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El ataque contra la sanidad pública

La ofensiva de Esperanza Aguirre contra la sanidad pública gratuita y de calidad sigue su desolador camino. Ya supe que los siete nuevos hospitales madrileños -gestionados por empresas privadas- quitarán camas a los actuales, lo cual resultará en que hasta 2010 no sólo no habrá más plazas hospitalarias, sino que incluso habrá menos que ahora. Y aún entonces, el incremento previsto sólo es de 317 camas. Hoy me entero de que el Gobierno madrileño va a eliminar una de cada cuatro camas hospitalarias durante parte del verano.

Mi padre murió el 18 de julio de 2002 en el hospital de La Princesa. Agonizó durante tres días, pero hasta el segundo no lo subieron a planta. La primera noche la pasamos él y yo en una sala de observación de urgencias, rodeados de enfermos a quienes nadie atendía, pasando frío -sólo había una manta para los dos, y por supuesto se la coloqué a mi padre-, y prácticamente sin atención sanitaria. Nos sentimos abandonados. Protesté ante los médicos: no podían ayudarnos. “Lo siento,” nos dijeron, “la dirección ha suprimido un tercio de las camas, no hay nada que hacer.”

Entonces aún no éramos conscientes de las dimensiones de la tragedia que se cernía sobre los usuarios de la Sanidad Pública, cosa que al menos de vez en cuando somos todos.

Los ciudadanos afectados debemos resistirnos a este atropello -otro más-, allí donde ocurra. Lo que es yo, y mientras pueda, no contrataré un seguro sanitario privado: acudiré como hasta ahora a la Sanidad Pública, a la que tengo un derecho al que no pienso renunciar. Tendrán que arrancármelo, a mí y a muchos más.

Dos tazas

- Vaya, tienes el abdomen inflamado. Vamos a hacer una cosa: te voy a pinchar la tripa a ver si te desinflas, que me hace gracia y me entretiene.

Sádico, ¿verdad? Es como si:

- Vaya, hay crisis. Voy a privatizar los aeropuertos y a dar más créditos blandos -más dinero público- a las empresas constructoras, además de preparar un plan para que la banca, las inmobiliarias y las empresas del sector de la construcción puedan seguir obteniendo los mismos beneficios que hasta ahora.

Sí, es lo mismo.

Es increíble cómo estos gobiernos de sinvergüenzas hacen las cosas: ¿a qué irresponsable se le ocurre tomar estas medidas en estos tiempos, y encima vender la moto de que son “medidas contra la crisis económica”?

Seguir alimentando las fauces insaciables de la banca y de las constructoras españolas es hacer daño a quienes peor vamos a pasarlo en los meses venideros, que tampoco nadábamos en la abundancia hasta ahora: el 90% de los asalariados españoles. Privatizar la gestión de los aeropuertos, por otra parte, con cualquier tipo de mejora o ampliación incluida, con ser más de lo mismo, es aún más grave. No sólo veremos cómo empeoran seriamente las condiciones de nuestro paso por los aeropuertos españoles (más pérdidas de maleta, peor trato aún a los pasajeros, más tiendas todavía), como ya ha ocurrido en Reino Unido y Francia, sino que probablemente los viajes nos resultarán más caros que hasta ahora, porque lo lógico es que se incrementen las tasas aeroportuarias. Servicio peor y más costoso.

En resumen, que si no quieres caldo, toma dos tazas. Ése es el famoso plan que presentó el otro día ZP. ¿Veo que alguien discrepe? Ah, no, nadie. Pues muy bien.

Y con este post, se termina el hablar de fútbol por ahora

Además, en realidad no voy a hablar de fútbol, con lo cual los perjuicios son mínimos. No sé si os habéis enterado de que la selección española de fútbol ha ganado la Eurocopa de Austria y Suiza que acaba de terminar. Ayer llegaron los futbolistas con su copa a Madrid, donde los esperaban muchísimas personas en éxtasis, con ganas de celebrar el trofeo, como si lo hubieran ganado ellos. Ya sabéis cómo son estas cosas: siempre es así, en todas partes del mundo. En fin: los jugadores hicieron bromas, dedicaron la copa al respetable público, mantearon al entrenador, y Manolo Escobar cantó una vetusta canción suya llamada “Que viva España“. Seguro que todo eso fue del agrado de las personas que estaban allí: todos parecían pasárselo muy bien. Bueno: cada uno se divierte como quiere.

