Verano

Esta mañana de resaca futbolera, que anuncia al menos un partido más para ver con emoción en casa, es también el primer día en el que estamos todos convencidos por aquí de que ya es verano.

En poco más de un mes llegarán mis vacaciones, el querido, anhelado, deseadísimo veraneo. Un poeta parnasianista francés, Théodore de Banville, que escribía cosas muy sencillas, decía del verano:

Il brille, le sauvage Été,
La poitrine pleine de roses.
Il brûle tout, hommes et choses,
Dans sa placide cruauté.

O sea (como diría el Reig):

Brilla el agreste verano,
El pecho lleno de rosas.
Abrasa todo, hombres y cosas,
En su plácida crueldad.

Juan Luis Panero escribió una vez sobre la noche de San Juan (como la que se acerca) y de esa especie de vértigo que entra cuando se mira al cielo estrellado en una noche calurosa:

Anticuado, interrogo las estrellas,
su desnudo, inapelable misterio,
mientras miro las llamas en la playa,               
en esta noche cuando empieza el verano.

Buscando por la red el poema de Panero me he encontrado otro de Borges, sobre el mismo tema:

El poniente impecable en esplendores
quebró a filo de espada las distancias.
Suave como un sauzal está la noche.
Rojos chisporrotean
los remolinos de las bruscas hogueras;
leña sacrificada
que se desangra en altas llamaradas,
bandera viva y ciega travesura.
La sombra es apacible como una lejanía;
hoy las calles recuerdan
que fueron campo un día.
Toda la santa noche la soledad rezando
su rosario de estrellas desparramadas.

Música, noches y poesía: puro verano. ¡Feliz solsticio a todos!

Endesa: para los hijos de sus hijos

Hace sólo unos días ha comenzado una campaña promocional de Endesa, en realidad la continuación de la penúltima, con el mismo lema: “Para los hijos de tus hijos”. En ambos casos la empresa energética española pretende lanzar el mensaje de que es una corporación responsable, respetuosa con el medio ambiente y comprometida con el desarrollo sostenible. En los anuncios que estos días tenemos ocasión de ver en la tele, varios actores que interpretan a trabajadores y clientes de Endesa nos leen una carta presuntamente redactada colegiadamente por “todas las personas que forman Endesa”. Se trata de un intento por emocionar a los espectadores y presuntos clientes, a base de decirnos estas cosas: “Querido Juan, o María, o Hugo, o Pamela, querido ser humano: tenemos que volver a imaginarlo todo. Endesa, como todo el mundo, se acerca al desafío más importante y estimulante de su historia: reinventar nuestra manera de estar y vivir en el planeta”. Con vaguedades así, es difícil saber de qué están hablando realmente, pero a todos nos suena a buenas intenciones medioambientales.

La pregunta es, ¿es creíble que Endesa sea una empresa comprometida con el respeto al planeta y a los que vivimos en él? Me temo que no.

Esta empresa, que hace sólo unos días recibió el Premio Atila que concede Ecologistas en Acción a la empresa que en el último año ha destacado por su contribución a la destrucción del medio ambiente en la isla de La Gomera, tiene un largo historial de denuncias por atentar contra el medio ambiente, la flora, la fauna y la población humana (y los hijos de sus hijos) en todas las partes en las que Endesa se ha instalado.

En la Patagonia, la empresa eléctrica en asociación con otra empresa local, tiene prevista la construcción de cinco presas en dos de los pocos ríos que aún quedan vírgenes en el planeta. Greenpeace y muchas otras agrupaciones en el mundo, llevan mucho tiempo trabajando por impedir esta monstruosidad, que supondría acabar sin remedio con uno de los últimos reductos completamente naturales de la Tierra.

En Galicia, varias organizaciones ecologistas han denunciado que Endesa rellenó con agua de lluvia una antigua mina, cometiendo con ello un grave perjuicio para la zona con una acción que había sido descartada en el informe de impacto medioambiental elaborado ad hoc.

