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April 2nd, 2005 — Primer portal, medioambiente
Con las cuatro gotas que han caído en Madrid, y los primeros rayos de sol de marzo, uno de los árboles del Paseo de la Castellana con los que cotidianamente convivo ha decidido adelantarse a los demás y ser el primero en reverdecer. Ha sacado un puñado de diminutas hojas verde claro de lo más pizpireto a saludar a la primavera. Los animales que viven por aquí, la mayor parte pequeñas aves e insectos variados, han acudido raudos a su sombra y a su cobijo, encantados con la esperanza de mecerse por fin en sus ramas bajo la cálida luz de abril.
Este valiente árbol nos ha abierto a todos sus vecinos el hambre de paseos al atardecer vestidos con ropas ligeras y el espíritu alegre. Sin embargo he de reconocer que mi planta preferida es muy imprudente: ninguno de sus compañeros, seguramente más cautelosos (y acaso más añosos), ha seguido sus pasos todavía. Es sabido que el riesgo de reverdecer antes de tiempo es elevado: si el tiempo cambia bruscamente, y las temperaturas bajan mucho, es probable que sus frágiles hojas no salgan adelante.
Le deseo de corazón toda la suerte. Espero que esas mismas hojas sean, ya maduras y más grandes, las que llenen de melancolía ocre el suelo del Paseo de la Castellana, el próximo otoño.
Pero aunque su esfuerzo no obtenga la recompensa esperada, los animalitos que lo frecuentan y los paseantes que lo admiramos tendremos en cuenta su irresponsable valentía.
March 22nd, 2005 — Primer portal
En la Roma antigua, y hasta que los habitantes de la ciudad celtíbera de Segeda se refugiaron tras las murallas de Numancia, el año comenzaba por estas fechas, concretamente en los idus (plenilunio) de marzo. El Senado decidió en el 153 a. C. que el año comenzase en las calendas de enero, para evitar que coincidieran los necesarios preparativos bélicos en la península con los fastos de año nuevo, decisión que aún hoy respetamos en Occidente.
Desde antiguo, los pueblos han tomado como referencia las noches más claras de cada ciclo lunar. Son las noches menos temibles, siempre que las circunstancias meteorológicas no impidan que la tibia luz de la luna ilumine la tierra. Sin embargo, los romanos consideraban los días de plenilunio días nefastos. Durante los dies nefasti (de “nefas”, “no digas”) los pretores no podían pronunciar las palabras “doy”, “digo” o “adjudico” sin importunar a Júpiter, por lo que no se podían emitir sentencias ni resolver litigios. La actividad administrativa quedaba reducida durante tales días a la del Senado, cuya importancia le otorgaba un aura casi divina que lo protegía de cualquier inconveniente cotidiano.
El Viernes Santo católico coincide este año con las viejas idibus martiis, las horas de plenilunio de marzo, cargadas de augurios y presagios. Si todo siguiera igual, el ejecutivo no podría tomar decisión alguna durante la Semana Santa: tendrían que adelantarse para impedir a la plataforma vasca Aukera Guztiak presentarse a las elecciones al Parlamento Vasco. He visto que son unos clásicos: Para adelantar trabajo, ya anda diciendo el Fiscal General del Estado que si no condena el terrorismo, dicha lista será ilegal.
El colmo de la democracia reformista aplicada: Parece posible que en España y en 2005 se fuerce a una lista electoral a declararse a favor o en contra de algo, bajo la amenaza de impedir que participe en unos comicios. ¿Alguien ha exigido al Partido Popular que condene la represión franquista como requisito para poder presentarse a unas elecciones? Me gustaría ver la cara que pone Zaplana, un tipo que llama “radicales” a los miembros del Gobierno de Zapatero.
Esta situación es intolerable. Mientras en mi ciudad tengo que soportar que una pandilla de fascistas asquerosos se manifieste a favor del mayor asesino que hemos aguantado los españoles en la historia contemporánea, y nadie les pregunta nada, y pueden presentarse a todos los comicios que consideren, los abertzales de izquierdas no tienen la menor oportunidad de defender democrática y pacíficamente su ideología política.
No sé qué tipo de régimen político es éste, pero no es democrático, atendiendo a la definición que da el DRAE: “Doctrina política en favor del sistema de gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía mediante la elección libre de sus dirigentes”. Me reconfortaría que inventasen un nuevo nombre para esta doctrina, que impide la libre elección de sus dirigentes a cierto porcentaje de la población.
La verdad es que se parece más al Imperio romano que a la democracia occidental que se practica, por ejemplo, en Francia.
Pues sí, son unos clásicos. Concretamente, unos cínicos, en versión castiza.
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Nota: Me he dado cuenta de que este artículo hace el número cien de los que llevo publicados en este sitio web. Parece que fue ayer cuando Ortiz me permitió colaborar en su página, y sin embargo hace mucho tiempo ya de mi primera contribución. Aprovecho para agradecer la lectura de estas modestas líneas a todos los que lo hacéis, y también para pedir disculpas por mi poca formalidad a la hora de entregar los artículos.
March 9th, 2005 — Primer portal
Ayer, en una lista de correo a la que estoy suscrita, y en la cual participan asimismo algunas personas buenas y agradables que leen lo que escribo de cuando en cuando, incluí un mensaje en el que apuntaba cuatro pinceladas acerca de la situación de la mujer en España. Son éstas:
1) Sólo las mujeres cocinan y hacen la colada en más del 75% de los hogares.
2) El desempleo castiga casi el doble a las mujeres que a los hombres.