Pero a mí me atacó una vez más la melancolía: es evidente que en este país de países hay un grave problema de convivencia entre culturas y nacionalidades.

El Parlamento Vasco acaba de aprobar una resolución para convocar un referéndum con el que consultar a la ciudadanía vasca en qué dirección ir para acabar con el terrorismo local y también si los vascos -y las vascas- están dispuestos a intentar la independencia del resto de España. A mí no me parece grave. De hecho, me parece bien: ojalá todos los gobiernos, incluido el vasco en otros menesteres, nos preguntasen a los votantes qué nos parece esto o lo otro, antes de hacer nada. Pues bien: el Gobierno de Madrid y el partido más votado tras el PSOE están de acuerdo en que no puede ser eso, de ninguna de las maneras. No hay nada que hacer: es no y no, y punto.

Y así siempre, constantemente.

Luego tenemos el otro sentido de la guerra: por ejemplo, si en Euskadi ibas durante la Eurocopa con la selección española más te valía ir a celebrarlo en tu casa o en las calles de Ermua, donde sí ha habido jolgorio popular, porque en general no está bien visto que te pasees por las calles de muchos municipios vascos con una bandera española. Y a otros niveles también hay forcejeo, como es lógico, desde Euskadi hacia Madrid. Lo que pasa es que el Gobierno central es mucho más poderoso.

En Madrid pasa lo mismo, pero al revés. Ayer, por ejemplo, Sergio Ramos llevaba una bandera de Andalucía sobre los hombros (no la de España), y Villa una bandera asturiana (no la española). Si hubiera querido, tal vez sí, ¿habría podido Xabi Alonso llevar una ikurriña? ¿O Puyol una senyera? Creo que no.

¿Por qué?

Porque ayer estos chicos eran españoles, no catalanes o vascos. Son nacionalismos excluyentes: o se es catalanista, galleguista, abertzale, o se es españolista. Mi opción personal es no ser nacionalista en absoluto, pero, ¿no es evidente que este conflicto entre nacionalismos es problemático y preocupante?

Adenda: He procurado sortear este festival de idioteces que ha sido la retransmisión de la final y de la llegada de la selección a Madrid, en el que tantas chorradas he tenido que escuchar en los diversos canales que han cubierto la fazaña, inventándome una competición, a ver quién decía la bobada mayor o la salvajada más desagradable. Pues bien: tenemos un ganador. Se trata de María Escario, que ayer hablaba en directo para TVE con un comentarista, reportero o similar, que contaba que no sólo había madrileños en las calles, “también hay colombianos, ecuatorianos, peruanos, gente de todas las nacionalidades que viven en Madrid”. Ojo a la pregunta inmediata de Escario: “Por cierto, ¿has echado en falta algo del bolsillo?” No tengo palabras.

Réditos futbolísticos (segunda parte)

A Zapatero se le ha ido la pinza. Al ser interrogado ayer por el reportero de Cuatro acerca de qué le parecía la selección española, va el tío y contesta que encuentra que es un espléndido equipo, y “reflejo de cómo es ahora la sociedad española en general”.

Increíble, qué descaro. ¿Seremos tan imbéciles como él cree o el imbécil es él? Misterio.

El olor de multitudes

Esta mañana venía yo a la oficina sin tener verdadera conciencia de lo que pocas horas antes había ocurrido por aquí. Alguna vez os he dicho que trabajo en el Paseo de la Castellana, al lado de la plaza de Colón (ésa que en la Cuatro se han empeñado en llamar ahora “plaza roja”, sin tener en cuenta que en Madrid ya hay una plaza Roja, la de la estación de Atocha). Pues bien: la jauría de bestiajos que ha andado esta noche por aquí ha dejado esto como si hubiera habido una epidemia masiva de gastroenteritis aguda con episodios de delirios agresivos. He sentido náuseas al recorrer los cien metros que separan la parada de autobús en la que me bajo y la puerta de la oficina. Además de contemplar cómo el suelo estaba aún más sucio de lo habitual, cosa que ya me da bastante asco, he tenido que someter a mi nariz a todo tipo de hedores repugnantes: esta calle ha sido durante las últimas horas una especie de urinario gigante.