En Andalucía, la delegación de Medio Ambiente abrió hace poco más de un mes un expediente a Endesa por talar 146 árboles en la Sierra de Grazalema, un parque natural entre Cádiz y Málaga. Ecologistas en Acción ha denunciado en muchas ocasiones los abusos de la empresa y su conducta desconsiderada con el entorno, que según la organización ecologista siempre antepone el beneficio económico sobre la salud de los ciudadanos y el respeto al medioambiente.

Uno de los casos más tristes que ha denunciado últimamente Ecologistas en Acción en Andalucía es la muerte de buitres leonados al chocar con un poste eléctrico de Endesa situado en una localidad onubense.

En La Gomera, una asociación ecologista denunció hace unos meses la limpieza “silvícola” que Endesa lleva tiempo haciendo bajo las líneas de media tensión de la isla de La Gomera, una práctica que está acabando con la vegetación de amplias zonas de la isla.

Podría seguir, pero creo que no hace falta.

Es evidente que Endesa es una digna representante de las grandes empresas españolas -como su ex presidente Pizarro lo es de los altos ejecutivos de aquéllas-, un monstruo sin conciencia ni vergüenza, nocivo y destructor, una máquina de obtener beneficios económicos cueste lo que cueste y pese a quien -o a lo que- pese.

Ahora, además, nos quieren tomar el pelo: “para los hijos de tus hijos”. Será para los hijos de los hijos de los directivos de la empresa, como mucho, y ni siquiera.

Bravo, Irlanda

El rechazo popular de los irlandeses al tratado de Lisboa está dando mucho que hablar a los comentaristas políticos del Régimen europeísta, que hacen hincapié sobre todo en estos dos aspectos de la cuestión: por un lado, si el hecho de que uno de los gobiernos de los países miembros de la UE no pueda ratificar el tratado, debería impedir que lo previsto en Lisboa se lleve a cabo; por otro lado, cuánta es la responsabilidad del Gobierno irlandés en este “feo” asunto de consultas populares y autonomías de decisión.

De lo que no se habla es de qué es exactamente el Tratado de Lisboa, que nos habrían colado sí o sí a todos los ciudadanos de los países miembros de la UE sin apenas enterarnos, de no ser porque la Constitución irlandesa obliga al Gobierno de turno a someter a referéndum popular la adhesión a cualquier tratado político y económico internacional, como es el caso. El hecho es que lo que se ha llamado “Tratado de Lisboa” no es otra cosa que un segundo intento por colar la Constitución europea, que tuvo que ser retirada formalmente debido a los votos en contra de los franceses y los holandeses en 2005. Con este nuevo intento en Portugal se suprimieron las reformas constitucionales para salvar lo esencial, como explica estupendamente en este artículo Anne-Cécile Robert, que como espero que recordéis y dice Mike Whitney en este otro artículo, se trataba básicamente de ir hacia “una mayor privatización de los servicios públicos, la reducción de los derechos de los trabajadores, menor control estatal sobre las políticas mercantiles y los derechos civiles, y un agresivo plan para militarizar Europa”.

Una vez más el capital europeo y sus representantes -el 90% de la clase política de la UE- se encuentra en su camino hacia la barbarie el obstáculo de tener que contar con la voluntad ciudadana. Ocurrió en 1992, cuando los daneses dieron el no a Maastricht. Volvió a ocurrir en 2001, cuando los irlandeses rechazaron el Tratado de Niza. Después, los noes a la Constitución Europea, y ahora esto.

Qué inconveniente resulta la democracia para los fines de los poderosos, ¿verdad?

Dudo mucho que no ocurriera lo mismo que en Irlanda en la mayor parte de los países de la UE, si nuestros gobiernos respectivos se vieran obligados a consultarnos. La conclusión es bien sencilla: La Unión Europea es la institucionalización de los métodos no democráticos para transformar el continente en un reducto seguro para el capital, sin tener que emplear -de momento- la violencia física para imponer los cambios que tan gran pérdida suponen para la mayor parte de los europeos, lo sepan -lo sepamos- o no.