3) Las mujeres cobran de media un 30% menos de salario que los hombres que trabajan en la misma categoría laboral.
4) Un millón y medio de personas consume somníferos o tranquilizantes de forma habitual en nuestro país. El 75 por ciento son mujeres.
El panorama que se adivina con estos cuatro datos es desolador, más abajo intentaré pergeñarlo. Pero aún más lo es la respuesta que obtuve cuando los transmití a la audiencia descrita. Se me adujo (lo hizo un hombre), lo siguiente: “Creo que por suerte las cosas cambian, pero ¿no creéis que aparte de haber un machismo subyacente, también este machismo existe (y para mí es mucho peor) entre las propias mujeres?”
Me quedé tan chafada con este comentario -no aprenderé nunca- que preferí no contestar. Así que lo hago desde este sitio web: Para empezar, estoy harta de prestar atención a lugares comunes como ése, tan manidos, tan vanos y que tan poco aportan a un intento serio por comprender el mundo. Cuando de lo que se trata es de analizar cuál es la situación social de la mujer en mi país, hacer notar que las mujeres forman parte de la sociedad no añade nada nuevo. Pues claro que las mujeres somos víctimas del machismo. Si no, ¿de qué? Si todas las mujeres tuvieran conciencia de que somos ninguneadas, menospreciadas, maltratadas social y económicamente (cuando no psíquica y físicamente), de que nos hacen esclavas de la apariencia física en mucha mayor medida que a los hombres, de que asumimos obligaciones cotidianas que una minoría de hombres aceptan compartir, etc., este estado de cosas cambiaría. Y no cambia.
En segundo lugar, salir con esa especie de argumento resulta insultante. Viene a querer decir algo así como “las mujeres tenéis la culpa”. Lo cual es tanto como insinuar que los negros estadounidenses tenían la culpa de la discriminación que sufrían antes de los 60, antes de la creación de las Panteras Negras y el movimiento del doctor King. O que los trabajadores inmigrantes en España tienen la culpa de aceptar trabajos sin contrato. Y mi punto de vista al respecto es bien claro: la culpa no es del que sufre, sino del que castiga. Aunque el que sufra lo tolere, o no tenga recursos intelectuales o de otra índole, para resistirse al castigo o incluso para darse cuenta de que lo padece.
Por último, resulta desesperante entender que el que viene con éstas no se da cuenta de que emplear el argumento del machismo en las mujeres es profundamente machista.
Queridas y queridos, el machismo no subyace simplemente a la sociedad española. El machismo es la espina dorsal del capitalismo español. Sin las mujeres que trabajan en casa y en la calle, que se hacen cargo de los niños y de los ancianos que dependen de ellas, sin esa importantísima proporción de la sociedad activa que cobra menos que el resto y que desempeña trabajos poco agradecidos y nada aparentes, sin esas pobres mujeres que tienen que medicarse todos los días para poder seguir viviendo, la economía española no podría sostenerse.
El propio hecho de que el Día de la Mujer Trabajadora sea poco menos que una anecdótica concesión, dice mucho de cómo están las cosas. Y si de esto tenemos culpa las mujeres, imaginad qué culpa tienen los hombres.
February 12th, 2005 — Primer portal
A estas alturas parece claro que hay que buscar responsabilidades políticas en el desastre del barrio del Carmel de Barcelona. El túnel del metro que se ha tragado las viviendas de doce familias y ha obligado a demoler tres edificios más, que ha dejado en la calle a unos mil vecinos, se estaba excavando sin el informe geológico necesario para una obra de esta envergadura. Eso asegura el Col·legi Oficial de Geòlegs de Catalunya en un comunicado hecho público hace unos días: “(…) Per fer l’obra del metro de la línia 5 es va encarregar un estudi de les característiques geològiques del subsòl que es va lliurar a mitjans del 2001 i des d’aquella data no se ha encarregat cap verificació, ampliació ni visita d’obra en procés d’execució. La decisió de traslladar el túnel, previst inicialment a Horta, a la zona del Carmel es va prendre sense haver-se realitzat un nou informe geològic específic*.” En este caso, el hecho de no haber realizado estudios geológicos específicos de la zona tiene especial trascendencia, porque la orografía del distrito de Horta-Guinardó, al que pertenece el barrio del Carmel, es especialmente compleja según los especialistas en la materia, y en estos casos puede haber complicaciones muy serias, como ha quedado demostrado. Pero no es el único factor a tener en cuenta.
El barrio del Carmel, según explica el Ayuntamiento de Barcelona en su página web, fue un barrio de construcciones bajas y huertos hasta los años 50, en los que la llegada de grandes masas de inmigración interna, procedentes de otras partes de España, dio lugar en pocos años a la construcción de muchos bloques de vivienda, la mayor parte de los cuales adolecían de la baja calidad de material que los constructores emplean siempre que tienen ocasión, para recortar gastos. Por otra parte, la falta de planificación urbanística hizo estragos en la distribución de las calles y de los edificios. Es posible que la fragilidad de estas construcciones y lo poco adecuado de su ubicación tengan algo que ver en el derrumbe. Teniendo esto en cuenta, la desgracia de estas pobres personas que se han quedado sin sus pertenencias y sin un techo bajo el que cobijarse, también en muchos casos sin lo más preciado que tenían en el mundo, es culpa de la gestión franquista de los recursos y de la pasividad de las autoridades de la época ante los abusos de las inmobiliarias.