Respecto a estas tarde y noche, me temo lo peor: a pesar de los esfuerzos de los (mal pagados) barrenderos, no es posible que se limpie toda esta inmundicia a tiempo de que vuelvan otra vez las hordas de meones forofos a hacer de las suyas por aquí. Así que mañana procuraré esquivar el olor. Ya sabéis: el olor de multitudes.

Ahora sé de qué hablan los que emplean esta expresión en la tele: no es, como creíamos, un gazapo, qué va. Es una forma la mar de adecuada de explicar qué se van a encontrar los futbolistas de la selección esta tarde: tufo a pis, vomitonas y sudor.

Qué manera de celebrar las cosas tan desmesurada y antihigiénica. Qué asco, en serio.

Los réditos futbolísticos

Todos quieren sacar algo del espléndido fútbol de la selección española, y de su pase a la final de la Eurocopa.

Zapatero y su Gobierno no tienen que hablar de la crisis por lo menos hasta el lunes, y para entonces el presidente ya estará fuera de España. Negocio redondo.

Especulanza Aguirre, por su parte, ha decidido contraprogramar a su odiado Gallardón y a su detestada cadena televisiva “Cuatro”, abriendo las puertas del -privatizado por ella- Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, a ver si por ahí saca alguna simpatía, que últimamente se le está viendo mucho el plumero.

La Casa Real aprovecha como suele para caer bien a los seguidores de la selección. Ayer un reportero de Cuatro le dijo al Príncipe, acerca de las carantoñas que se daba el Heredero con su señora para celebrar los goles españoles: “Qué humano todo, ¿no?” ¡En serio! ¡Lo dijo!

Y luego están los nacionalistas no españolistas que ostentosamente presumen de no ir con España. Pues mira qué bien.

Y los que presumen de ir con España, como Rajoy, para crecer en españolismo. Qué bochorno.

Bué. A mí plin, todos estos. Yo voy con España, así que espero que la selección gane el domingo a la alemana. Pero no me voy a pintar la cara ni voy a sacar banderas a la ventana. Veré el partido en casa, con unas cervezas y la conciencia de que al día siguiente hay que levantarse para ir a currar, como casi todos los lunes. Y paso de forofos: de los que están a favor, y de los que están en contra. No quiero ni verlos.

Que no es más que un juego, un espectáculo, por favor. Seamos razonables y disfrutemos de la final, vayamos con quienes vayamos, si es que nos gusta el fútbol. Y ya está, y aquí paz y después gloria.

La ministra Aído

La creación del Ministerio de Igualdad me dejó fría: creo que es evidente que España es un país demasiado machista como para que el Gobierno no intervenga activamente para cambiar la situación, pero si todo lo que se le ocurría al Ejecutivo era ampliar la Administración -con altos cargos, que son los caros y los que no sirven para nada-, entonces habría preferido que las cosas siguieran como estaban. Estoy aún a la espera de acontecimientos, pero en los dos meses largos de su existencia este Ministerio sólo me ha dado muestras de que es otra campaña de márketing más de Zapatero.

La ministra Aído, contra quien por otra parte no tengo nada en particular, y que parece una chica despierta y con inquietudes variopintas, me parece sin embargo que tiene también un afán de notoriedad personal que no va a ayudar en absoluto a la causa que -supongo- cree defender.