La otra conclusión es obvia: como dice Whitney, ¡bravo, Irlanda!

Hay apellidos que van provocando

En el BOE hay mucho cachondo. Lo sé de buena tinta. Si no me creéis, ved lo que salió publicado en el ejemplar del sábado 31 de mayo pasado (qué mala leche tienen):

Abu Dhabi y Dubai

Como ya os dije, uno de los destinos de mi último periplo laboral fueron los Emiratos Árabes Unidos: tuve una breve estancia en las dos grandes ciudades de esta federación árabe, capitales ambas de los respectivos emiratos del mismo nombre. Me refiero a Abu Dhabi y Dubai. Los otros cinco emiratos que componen este estado son Sharjah, Ras Al Khaimah, Ajman, Fujairah y Umm Al Quaiwain.

En Emiratos son ilegales los partidos políticos y los sindicatos, y sólo los emires tienen derecho al voto: el presidente del Gobierno lo elige cada cinco años el Consejo Supremo de Gobierno, constituido por los jeques de cada emirato, monarcas absolutos todos ellos. El presidente nombra al primer ministro y al Consejo Federal de Ministros. Desde la independencia en 1971 siempre se ha elegido presidente al Jeque de Abu Dhabi, y en estos momentos el primer ministro es el Emir de Dubai.

El petróleo es la principal fuente de ingresos del país. Se estima que E.A.U. tiene reservas para más de 100 años, la mayor parte de las cuales están en el emirato de Abu Dhabi. El Gobierno lleva años haciendo grandes esfuerzos por diversificar su economía, reforzando el sector agrario, el de materiales de construcción, la industria marítima, el desarrollo de infraestructuras, el sector servicios y algunos otros. En esta materia resulta evidente que queda aún mucho camino por andar, pero también que esta situación favorece las oportunidades de negocio para todas las empresas extranjeras de dichos sectores, entre ellas las constructoras, la banca y las empresas energéticas españolas, que aunque parezca mentira no son peores que las de otros países.

Cuando llegué a Abu Dhabi hacía mucho calor: se llegó a los 48º en el exterior del hotel, del que apenas salí -no había tiempo-. Sin embargo, no tuve sensación de claustrofobia en ningún momento, porque el hotel era gigantesco. Un edificio demasiado grande, sin duda alguna (me perdí varias veces). Tenía la playa privada más grande de Emiratos, ésta que podía ver desde la ventana de mi habitación:

El camino desde el aeropuerto hasta el hotel, que es largo, me permitió echar un vistazo al paisaje, muy monótono. La carretera está flanqueada prácticamente en su totalidad por palmeras y césped, lo cual en ese clima, en medio del desierto, debe costar un congo. Hay muchos edificios de pisos con muy buen aspecto, y muchas más viviendas unifamiliares con mejor aspecto aún. En esta zona sólo viven emiratíes (el 20% de la población) y extranjeros de buen nivel económico, mientras la mano de obra y el servicio (indios, paquistaníes, filipinos, iraníes, otros árabes) residen en lugares mucho más modestos, que no tuve oportunidad de ver.

De Abu Dhabi nos fuimos, en coche, a Dubai. El paisaje es impresionante: desierto y más desierto a ambos lados de una espléndida carretera de no sé cuántos carriles, construida en línea recta desde un emirato al otro. Dubai es una locura: lleno de edificios altísimos (la torre Burj, que será la más alta del mundo, está allí) y cantidad de pintorescos. Uno de los más famosos es el hotel Burj-Al-Arab, que en la noche de Dubai se ve desde cualquier bar, hotel o restaurante cerca del mar. La noche de Dubai, por cierto, es lo mejor de la ciudad, según tengo entendido. Desde luego, la animación es mucha:

Ni Dubai ni Abu Dhabi, con todas sus diferencias, me parecen lugares atractivos en los que vivir más de un año, a pesar de mis grandes preferencias por el mundo árabe. Creo que hay muchos otros sitios mucho más cómodos, agradables e interesantes, y mucho menos artificiales. De todos modos, el mayor de los problemas que se puede encontrar un español que viva allí es el aburrimiento ocasional, lo cual no es demasiado grave, me parece. De todas maneras, está bien darse una vuelta por allí, si podéis y tenéis curiosidad por ver cómo es aquello.

