chulos. Por lo visto, están compungidos por tener que compartir la medalla con otros matadores de toros que no les gustan.
Preguntas:
¿El toreo es un arte? En mi opinión, y en la de cientos de millones de personas más, es una bestialidad injustificable. No un arte, ni mucho menos.
¿Quién/es deciden a quién/es regalan esas medallas? ¿No se puede votar?
¿Esas medallas llevan aparejado un regalo de dinero? En caso de que así fuera, ¿lo pago yo con mi trabajo? Y, ¿lo han devuelto también los Hombres de las medallitas?
¿Qué clase de gentuza devuelve públicamente un premio porque no le parece bien que le den el mismo premio a otro que -cree- no lo merece?
¿Hasta cuándo vamos a tener que tolerar la mayoría de españoles que estamos en su contra, que estos hache de pe sigan cometiendo fechorías, ante el aplauso de su afición?
Mientras procuro desentreñar estas cuestiones, me entero de que otros perfectos estafermos, los de la Conferencia Episcopal, encuentran que es una gilipollez defender al lince ibérico de la extinción, porque su cerebro desquiciado cree que ello interfiere en la defensa de los embriones que no se desarrollan, porque hay mujeres que abortan.
Qué asco de país, a veces. Y luego dicen que Franco ha muerto. Sí, narices.