Podría quedarme satisfecha estableciendo la responsabilidad en solitario de los gobiernos del pasado, si no fuera una así de crítica. La Generalitat, por boca de Maragall, ha entendido que lo que ha ocurrido en el barrio del Carmel es una auténtica tragedia a la que gente que ocupa cargos públicos actualmente ha colaborado con su desidia y su ineficacia. Al menos eso interpreto yo de sus palabras: Durante su visita a la zona afectada, el President comparó este desastre con el hundimiento del Prestige frente a las costas gallegas. Comparto su opinión, y alabo su sensatez. Si cuando el chapapote inundó las primeras costas la mayoría de la población española entendió que el Gobierno del PP tenía gran parte de culpa en lo ocurrido, en este caso ocurre lo mismo con el Govern catalán y el Ayuntamiento de Barcelona. Una vecina damnificada por el hundimiento del subsuelo, enfadada y escéptica ante las promesas de las autoridades, declaró a la prensa aprovechando la visita que el Carmel “no ha sufrido una desgracia, sino que hace treinta y cinco años que vive en desgracia”. Se despachó a gusto, explicando cuáles son los problemas de movilidad y de falta de infraestructuras en su barrio.
Y tiene toda la razón. Yo no sé hasta qué extremos llegaría mi cabreo si me encontrase en una situación tan trágica, y supiese que se podría haber evitado. Sólo espero que ahora, una vez que la cosa no tiene remedio, las indemnizaciones sean satisfactorias en cuantía y rápidas en llegar. Y también espero que el barrio del Carmel salga de ésta mejorado y reforzado.
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* Por si alguien que lea esto no se defiende en absoluto en catalán, creo que el texto puede traducirse más o menos así: “Para hacer la obra del metro de la línea 5 se encargó un estudio de las características geológicas del subsuelo que se entregó a mediados del 2001, y desde aquella fecha no se ha encargado ninguna verificación, ampliación ni visita de obra en proceso de ejecución. La decisión de trasladar el túnel, previsto inicialmente para Horta, a la zona del Carmel se tomó sin haberse realizado un nuevo informe geológico específico.”
February 4th, 2005 — Primer portal
El próximo 20 de febrero votaré “no” a la Constitución Europea. Y me gustaría explicar por qué haré tal cosa.
Conviene dejar claro, en primer lugar, que siempre elijo el camino del voto, ante la duda entre participar en las votaciones o abstenerme. La opción de no votar, simplemente, no va conmigo. Ya lo he contado alguna vez, creo que en este mismo sitio web: soy muy participativa, en general. Y, por mucha pereza que me dé, o por poco apetecibles que resulten las alternativas, siempre voto. Aunque sea en blanco.
En esta ocasión, mi voto negativo se basa en múltiples razones, de diversa índole, que han ido fortaleciendo poco a poco mi decisión, desde el día en que los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea firmaron, entre grandes festejos y trascendentes discursos, la Constitución europea. Fue precisamente aquel acontecimiento el que me decidió, en primera instancia, por el voto en contra. Me parece una auténtica tomadura de pelo someter a la ratificación (todo un ejercicio de estalinismo clásico) de la ciudadanía europea un tratado al que los dirigentes de los países firmantes ya han dado su aprobación, y su visto bueno. Es conveniente tener en cuenta que este referéndum no es vinculante, o por mejor decir y ser más precisa, es no vinculante (aunque no olvido que el Gobierno español se encontraría en un serio aprieto si quisiese obviar un resultado negativo en el referéndum), y también conviene no perder de vista que no en todos países cuyos representantes han dado su aquiescencia al tratado, va a tener lugar dicha consulta popular.
Lo que me lleva a concluir que este tratado, como el de Roma y el de Maastricht, salvo contados y excepcionales casos, se impondrá como los otros se han impuesto, desde la oligarquía política y financiera de Europa, a los ciudadanos que habitamos en los países miembros de la UE. Con refrendo popular, o sin él. La trayectoria antidemocrática de la Unión es toda una institución: la mayor parte de las acciones económicas, políticas y sociales, que afectan seriamente a los ciudadanos europeos en su vida cotidiana, se toman en órganos no elegidos democráticamente, y se imponen contra viento y marea, muchas veces en contra de la opinión de la gente. Lo que ocurre es que este estado de cosas ya está empezando a notarse demasiado entre el personal, y evidentemente las autoridades europeas se han dado cuenta de que no es conveniente pasarse de la raya, al menos formalmente. En el caso concreto de España, Zapatero no puede incurrir en la grave contradicción que supondría acceder a la puesta en marcha de una Constitución europea, sin consultar previamente al electorado español. Tal cosa sería una lamentable demostración de que su proclamado “buen talante” (del que está empezando a sentirse demasiado orgulloso: da la sensación de que ya está encantado de conocerse) no es sino apariencia.
Por otra parte, la campaña institucional que ha emprendido el PSOE es, además, digna de recibir una seria amonestación (como la que de hecho ha recibido por parte de la Junta Electoral Central), y también digna de merecer que se haga todo lo contrario de lo que en ella se solicita, es decir: votar que no.
Dejando de lado lo anterior, que me parece no poca materia como para decidirse por el voto en contra en este caso, el análisis somero -de ciudadana de a pie- de este marco legal no hace sino darme disgustos. Vayamos por partes.