Las flamencas

Hay una canción de Jacques Brel que describe magníficamente un tipo de persona que no tiene nada que ver contigo y conmigo. Se trata de esas mujeres -que para Brel son de Flandes, pero que podrían ser de cualquier otro lugar (y también podrían ser hombres)- que no dicen esta boca es mía sin medir con cuidado lo que van a decir, sin sopesar con precisión qué beneficio obtendrán con lo dicho; son mujeres que no sonríen (¿para qué?), a menos que haga falta mostrar a los demás lo bien que se encuentran, y que sólo bailan si el guión lo requiere, no por pasar un rato alegre.

Son gentes con cabeza, personas sensatas, con los pies en la tierra, que no dan puntada sin hilo y que no dejan pasar ocasión alguna sin obtener algún beneficio. En general son muy desagradables, y a veces son nocivas. Disfrutan hablando mal de los demás y nunca se ponen en duda a sí mismas

Supongo que tiene que haber de todo, pero, ¿es necesario que de éstos haya tantos?

Os dejo la letra de la canción. Se llama “Les Flamandes” (la traduzco bajo cada estrofa):

Les Flamandes dansent sans rien dire
Sans rien dire aux dimanches sonnants
Les Flamandes dansent sans rien dire
Les Flamandes ça n’est pas causant
Si elles dansent c’est parce qu’elles ont vingt ans
Et qu’à vingt ans il faut se fiancer
Se fiancer pour pouvoir se marier
Et se marier pour avoir des enfants
C’est ce que leur ont dit leurs parents
Le bedeau et même Son Eminence
L’Archiprêtre qui prêche au couvent
Et c’est pour ça et c’est pour ça qu’elles dansent
Les Flamandes
Les Flamandes
Les Fla - Les Fla - Les Flamandes

Las flamencas bailan sin decir nada / sin decir nada en los domingos en los que suenan las campanas / las flamencas bailan sin decir nada / las flamencas no son parlanchinas. / Si bailan es porque tienen veinte años / y a los veinte años hay que comprometerse / comprometerse para casarse / y casarse para tener hijos. / Es lo que les han dicho sus padres / el macero y hasta Su Eminencia / el Arcipreste que reza en el convento, / y por eso, por eso bailan / las flamencas.

Les Flamandes dansent sans frémir
Sans frémir aux dimanches sonnants
Les Flamandes dansent sans frémir
Les Flamandes ça n’est pas frémissant
Si elles dansent c’est parce qu’elles ont trente ans
Et qu’à trente ans il est bon de montrer
Que tout va bien que poussent les enfants
Et le houblon et le blé dans le pré
Elles font la fierté de leurs parents
Et du bedeau et de Son Eminence
L’Archiprêtre qui prêche au couvent
Et c’est pour ça et c’est pour ça qu’elles dansent
Les Flamandes
Les Flamandes
Les Fla - Les Fla - Les Flamandes

Las flamencas bailan sin estremecerse / sin estremecerse en los domingos en los que suenan las campanas / las flamencas bailan sin estremecerse / las flamencas no son temblorosas. / Si bailan es porque tienen treinta años / y a los treinta años es bueno demostrar / que todo va bien, que crecen los niños / y el lúpulo y el trigo en la pradera. / Causan orgullo a sus padres / al macero y a Su Eminencia / el Arcipreste que reza en el convento, / y por eso, por eso bailan / las flamencas.