A veces su originalidad no me disgusta. Aquello de hablar de “miembros y miembras” no me pareció mal, ni desde luego para tanto: ¿a qué viene ponerse así de purista con el castellano, como tantos se pusieron en aquel momento, y no preocuparse en absoluto del maltrato constante que recibe mi idioma por motivos mucho menos virtuosos? Mirad a esta malhablada, por ejemplo, cómo se pone. Estas indignaciones pseudo-académicas me producen náuseas, sobre todo cuando el fondo de la cuestión es tan serio como en este caso. Es cierto que no debería hablarse de “violencia de género”, sino de “violencia machista”, o algo similar, pero, ¿por qué en muchas ocasiones, cuando sale el tema de qué hacer para acabar con los asesinatos de mujeres por sus parejas o ex-parejas, lo que se oye muy frecuentemente es esta birria de discrepancia? Os diré algo: los que se preocupan por estas chorradas, que es lo que son al fin y al cabo, es que forman parte del problema, lo sepan o no.

Volvamos a la ministra de Igualdad: A pesar de lo dicho, hace un par de días cometió un grave error, que además la hace parecer imprudente y desconsiderada. Me refiero a sus declaraciones sobre los vestidos, pañuelos y velos que llevan muchas mujeres musulmanas y algunas mayas. Empezó bien: comenzó asegurando que «no todas las prácticas culturales tienen que ser protegidas y respetadas» y que las «que promuevan la desigualdad de las mujeres deben ser criticadas». Estoy casi de acuerdo, aunque voy más allá: creo que todas las prácticas culturales tienen que ser criticadas, al menos por parte de quienes las conocen. No creo en la institucionalización de nada, y sé que nunca llueve a gusto de todos. Por otra parte, es cierto que hay muchas prácticas culturales detestables y dignas de ser perseguidas: las hay que causan dolor físico y tortura psicológica a personas y animales; las hay que simplemente molestan a mucha gente; y las hay, cómo no, que condenan a muchos seres vivos a una existencia peor de la que tendrían en caso de que cierta “costumbre cultural” no existiera.

Lo que me jode es que Aído se pusiera iconoclasta exclusivamente con las culturas islámica y maya. No seré yo, atea de pro e independiente a más no poder de cualesquiera restricciones externas respecto a mi aspecto físico, quien saque pecho por costumbre ni religión alguna. De eso nada.

Me gusta la crítica, pero puesta a criticar, Aído debería haber comenzado por casa, por lo que mejor conocemos, lo que tenemos más cerca y lo que más nos molesta. Puesta a afear religiones y culturas, ¿por qué no habla también del estatus de las monjas respecto a los sacerdotes en la Iglesia Católica, la mayoritaria en España? ¿Por qué no le parecen graves las obligaciones que tenemos las mujeres occidentales, las españolas también, en lo que respecta a nuestro aspecto físico, y cómo eso influye en la posibilidad de acceder a determinados puestos de trabajo, o cómo eso es en demasiadas ocasiones determinante para que una mujer sea escuchada, respetada y atendida?

Es evidente por qué: Aído se fue a lo facilón, a la propaganda barata y a lo que ella suponía que sería políticamente correcto. También ahí se ha equivocado: le ha caído un chorreo bueno.

Me gustaría que este Ministerio de Igualdad sirviera para algo, lo digo con sinceridad. Pero también os aseguro que lo dudo mucho. Por no hablar de asuntos fundamentales, Aído no habla ni del derecho al aborto libre y gratuito, así que ya me diréis.

Crisis? What crisis?

No sé si recordáis este álbum del grupo Supertramp:

Sus creadores lo llamaron “Crisis? What crisis?” (”¿Crisis? ¿Qué crisis?”). El LP se editó en 1975: la frase no es casual. Entonces, como siempre, todos los gobiernos del mundo fingían que no había ninguna crisis económica.

Ahora también, claro, el nuestro incluido. ¿Por qué lo hacen? Por miedo, por cautela, para prevenir males mayores (es mejor negar la evidencia que reconocer que hay un problema), para ganar tiempo, y sobre todo para que no les echemos la culpa de nuestras desgracias. Es una treta facilona, pero al fin y al cabo comprensible, y no me parece que sea para tanto.