En primer lugar, se afirma desde diversos ámbitos contrarios al tratado que la Constitución europea tendrá rango superior a las constituciones de los estados miembros de la UE. No sé en qué términos precisos entra en contradicción con todas y cada una de las cartas magnas europeas, pero sí sé que los derechos y deberes fundamentales de la mujer y del hombre, recogidos en la carta de Derechos Humanos de 1948, sólo se enumeran en la Constitución europea, mientras que en las constituciones de los estados miembros se obliga a los gobiernos de dichos países a garantizarlos. Una diferencia importante, y de peso, que además se explica muy bien con el tesón con que en este tratado se defiende el libre comercio sobre cualquier intento proteccionista de los estados por defender su industria y su riqueza autóctonas de los ataques del resto de las economías. Se insiste en la flexibilidad del mercado laboral y en el fomento de la competitividad de Europa dentro del continente, y frente a otros mercados.
Hay aún otro inquietante aspecto de esta constitución, que refleja perfectamente cuál es la tendencia ideológica que a ella subyace, el mercantilismo neoliberal: los servicios sociales públicos y las infraestructuras que tradicionalmente han sido gestionadas directamente por los estados (con lo que eso supone: el gasto en salud, transportes o educación no estaría sujeto a las leyes del mercado, y el concepto de “déficit” no tendría cabida en estos casos), pasan a denominarse “servicios económicos de interés general”. Esta nomenclatura supone dejar constancia negro sobre blanco de las tendencias privatizadoras de los bienes de todos, supone abandonar la esperanza de que el Estado se ocupe de nuestras necesidades básicas. El libre mercado, en este caso, es un crimen de estado. Ni más, ni menos.
Sé bien que todo lo anterior ya ha sido decidido, hace tiempo, por los países más ricos del mundo, y que de todo ello ha quedado constancia en los distintos acuerdos económicos que los países miembros de la UE han ratificado, y que están actualmente en vigor.
Sin embargo, esta Constitución europea se ha elaborado con la intención de dar aún un paso más hacia la imposición del mercantilismo y el capitalismo sin barreras ni cortapisas, en nuestro continente.
Por todo lo expuesto, votaré que no a la Constitución europea. Para que, al menos, no arrasen los derechos de los ciudadanos europeos con mi participación. Como ya dijimos cuando estalló la guerra de Irak, “no en mi nombre”.
January 28th, 2005 — Primer portal
Hace unos años visité el Museo Imperial de la Guerra (Imperial War Museum) en Londres, por consejo de mi hermano José-Luis. Confieso que la sugerencia me pareció descabellada, propia de mi hermano mayor, tan raro como yo y con aficiones bastante peculiares, para lo que se estila habitualmente. Una de ellas, que yo nunca he compartido en exceso, es su interés por la historia bélica del siglo XX. No me refiero a los antecedentes económicos y socio-políticos de los conflictos armados, ni a sus tristes consecuencias, asunto hacia el que sí inclino mis preferencias. A él le interesan la estrategia militar, las armas utilizadas, las conquistas obtenidas. Así, cuando fui exhortada a visitar un museo de nombre tan poco atractivo, y para más inri, en una ciudad en la que si algo no falta son museos interesantes -y famosísimos- que visitar, mi primera reacción fue hacerme la longuis. Pero no me atreví a luchar contra la persistencia de mis mayores, y acudí al impresionante recinto londinense sumisa y resignada. (Os aseguro que es mi sino.)
Mi sorpresa fue grande y agradable: las colecciones del museo, fundado a principios del siglo pasado, son de todo tipo y condición, y abarcan desde objetos propagandísticos utilizados por la Administración de Churchill para animar a los británicos a resistir, hasta decorados a escala real de las trincheras de la primera guerra mundial, pasando por muestras de armamento ligero y pesado, fotografías aéreas de las zonas conquistadas por el ejército aliado en la segunda gran guerra, o suculentas porciones de vida cotidiana de los ciudadanos ingleses en plena época de bombardeos.
Pero lo que me dejó un hondo poso en mi precaria sensibilidad fue la zona en la que se rememoraba la liberación del campo de concentración de Bergen-Belsen, por parte del ejército británico. Este lugar horrible, situado en la Baja Sajonia, fue establecido por las SS a finales de la guerra con el inicial objetivo de funcionar como estación de tránsito para presos gentiles (izquierdistas, homosexuales, gitanos, etc.), y judíos holandeses, polacos, húngaros y de otras tierras conquistadas, la mayor parte de los cuales moriría poco después en los campos de exterminio diseñados en la conferencia de Wannsee, y que se construyeron más hacia el este de Europa. En un principio se proyectó para encerrar a unos diez mil prisioneros, pero la urgencia de las autoridades alemanas por llevar a cabo la “solución final”, anticipándose a la posibilidad de que Alemania perdiese la guerra, provocó pronto la superpoblación del campo. Llegaron a hacinarse allí, en condiciones deplorabilísimas, 50.000 presos de toda condición. 37.000 de ellos murieron en Bergen-Belsen víctimas del hambre, las enfermedades, la violencia de los guardianes del campo y el agotamiento producido por el trabajo forzado. En Bergen-Belsen no hubo gaseamientos ni incineraciones, y sin embargo la mortandad era altísima: las tropas británicas, al llegar allí, quedaron espantadas al ver los cientos de cadáveres hacinados en grandes fosas comunes que, por desidia, no habían sido cubiertas.
Muchos de los supervivientes, comidos por las enfermedades y la suciedad, esqueléticos, desorientados, semidesnudos, no resistieron los intentos de las enfermeras británicas por alimentar sus cuerpos desnutridos. La mayor parte de ellos murió tras la liberación del campo.