Les Flamandes dansent sans sourire
Sans sourire aux dimanches sonnants
Les Flamandes dansent sans sourire
Les Flamandes ça n’est pas souriant
Si elles dansent c’est qu’elles ont septante ans
Qu’à septante ans il est bon de montrer
Que tout va bien que poussent les petits-enfants
Et le houblon et le blé dans le pré
Toutes vêtues de noir comme leurs parents
Comme le bedeau et comme Son Eminence
L’Archiprêtre qui radote au couvent
Elles héritent et c’est pour ça qu’elles dansent
Les Flamandes
Les Flamandes
Les Fla - Les Fla - Les Flamandes

Las flamencas bailan sin sonreír / sin sonreír en los domingos en los que suenan las campanas / las flamencas bailan sin sonreír / las flamencas no son sonrientes. / Si bailan es porque tienen setenta años / y a los setenta años es bueno demostrar / que todo va bien, que crecen los nietos / y el lúpulo y el trigo en el prado. / Todas vestidas de negro, como sus padres / como el macero y como Su Eminencia / el Arcipreste que chochea en el convento. / Ellas heredan, y por eso bailan / las flamencas.

Les Flamandes dansent sans mollir
Sans mollir aux dimanches sonnants
Les Flamandes dansent sans mollir
Les Flamandes ça n’est pas mollissant
Si elles dansent c’est parce qu’elles ont cent ans
Et qu’à cent ans il est bon de montrer
Que tout va bien qu’on a toujours bon pied
Et bon houblon et bon blé dans le pré
Elles s’en vont retrouver leurs parents
Et le bedeau et même Son Eminence
L’Archiprêtre qui repose au couvent
Et c’est pour ça qu’une dernière fois elles dansent
Les Flamandes
Les Flamandes
Les Fla - Les Fla -Les Flamandes

Las flamencas bailan sin flojear / sin flojear en los domingos en los que suenan las campanas / las flamencas bailan sin flojear / las flamencas no flojean. / Si bailan es porque tienen cien años / y a los cien años es bueno demostrar / que todo va bien, que aún se tiene buen pie / y buen lúpulo y buen trigo en el prado. / Van a reencontrarse con sus padres / con el macero y hasta con Su Eminencia / el Arcipreste que reposa en el convento. / Y por eso bailan por última vez / las flamencas.

¿65 horas? ¡Ni de coña!

El viernes pasado tuvo lugar una tétrica reunión en Bruselas: los ministros de Trabajo de los 27 estados miembros de la Unión Europea aprobaban a última hora de la noche una resolución que legaliza en la UE la posibilidad de ampliar la jornada laboral por encima de las actuales 48 horas semanales “si así lo acuerdan el trabajador y el empresario”, hasta 60 horas e incluso 65 en los servicios médicos.

Esta reforma de la directiva de Tiempo de Trabajo nos lleva al siglo XIX, antes de la conquista de la jornada laboral de 48 horas. Es un abuso propio de esclavizadores, incompatible con el derecho al descanso y la conciliación de la vida laboral y familiar.

Aún debe recibir el visto bueno del Parlamento Europeo: ¿creéis que podemos permitir que ocurra algo tan peligroso para nuestra vida y la de las generaciones venideras? ¡Naturalmente que no! No podemos confiar en nuestros políticos: el ministro de Trabajo español, Corbacho, que tuvo muy duras palabras a la propuesta antes de la reunión, no votó en contra: simplemente se abstuvo.

No podemos confiar en estos desaprensivos, ¿a alguien le extraña que Irlanda haya dicho que no al tratado de Lisboa? Si nos dejaran votar, ¿tú qué votarías? ¿No tienes miedo a que cualquier día, en una sala de reuniones en la que como mucho quepan 100 personas, se decida tu futuro y el de tus hijos, una vez más, en contra de tus intereses, tu opinión y tus derechos?

Yo sí, yo tengo miedo, y razones no me faltan.

En fin: no hay mucha bronca en la red contra este asunto, y eso que es lo suficientemente serio como para que la hubiera. Sólo he visto este blog, a cuya iniciativa me uno, y una recogida de firmas on line. Poca cosa, sí, muy poca. Qué miedo.