En cambio, lo que me parecen indignantes son la mayoría de las medidas que el Gobierno de Zapatero anunció ayer que tomará, dice el presidente, para hacer frente a las dificultades económicas por las que pasa España. Convendría comenzar por hacer(nos) varias preguntas, para poder entender de qué va el Gobierno: (1) ¿A quién o a quiénes afecta en mayor medida la crisis?; (2) ¿tiene el Gobierno la obligación de atender más a quienes más lo necesiten?; y (3) ¿a quién o a quiénes pretende ayudar más el Gobierno con su famoso plan para superar la crisis? 

¿Habéis estudiado lógica? Mirad qué premisas resultan de las respuestas a dichas preguntas:

1) La crisis económica afecta en mayor medida a las personas que tienen menos recursos económicos.

2) El Gobierno [tiene la obligación de velar por el bienestar de todos los españoles (CE, Título I, Capítulo III), y atender siempre a quienes más lo precisen, luego en este caso] debe atender sobre todo a las personas que peor lo vayan a pasar en los tiempos difíciles que se prevén.

3) El Gobierno dio ayer claras muestras de que a quienes pretende ayudar es a los empresarios españoles. (Voy a esperar a la comparecencia de Zapatero de esta tarde para hacer mi valoración del conjunto de medidas anunciadas.)

Conclusión:

El Gobierno, una vez más, hace dejación pública de sus obligaciones hacia la ciudadanía.

La reacción generalizada ante la iniciativa gubernamental no ha sido, sin embargo, hacer notar la gravedad de lo expuesto, sino que por el contrario la mayor parte de los partidos opositores, así como la prensa en general, se han dedicado a explicar que se trata de un avance en la buena dirección, pero demasiado tímido. Se reprocha al Gobierno, en fin, que no sea lo suficientemente traidor con sus electores y con el pueblo soberano en general.

Todo lo cual me cabrea bastante, y me preocupa aún más.

Endesa: para los hijos de sus hijos

Hace sólo unos días ha comenzado una campaña promocional de Endesa, en realidad la continuación de la penúltima, con el mismo lema: “Para los hijos de tus hijos”. En ambos casos la empresa energética española pretende lanzar el mensaje de que es una corporación responsable, respetuosa con el medio ambiente y comprometida con el desarrollo sostenible. En los anuncios que estos días tenemos ocasión de ver en la tele, varios actores que interpretan a trabajadores y clientes de Endesa nos leen una carta presuntamente redactada colegiadamente por “todas las personas que forman Endesa”. Se trata de un intento por emocionar a los espectadores y presuntos clientes, a base de decirnos estas cosas: “Querido Juan, o María, o Hugo, o Pamela, querido ser humano: tenemos que volver a imaginarlo todo. Endesa, como todo el mundo, se acerca al desafío más importante y estimulante de su historia: reinventar nuestra manera de estar y vivir en el planeta”. Con vaguedades así, es difícil saber de qué están hablando realmente, pero a todos nos suena a buenas intenciones medioambientales.

La pregunta es, ¿es creíble que Endesa sea una empresa comprometida con el respeto al planeta y a los que vivimos en él? Me temo que no.

Esta empresa, que hace sólo unos días recibió el Premio Atila que concede Ecologistas en Acción a la empresa que en el último año ha destacado por su contribución a la destrucción del medio ambiente en la isla de La Gomera, tiene un largo historial de denuncias por atentar contra el medio ambiente, la flora, la fauna y la población humana (y los hijos de sus hijos) en todas las partes en las que Endesa se ha instalado.

En la Patagonia, la empresa eléctrica en asociación con otra empresa local, tiene prevista la construcción de cinco presas en dos de los pocos ríos que aún quedan vírgenes en el planeta. Greenpeace y muchas otras agrupaciones en el mundo, llevan mucho tiempo trabajando por impedir esta monstruosidad, que supondría acabar sin remedio con uno de los últimos reductos completamente naturales de la Tierra.

En Galicia, varias organizaciones ecologistas han denunciado que Endesa rellenó con agua de lluvia una antigua mina, cometiendo con ello un grave perjuicio para la zona con una acción que había sido descartada en el informe de impacto medioambiental elaborado ad hoc.