En el museo se exponen, para el espanto de los visitantes, los rostros de los responsables del campo que las tropas pudieron tomar como prisioneros: eran auténticos monstruos, prodigio de fealdad y de podredumbre interna. A pesar de todo lo descrito, son aquellos ojos desorbitados, aquellas muecas odiosas, las que recuerdo siempre vivamente de mi visita al Museo Imperial de la Guerra.
Estos días en que se conmemora la liberación de otro infierno, el de Auschwitz, éste más productivo en cuanto a los asesinatos, he recordado aquellos rostros llenos de locura y de rabia, y he vuelto a sentir terror de la especie humana.
Y he recordado también que en muchas partes del mundo, en estos momentos en los que escribo, hay hombres y mujeres como los verdugos de los campos de concentración, trabajo y exterminio nazis, que disfrutan torturando hasta la muerte, la extenuación o la derrota, a sus semejantes.
Y no. No puedo con ello. Cuánto horror.
January 21st, 2005 — Primer portal
En el discurso que Juan Carlos I pronunció en la cena de gala que celebró su colega Mohamed VI para agasajar a sus reales invitados en el Palacio Real de Marrakech, el jefe del Estado español agradeció la “eficaz colaboración y el firme apoyo” del rey marroquí en la “lucha contra el terrorismo”. Habló también Borbón y Borbón, con su peculiar oratoria, de “la necesidad de que los dos estados sigan trabajando cada vez más unidos” para acabar con el terrorismo y “asegurar el pleno respeto a la vida y demás derechos fundamentales y valores democráticos”.
Imagino que el rey español no se refiere, con las calurosas palabras dirigidas a su homólogo marroquí, a los informes que la policía del país vecino envió en su día a la española, en los que se especificaba qué ciudadanos marroquíes podrían ser sospechosos de preparar un atentado en España. Dichos informes, como quedó evidenciado en la comisión parlamentaria encargada de charlar sobre el 11-M, fueron obviados por las autoridades españolas. Así que supongo que habla de otros asuntos.
No tengo ni idea, lo confieso, de cuál es el conocimiento que Borbón tiene acerca de cómo se las gasta el Gobierno marroquí frente al terrorismo, y con los acusados de presunta militancia terrorista. Pero el hecho es que el jefe de estado de mi país me ha indignado, una vez más, al leer un discurso que obvia como si tal cosa los documentadísimos casos de malos tratos y torturas en Marruecos. La real alocución, además, hilaba los esfuerzos represores del régimen marroquí con hermosos conceptos, como el respeto a la vida y demás derechos fundamentales, que es precisamente lo que el Gobierno de Rabat pisotea tranquilamente, tomando como excusa -y también como objetivo- la lucha contra el terrorismo.
Amnistía Internacional hizo público a mediados del pasado año un informe sobre el centro de detención de Témara (“el Guantánamo marroquí”, como también es conocido). Siempre en el contexto de la “lucha contra el terrorismo”, se tiene constancia de docenas de informes de abusos contra detenidos desde el atentado de Casablanca. El centro de Témara, a 15 Km. de Rabat en dirección Sur, depende de la Dirección de Vigilancia Territorial (Direction de la surveillance du territoire), o DST, y de la policía, pero su personal no está constituido ni por agentes ni por oficiales de la policía judicial, por lo que carece de la facultad de arrestar, detener e interrogar a persona alguna: todos los que se encuentran allí encerrados han sido detenidos ilegalmente. En este lugar infame, como en tantos centros clandestinos de detención que hay por el mundo, recae la responsabilidad de “asegurar la protección y la salvaguardia de las instituciones y la seguridad del Estado”. Dentro de ese centro de detención cualquier abuso es posible.
Los que son confinados en Témara han sido, en algunos casos, llevados directamente allí bajo arresto, y en otros, tras pasar por una comisaría cercana. Hay constancia de detenidos que habían sido puestos a disposición de las fuerzas de seguridad de Marruecos por autoridades extranjeras, como las de Paquistán, Siria y los Estados Unidos.
El tiempo de reclusión varía desde una semana hasta medio año. Durante los primeros días, en general, los detenidos son sometidos a sesiones de interrogatorio en las que se les pregunta acerca de su supuesta implicación en la planificación, incitación o comisión de actos violentos adscritos al entorno islamista, o sobre sus conexiones con gentes acusadas de dichos delitos. Muchos de los detenidos han declarado haber sido objeto de tortura o malos tratos durante dichas sesiones, y forzados a firmar (o a estampar con sus huellas digitales) declaraciones que más tarde han negado haber hecho. En ocasiones, dicha firma o estampación se ha efectuado tras el traslado de los detenidos a la comisaría cercana, en la que son amenazados con volver a Témara si rehúsan colaborar.
Las prácticas torturadoras son las habituales en estos casos: golpes, mutilaciones, ahogamientos, suspensión de la víctima desde el techo, etc. Algunos detenidos han declarado que, durante toda su estancia en el centro de Témara (ya fueran días, semanas o meses lo que allí habían permanecido), fueron confinados en celdas individuales, en las que sólo había una sábana, un colchón y un retrete. Nunca vieron a otros detenidos y no podían salir de la celda a tomar el aire o hacer ejercicio. Además, estaban incomunicados del exterior absolutamente.
Por supuesto, como no podría ser de otra forma, muchas de las personas así tratadas fueron puestas en libertad sin cargos.