Manila

Supongo que suena raro, pero el mejor recuerdo que me queda del viaje a Filipinas fue mi parada en Ámsterdam. Tenía dos horas y pico entre un avión y otro, suficiente tiempo en teoría para que no me perdieran las maletas, pero ese lapso se convirtió en uno mayor: el avión desde la capital de los Países Bajos se retrasó en dos horas. No pude evitarlo: agarré el tren que lleva desde el aeropuerto de Schiphol a la estación Centraal de Ámsterdam -os lo recomiendo, sólo tarda quince minutos- y tuve la gran suerte de pisar por segunda vez en poco tiempo uno de los mejores lugares del mundo. Me refugié de la lluvia, casi madrileña al paso que llevamos, en un agradabilísimo café cercano a la estación, e instalé allí mi oficina: saqué el portátil -había wifi, claro-, el móvil y mis papeles, y me puse a trabajar, ayudada por una hermosa pinta de Heineken. En un momento dado, entendí que tenía que volver al aeropuerto, pero antes me senté en una de las puertas de la estación, mirando a los canales y las fantásticas casas enladrilladas de Ámsterdam, y me sintonicé el “Amsterdam” de Brel en mi reproductor mp4. Jo, qué recuerdo para enmarcar.

Hecho esto, y sin más dilaciones ni problemas, la KLM me llevó a Manila.

Pobres filipinos. Eso fue lo que pensé cuando aterrizábamos (y seguí pensando lo mismo en el despegue): la pista de aterrizaje estaba rodeada de casas hasta donde ya no es posible construir, casas paupérrimas, que evidenciaban desgracia, insalubridad y pobreza. El camino hasta el hotel no fue mejor: todo lo que vi en el camino me pareció triste, feo, pobre e imposible. Yo me alojé en un hotel de Makati, uno de los barrios hechos para que Manila no parezca demasiado espantosa para los que vienen -o venimos- a hacer negocio. Labor infructuosa: la penuria es demasiada como para no notarla.

En mis paseos por Manila pude darme cuenta de que es una ciudad terrible, caótica, hecha de cualquier manera, a lo loco y sin pensar en quiénes viven allí.

Mi experiencia personal fue buena, pero sólo gracias a las atenciones de Javier y Ana, un matrimonio estupendo que vive allí en muy buenas condiciones, y que tiene la inteligencia de saber encontrar y disfrutar lo mejor del sitio en el que viven. Gracias a ellos pudimos conocer algo más de Filipinas, a través de la recomendación que nos hicieron de contratar los servicios de Carlos, un guía filipino de pura cepa, que nos introdujo en la penosa historia de su país desde el antiguo convento de San Agustín, en el antiguo barrio español de Intramuros.

El taxista que nos llevó a Intramuros no sabía qué era la iglesia de San Agustín, así que nos colocó en la catedral -reedificada tras la Segunda Guerra Mundial-, gracias a lo cual pude tomar esta hermosa fotografía de las calesas turísticas, bonito recuerdo del dominio español:

Por cierto que los pobres caballitos, tan pequeños, me daban mucha pena. Tuvimos que caminar durante varias manzanas para llegar a la famosa iglesia agustina fundada por un par de curas vascos con ganas de ver mundo y de catequizar tagalos. Fijaos en la portada de esta iglesia, el único edificio que quedó en pie tras la guerra:

¿Qué os parecen los leones chinos? Curiosidades filipinas.