En Andalucía, la delegación de Medio Ambiente abrió hace poco más de un mes un expediente a Endesa por talar 146 árboles en la Sierra de Grazalema, un parque natural entre Cádiz y Málaga. Ecologistas en Acción ha denunciado en muchas ocasiones los abusos de la empresa y su conducta desconsiderada con el entorno, que según la organización ecologista siempre antepone el beneficio económico sobre la salud de los ciudadanos y el respeto al medioambiente.

Uno de los casos más tristes que ha denunciado últimamente Ecologistas en Acción en Andalucía es la muerte de buitres leonados al chocar con un poste eléctrico de Endesa situado en una localidad onubense.

En La Gomera, una asociación ecologista denunció hace unos meses la limpieza “silvícola” que Endesa lleva tiempo haciendo bajo las líneas de media tensión de la isla de La Gomera, una práctica que está acabando con la vegetación de amplias zonas de la isla.

Podría seguir, pero creo que no hace falta.

Es evidente que Endesa es una digna representante de las grandes empresas españolas -como su ex presidente Pizarro lo es de los altos ejecutivos de aquéllas-, un monstruo sin conciencia ni vergüenza, nocivo y destructor, una máquina de obtener beneficios económicos cueste lo que cueste y pese a quien -o a lo que- pese.

Ahora, además, nos quieren tomar el pelo: “para los hijos de tus hijos”. Será para los hijos de los hijos de los directivos de la empresa, como mucho, y ni siquiera.

Bravo, Irlanda

El rechazo popular de los irlandeses al tratado de Lisboa está dando mucho que hablar a los comentaristas políticos del Régimen europeísta, que hacen hincapié sobre todo en estos dos aspectos de la cuestión: por un lado, si el hecho de que uno de los gobiernos de los países miembros de la UE no pueda ratificar el tratado, debería impedir que lo previsto en Lisboa se lleve a cabo; por otro lado, cuánta es la responsabilidad del Gobierno irlandés en este “feo” asunto de consultas populares y autonomías de decisión.

De lo que no se habla es de qué es exactamente el Tratado de Lisboa, que nos habrían colado sí o sí a todos los ciudadanos de los países miembros de la UE sin apenas enterarnos, de no ser porque la Constitución irlandesa obliga al Gobierno de turno a someter a referéndum popular la adhesión a cualquier tratado político y económico internacional, como es el caso. El hecho es que lo que se ha llamado “Tratado de Lisboa” no es otra cosa que un segundo intento por colar la Constitución europea, que tuvo que ser retirada formalmente debido a los votos en contra de los franceses y los holandeses en 2005. Con este nuevo intento en Portugal se suprimieron las reformas constitucionales para salvar lo esencial, como explica estupendamente en este artículo Anne-Cécile Robert, que como espero que recordéis y dice Mike Whitney en este otro artículo, se trataba básicamente de ir hacia “una mayor privatización de los servicios públicos, la reducción de los derechos de los trabajadores, menor control estatal sobre las políticas mercantiles y los derechos civiles, y un agresivo plan para militarizar Europa”.

Una vez más el capital europeo y sus representantes -el 90% de la clase política de la UE- se encuentra en su camino hacia la barbarie el obstáculo de tener que contar con la voluntad ciudadana. Ocurrió en 1992, cuando los daneses dieron el no a Maastricht. Volvió a ocurrir en 2001, cuando los irlandeses rechazaron el Tratado de Niza. Después, los noes a la Constitución Europea, y ahora esto.

Qué inconveniente resulta la democracia para los fines de los poderosos, ¿verdad?

Dudo mucho que no ocurriera lo mismo que en Irlanda en la mayor parte de los países de la UE, si nuestros gobiernos respectivos se vieran obligados a consultarnos. La conclusión es bien sencilla: La Unión Europea es la institucionalización de los métodos no democráticos para transformar el continente en un reducto seguro para el capital, sin tener que emplear -de momento- la violencia física para imponer los cambios que tan gran pérdida suponen para la mayor parte de los europeos, lo sepan -lo sepamos- o no.

La otra conclusión es obvia: como dice Whitney, ¡bravo, Irlanda!