Afirmar que el rey Mohamed pueda hacer algo para asegurar “el pleno respeto a la vida y demás derechos fundamentales y valores democráticos”, en su país y en cualquier otro, es exactamente lo mismo que darle a Kissinger el premio Nóbel de la Paz. Un infame ejercicio de apoyo al fascismo.
¿Es así cómo debe tratarse a los sospechosos de cometer, alentar, o encubrir, atentados terroristas? ¿Saltándose a la torera el Derecho Internacional y los derechos fundamentales? Sí, ¿verdad? Pues nada, entonces gracias, Mohamed. Que Dios te bendiga.
January 14th, 2005 — Primer portal
La organización Worldwatch Institute* acaba de hacer público su último informe anual sobre la situación del mundo. Ayer, en la presentación de dicho documento, intitulado “State of the World 2005: Redefining Global Security” (“Estado del mundo en 2005: redefinir la seguridad global”), el presidente de dicha ONG resumió con una frase muy afortunada las conclusiones a las que han llegado en esta ocasión: “La pobreza, las enfermedades y el deterioro medioambiental son los verdaderos ejes del mal”. Recordó también -y es significativo que lo haya hecho- que el terrorismo y la inseguridad tienen en tales desgracias sus causas, y que son éstas las enemigas a combatir. No se ha cortado un pelo: ha declarado que a su organización no le cabe duda alguna de que las luchas por el petróleo son las que provocan actualmente la mayor parte de las guerras y las que dan lugar al nacimiento de más grupos armados no gubernamentales. Estas lúcidas deducciones coinciden en el tiempo con el hecho de que el Gobierno estadounidense acaba de admitir que no había, ni hay, armas de destrucción masiva en Irak. (Y eso que a Aznar “no le cabía la menor duda” de que las hubiera, no me resisto a recordarlo.)
En efecto, los “ejes del mal” a los que se refería el presidente de Worldwatch son los enemigos de los habitantes de la Tierra, pero también tienen su causa: el capitalismo. El capitalismo salvaje, la barbarie neoliberal, la explotación económica de la mayor parte de los seres vivos y de los recursos naturales, provocan la pobreza (la mitad de las personas del mundo son pobres de miseria) y el deterioro del medio ambiente, calamidades ambas que dan lugar a la aparición de enfermedades de toda índole y condición (cada año mueren dos millones por ello), haciendo del mundo un lugar horrible para la mayoría de la gente que en él habita.
En resumen, el mal proviene de los codiciosos hombres y mujeres que viven en casitas del barrio alto de su comunidad y a las que les traen al pairo las desgracias que millones de individuos padecen a causa de su enloquecido afán por obtener ubérrimos y obscenos beneficios económicos.
Pero dejadme extraer aún otra conclusión, exactamente igual de obvia que la anterior: si las personas que no pertenecemos a la apestosa especie de los poderosos y los riquísimos, pero sí hemos podido acceder a la información y la cultura, y tenemos cierta capacidad de organización, los que comemos todos los días, vivimos bajo techado y disfrutamos de protección sanitaria, si todos o gran parte de nosotros decidiéramos que no íbamos a tolerar esta carrera sin frenos hacia la catástrofe generalizada, tal vez -no quiero aventurar demasiado- podríamos hacer algo para remediar la desastrosa realidad que amenaza la calidad de vida, y la vida incluso, de la mayor parte de la población mundial.
Y no me refiero a hacer donativos económicos a las ONGs que ayudan a los desgraciados, actitud que, con ser loabilísima, no hace más que parchear las agónicas existencias de la gente a la que van destinados. Me refiero al enfrentamiento directo con los culpables del caos. Aludo a una nueva especie de revolución: la de la intolerancia. ¿Qué, si no tolerásemos más a los Gobiernos que hunden a los países subdesarrollados económicamente, a través del Fondo Monetario Internacional? ¿Qué, si nunca más votásemos a un Gobierno que permite la explotación abusiva de los recursos naturales de su tierra o de la tierra ajena? ¿Qué, si no permitiéramos que las agrupaciones de empresarios dirigiesen la política económica que afecta a nuestra cotidianeidad? ¿Qué, si a los mandatarios que deciden invadir otro país se los considerase criminales de guerra, se los juzgase y se los incapacitase para poder volver a cometer tal delito? ¿Qué, si estuviera prohibido obtener plusvalía del esfuerzo de otros, al menos más de la necesaria para tener una vida digna? ¿Qué, en fin, si nos pusiéramos manos a la obra para evitar que se haga efectiva cualquier tentación de destruir el mundo y al resto de las personas en beneficio propio? ¿Qué, qué decís? Ya, que sí, que dónde hay que apuntarse.
Nadie dijo que fuera fácil enfrentarse a ciertos problemas, pero estamos obligados a hacer algo. Creo que es moralmente inevitable que los que podemos actuar por la consecución de un mundo mejor, hagamos lo posible por ello.
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* Si queréis saber algo acerca de esta organización, aquí cuentan bastantes cosas interesantes, entre ellas la que sigue (la traducción es casera, queda advertido; el original está en inglés, naturalmente):
«Fundado en 1974 por Lester Brown, el Worldwatch Institute (Instituto de Vigilancia del Mundo) ofrece una mezcla única de investigación interdisciplinar, enfoque global y literatura accesible, que ha convertido a esta institución en una de las más importantes fuentes de información acerca de las interacciones que tienen lugar entre la economía, la sociedad y el medioambiente. Nuestro trabajo gira en torno a la transición hacia una sociedad medioambientalmente sostenible y socialmente justa, y cómo llevarla a cabo.