Carlos nos contó muchas cosas de la historia de Filipinas, sin ahorrarse los reproches contra los dos países colonizadores que ha sufrido el archipiélago, España y los Estados Unidos, y sin dejar de explicar qué cosas buenas habían dejado las dos colonizaciones. “Mucha gente viene a Manila y nos dicen ‘qué ciudad tan fea, no tiene centro histórico ni nada’. Claro, es la segunda ciudad peor parada tras la Segunda Guerra Mundial después de Varsovia, pero en nuestro caso nadie se ha preocupado por reconstruirla”. Nos enseñó fotografías de cómo era Manila en los años 30: una ciudad moderna, bonita, llena de alegría y de cosas que ver. Qué pena: la invasión japonesa en la SGM fue terrible (cuando el Gobierno japonés supo que Filipinas estaba perdida, el Emperador ordenó asesinar a todo aquél que un soldado tuviera a tiro: murieron 75.000 pobres inocentes), pero lo peor fue el bombardeo ordenado por el general estadounidense Mc Arthur, que consideró que más valía acabar con los japoneses invasores así, aunque los “daños colaterales” fueran numerosos. En total, en pocos días murieron 120.000 personas en Manila, y la ciudad quedó arrasada, incluido el barrio español, Intramuros.

Tras la guerra, los filipinos no recibieron ninguna ayuda exterior, y así siguen, viviendo como pueden. Sólo los terratenientes herederos de las antiguas haciendas españolas y algunos nuevos ricos viven bien. El transporte público de Manila se basa en los “jeepneys”, jeeps estadounidenses reconvertidos en camiones, peligrosos y contaminantes, pero muy vistosos:

El idioma “filipino”, que así es como se llama oficialmente, contiene un montón de palabras españolas e inglesas, y muchas palabras de origen tagalo y de las otras ochenta lenguas que se hablan en el archipiélago.

Espero volver, para visitar los maravillosos paisajes de la isla de Mindanao, o de alguna otra de las más de 7.000 islas del país.

Señales de vida

Hola de nuevo. Aunque algunos, como Fétido, penséis que he tenido algún percance que me ha impedido escribir durante mucho tiempo en el blog, lo cierto es que simplemente he estado muy ocupada. Os comunico, por cierto, que mañana parto muy temprano a un viaje muy largo que me llevará muy lejos: primero a Manila, después a Abu Dhabi y Dubai, y por último a Kuwait. Bueno, eso es lo que tenemos previsto, a ver qué pasa. Menos mal que a finales de mayo la cosa se tranquilizará, y después llegará la jornada intensiva, y al fin las vacaciones estivales.

La semana pasada estuve en Varsovia trabajando. Tuve la suerte de poder darme una vuelta por el centro de la ciudad -reconstruido, como todo el resto, que fue destrozado como sabéis durante la funesta Segunda Guerra Mundial-. Os dejo algunas fotos del Stare Miasto, el barrio “viejo”: la reconstrucción es una obra de arte. El resto de la ciudad es casi moscovita: destacan el Palacio de las Artes y algunas otras obras soviéticas y constructivistas.

En fin, hablamos a la vuelta. Besos y abrazos.

Omar

Ayer me dio por invitar a Omar, un joven senegalés de piel oscurísima, a tomar algo. Vino a ver si podía colocarnos alguna película pirateada: sabe que siempre procuro comprarle alguna. La verdad es que me da pena.

Quiso tomarse una Coca-Cola. También se fumó un cigarrito. Nos contó, un poco en castellano, otro poco en francés y algo en inglés, que tiene veintidós años, que llegó a Tenerife hace un año y medio en una patera que compartió con ochenta y cuatro personas, y para subirse en la cual tuvo que pagar quinientos euros (una pasta). Nos contó que tiene un hermano en Madrid que ya tiene papeles, que antes de vender CDs trabajó en Málaga, pero lo estafaron y tuvo que irse sin cobrar por su trabajo (cuánto hache de pe hay suelto por ahí), y que su intención es quedarse en España de momento, y volver algún día a Senegal con una situación económica mucho mejor que la que dejó.

También nos dijo que es musulmán, y que reza en casa. Dice que no tiene tiempo de ir a la mezquita.

En fin, nos contó muchas cosas hasta que se levantó y se fue a seguir trabajando.

Nos pareció que es un valiente, y que nosotros nos hemos criado entre algodones. Yo siempre tengo miedo, él no parece temer a nada. No me da envidia su situación, naturalmente, pero envidio su fortaleza.