La credibilidad y la accesibilidad de la investigación de Worldwatch han hecho populares nuestras publicaciones entre una representativa muestra de la población que incluye desde importantes personalidades gubernamentales y del mundo de los negocios, hasta los medios de comunicación, los estudiantes y el público general. Desde la publicación del primer Worldwatch Paper en 1975, el Instituto ha abordado el debate de asuntos medioambientales y sociales mediante el análisis desde una perspectiva global e interdisciplinar. Lo cual ha dado lugar a nuevos puntos de vista sobre los temas actuales, tengan o no cabida en los titulares.
Worldwatch comenzó el siglo XXI con un nuevo presidente y un plantel y un Consejo de Administración fortalecidos, y el nuevo compromiso de proveer la información y las ideas necesarias para fomentar un mundo sostenible. Independiente y neutral, nuestra investigación está financiada fundamentalmente por donaciones privadas provenientes de fundaciones y particulares. Casi la tercera parte de nuestro presupuesto proviene de las ventas de las publicaciones.»
January 8th, 2005 — Primer portal
Pensé en comenzar el año escribiendo algo sobre una de mis novelas favoritas, y cuyo cuarto centenario se celebrará profusamente durante los próximos meses: el Quijote. Sin embargo, como parece evidente que no hay prisa alguna por comentar lo que me parece dicha obra escrita, he creído conveniente, a última hora, dejarlo para otra ocasión.
Y es que el Parlamento vasco ha dado luz verde al plan del lehendakari para negociar una nueva relación con el Estado central (con los votos de la izquierda abertzale, como se encargan una y otra vez de recordarnos los enemigos del llamado “plan Ibarretxe”). Y el PSOE, en su tónica habitual, ha dado una de cal y varias de arena. La de cal ha consistido esta vez en considerar exagerados los gritos de desgarro que ha proferido el Partido Popular, y en no intentar, como sin duda habría hecho Mariano Rajoy de estar en el poder, acabar con la rebeldía parlamentaria vasca por la vía de hacer pasar a Juan José Ibarretxe por un delincuente a gran escala. Hecho lo cual, han soltado varias toneladas de arena. Con su talante-tatrás, como muy certeramente calificaron Gallego y Rey el proceder de Zapatero en una viñeta, el presidente y los suyos corrieron en primera instancia a reunirse con la ultraderecha para encontrar -digo yo- consuelo en su miedo pánico, ante la previsión de que Euskadi pueda tener la intención de ampliar su independencia efectiva del resto de España. Supongo que el PP los recibió como el padre de aquel hijo pródigo que regresó al seno paterno: con una bronca, y una inicial comprensión de su debilidad. Comprensión disuelta de súbito al constatar que la rebeldía del recién regresado al redil no acababa de disolverse.
Y es que las malas compañías -ERC- se han encargado de recordar al PSOE que no habrá más apoyo al Gobierno si vuelve el bloque españolista a hacer de las suyas. Dignísimo Puigcercós, fue él el encargado de soltar el ultimátum. Cuánto me habría gustado ver la misma actitud en Llamazares. Pero no, claro. Ni siquiera ha optado por atender el sensato consejo que Madrazo le regaló: la vía de la abstención, siempre higiénica en estos casos y nada comprometedora. Y bueno, la posibilidad de que Izquierda Unida hubiese aportado su propio nuevo modelo de Estado al debate (una república federal, por ejemplo) es tristemente una entelequia.
A todo esto, la reacción del PSOE se basa, sobre todo, en la amenaza. Que si no vamos a permitir, que si no se puede tolerar, que si la Constitución es sagrada, y todas esas pamemas que repiten en estos casos. El día de la Pascua Militar, incluso, con adorno de cornetas, galones, rey y minijtro. Una diría que insinúan algo acerca del uso que debe darse a los carros de combate, pero no está la cosa para ironías guerreras.
A lo mejor no es el momento. A lo mejor sí. Tal vez no debió sacar Ibarretxe el plan adelante con los votos de Sozialista Abertzaleak. Acaso sí. Quizá el contenido del plan no sea oportuno. Quizá sí lo sea. Todo eso, creo, es discutible. Lo que no me parece discutible, en absoluto, es que Euskadi, y Cataluña (y Cuenca, y …), están perfectamente en su derecho de reconsiderar su situación en, o hacia, España. Y conviene no perder de vista que los partidarios del cambio harán todo lo que esté en su mano por transformar las cosas. Si es a tortas, a tortas.
Más vale que los que quieren mantener el modelo actual de estado se vayan dando cuenta de cuál es la realidad. Por su bien, y por el de todos.
December 31st, 2004 — Primer portal
A estas alturas de la película nadie ignora que la nomenclatura que emplean los medios de comunicación no es gratuita ni aleatoria: su elección obedece a ciertas consignas políticas que dictan los que mandan (si me permitís la generalidad) y la prensa utiliza los términos suministrados con plena conciencia de lo que hace en algunos casos, y tal vez en otros sin pararse a pensar demasiado en lo oportuno de su uso. Me refiero, como habréis imaginado, a las locuciones tipo “los terroristas iraquíes”, empleada al hablar de los resistentes en Irak, o la famosísima “daños colaterales”. Hoy voy a centrarme en una locución que me tiene particularmente indignada, desde que oí este verano calificar de tal modo a Moqtada al-Sadr, el líder chiíta que tiene frito al ejército estadounidense. Se trata de “el clérigo radical”, sintagma singularmente fastidioso por dos razones:
1) Se emplea para definir a líderes religiosos musulmanes, y sin embargo el término “clérigo” -un cultismo la mar de antiguo, proveniente del latín “clericus”- siempre se ha utilizado, como recuerda el DRAE, para (a) hablar del que “ha recibido las órdenes sagradas de alguna religión cristiana” o bien, y como mucho, de (b) “en la Edad Media, hombre letrado o docto”, significado que aquí no debe aplicarse, en principio porque no estamos en el Medievo, y además porque no tiene ningún sentido colocar la palabra “radical” en unión de un vocablo que equivalga a tan nobles epítetos, viniendo de quien viene. ¿De dónde proviene, entonces, este uso tan novedoso de tan vetusta palabra? Del inglés, naturalmente. En este idioma, el de Bush y Blair, la palabra “cleric” sí se refiere a los miembros del “clergy” (“clero”), que abarca mucho más que su casi homólogo en castellano: según el Merriam-Webster, la segunda acepción del término es “the official or sacerdotal class of a non-Christian religion” (“la clase oficial o sacerdotal de una religión no cristiana”). Parece evidente de dónde ha salido el nuevo significado.
2) La otra parte del fastidio me viene de este uso faccioso del término “radical”. Se trata de agitar las conciencias de la población, trayendo a sus mentes la imagen de hombres sedientos de sangre, que no paran mientes en conseguir sus perversos y despiadados propósitos, malvados y bellacos como ellos solos. Con un poco de suerte, si queda claro que los enemigos de uno son la reencarnación del mismísimo demonio, a uno lo dejan matar todo lo que quiera, pueda o necesite. En lo que a mí se refiere, nunca me ha importado que me llamen “radical”: no encuentro nada de malo en que uno quiera llevar sus ideas (si son como las mías) hasta las últimas consecuencias. Lo malo es cuando un presidente de Gobierno derechista, o un psicótico, o cualquier personaje lesivo para el resto y que tenga capacidad para salirse con la suya, es un radical. Ahí sí hay un problema. Y una paradoja, porque son precisamente tales elementos los que contemplan que ser un “radical” es una cosa feísima.
En Fuengirola, provincia de Málaga, vive un hombre al que si no lo han llamado “clérigo radical” es porque en Estados Unidos no saben de su existencia. Se trata del imán de dicha localidad, Mohamed Kamal Mostaza, al que no se le ocurrió otra gracia en los tiempos que corren que dejar escrito en un librito llamado “La mujer en el Islam” cómo hay que tratar a las mujeres. Fuera de las interpretaciones que se den al texto (hay expertos que afirman que la traducción por la que el juez lo condenó a 15 meses de prisión, por un delito de “provocación a la violencia por razón de sexo”, es tendenciosa e incorrecta), parece evidente que Kamal metió la pata de una manera importante. Por la inoportunidad y por el contenido de lo que escribió, así sea sólo porque es realmente molesto que este señor venga a contar a su parroquia cómo tratar a las personas de mi género, de esa manera tan, como mínimo, condescendiente con las mujeres, cuando no -está por probar- alentadora de malos tratos. Ahora bien: es una auténtico despropósito meterlo en prisión, y una buena noticia que la Audiencia de Barcelona haya ordenado su inmediata puesta en libertad, habida cuenta de que el imán ha expresado públicamente su arrepentimiento en unas sentidas declaraciones en las que afirmó cosas como ésta, que no dan lugar a dudas: “Es por ello que quiero hacer pública manifestación de mi total condena al maltrato de la mujer y pedir disculpas si lo que escribí al respecto haya podido ser malinterpretado y sentido de manera diferente a lo que arriba expreso”. Hay que tener en cuenta, también, que el Código Penal español prevé una pena alternativa cuando la sentencia es inferior a tres años de prisión. El auto liberador considera que el encarcelamiento del imán no beneficia su reinserción y recuerda que “las penas privativas de libertad están orientadas a la reeducación y reinserción sociales”. A este hombre se le puede acusar de una porción de cosas, pero no de socialmente peligroso, como adujo el fiscal que defendía su encarcelamiento.
Sin embargo, hay por ahí suelto un clérigo católico muy radical al que yo personalmente considero todo un peligro público: se trata del obispo de Mondoñedo, José Gea Escolano. Habla y escribe sin parar todo tipo de estropicios fascistas, con mucho mayores frecuencia y contundencia que las del imán fuengiroleño, y sin embargo a ningún fiscal le ha dado por perseguirlo (si hay algún fiscal en la sala, lo animo a que actúe de oficio). Es una injusticia palpable. No es que yo crea que es conveniente meter entre rejas al Sr. Gea -¿para qué?-, pero caray, algo habrá que hacer para que deje de decir barbaridades, o para que, al menos, haga público algún arrepentimiento por haber mostrado su comprensión hacia los curas que abusan sexualmente de las monjas en los conventos (“donde hay hombre, puede haber lo que sea”, adujo el menda), comparar la práctica de la homosexualidad con la comisión de crímenes (“una cosa es tener tendencias homosexuales y otra practicar la homosexualidad o el robo o el asesinato”), o mostrarse contrario con la agilización del divorcio que aprobará el Gobierno porque, según él, “favorecerá los matrimonios de conveniencia de los inmigrantes que deseen obtener la nacionalidad española”, con toda la connotación xenófoba que dicha declaración comporta.
En tanto alguien haga algo para parar su estúpida y ultraderechista verborrea, no voy a tener más remedio que referirme a monseñor como “el clérigo radical”. Con toda la intención. Y con toda propiedad. No como otros.