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Dos tazas

- Vaya, tienes el abdomen inflamado. Vamos a hacer una cosa: te voy a pinchar la tripa a ver si te desinflas, que me hace gracia y me entretiene.

Sádico, ¿verdad? Es como si:

- Vaya, hay crisis. Voy a privatizar los aeropuertos y a dar más créditos blandos -más dinero público- a las empresas constructoras, además de preparar un plan para que la banca, las inmobiliarias y las empresas del sector de la construcción puedan seguir obteniendo los mismos beneficios que hasta ahora.

Sí, es lo mismo.

Es increíble cómo estos gobiernos de sinvergüenzas hacen las cosas: ¿a qué irresponsable se le ocurre tomar estas medidas en estos tiempos, y encima vender la moto de que son “medidas contra la crisis económica”?

Seguir alimentando las fauces insaciables de la banca y de las constructoras españolas es hacer daño a quienes peor vamos a pasarlo en los meses venideros, que tampoco nadábamos en la abundancia hasta ahora: el 90% de los asalariados españoles. Privatizar la gestión de los aeropuertos, por otra parte, con cualquier tipo de mejora o ampliación incluida, con ser más de lo mismo, es aún más grave. No sólo veremos cómo empeoran seriamente las condiciones de nuestro paso por los aeropuertos españoles (más pérdidas de maleta, peor trato aún a los pasajeros, más tiendas todavía), como ya ha ocurrido en Reino Unido y Francia, sino que probablemente los viajes nos resultarán más caros que hasta ahora, porque lo lógico es que se incrementen las tasas aeroportuarias. Servicio peor y más costoso.

En resumen, que si no quieres caldo, toma dos tazas. Ése es el famoso plan que presentó el otro día ZP. ¿Veo que alguien discrepe? Ah, no, nadie. Pues muy bien.

Y con este post, se termina el hablar de fútbol por ahora

Además, en realidad no voy a hablar de fútbol, con lo cual los perjuicios son mínimos. No sé si os habéis enterado de que la selección española de fútbol ha ganado la Eurocopa de Austria y Suiza que acaba de terminar. Ayer llegaron los futbolistas con su copa a Madrid, donde los esperaban muchísimas personas en éxtasis, con ganas de celebrar el trofeo, como si lo hubieran ganado ellos. Ya sabéis cómo son estas cosas: siempre es así, en todas partes del mundo. En fin: los jugadores hicieron bromas, dedicaron la copa al respetable público, mantearon al entrenador, y Manolo Escobar cantó una vetusta canción suya llamada “Que viva España“. Seguro que todo eso fue del agrado de las personas que estaban allí: todos parecían pasárselo muy bien. Bueno: cada uno se divierte como quiere.

Pero a mí me atacó una vez más la melancolía: es evidente que en este país de países hay un grave problema de convivencia entre culturas y nacionalidades.

El Parlamento Vasco acaba de aprobar una resolución para convocar un referéndum con el que consultar a la ciudadanía vasca en qué dirección ir para acabar con el terrorismo local y también si los vascos -y las vascas- están dispuestos a intentar la independencia del resto de España. A mí no me parece grave. De hecho, me parece bien: ojalá todos los gobiernos, incluido el vasco en otros menesteres, nos preguntasen a los votantes qué nos parece esto o lo otro, antes de hacer nada. Pues bien: el Gobierno de Madrid y el partido más votado tras el PSOE están de acuerdo en que no puede ser eso, de ninguna de las maneras. No hay nada que hacer: es no y no, y punto.

Y así siempre, constantemente.

Luego tenemos el otro sentido de la guerra: por ejemplo, si en Euskadi ibas durante la Eurocopa con la selección española más te valía ir a celebrarlo en tu casa o en las calles de Ermua, donde sí ha habido jolgorio popular, porque en general no está bien visto que te pasees por las calles de muchos municipios vascos con una bandera española. Y a otros niveles también hay forcejeo, como es lógico, desde Euskadi hacia Madrid. Lo que pasa es que el Gobierno central es mucho más poderoso.

En Madrid pasa lo mismo, pero al revés. Ayer, por ejemplo, Sergio Ramos llevaba una bandera de Andalucía sobre los hombros (no la de España), y Villa una bandera asturiana (no la española). Si hubiera querido, tal vez sí, ¿habría podido Xabi Alonso llevar una ikurriña? ¿O Puyol una senyera? Creo que no.

¿Por qué?

Porque ayer estos chicos eran españoles, no catalanes o vascos. Son nacionalismos excluyentes: o se es catalanista, galleguista, abertzale, o se es españolista. Mi opción personal es no ser nacionalista en absoluto, pero, ¿no es evidente que este conflicto entre nacionalismos es problemático y preocupante?

Adenda: He procurado sortear este festival de idioteces que ha sido la retransmisión de la final y de la llegada de la selección a Madrid, en el que tantas chorradas he tenido que escuchar en los diversos canales que han cubierto la fazaña, inventándome una competición, a ver quién decía la bobada mayor o la salvajada más desagradable. Pues bien: tenemos un ganador. Se trata de María Escario, que ayer hablaba en directo para TVE con un comentarista, reportero o similar, que contaba que no sólo había madrileños en las calles, “también hay colombianos, ecuatorianos, peruanos, gente de todas las nacionalidades que viven en Madrid”. Ojo a la pregunta inmediata de Escario: “Por cierto, ¿has echado en falta algo del bolsillo?” No tengo palabras.

Los réditos futbolísticos

Todos quieren sacar algo del espléndido fútbol de la selección española, y de su pase a la final de la Eurocopa.

Zapatero y su Gobierno no tienen que hablar de la crisis por lo menos hasta el lunes, y para entonces el presidente ya estará fuera de España. Negocio redondo.

Especulanza Aguirre, por su parte, ha decidido contraprogramar a su odiado Gallardón y a su detestada cadena televisiva “Cuatro”, abriendo las puertas del -privatizado por ella- Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, a ver si por ahí saca alguna simpatía, que últimamente se le está viendo mucho el plumero.

La Casa Real aprovecha como suele para caer bien a los seguidores de la selección. Ayer un reportero de Cuatro le dijo al Príncipe, acerca de las carantoñas que se daba el Heredero con su señora para celebrar los goles españoles: “Qué humano todo, ¿no?” ¡En serio! ¡Lo dijo!

Y luego están los nacionalistas no españolistas que ostentosamente presumen de no ir con España. Pues mira qué bien.

Y los que presumen de ir con España, como Rajoy, para crecer en españolismo. Qué bochorno.

Bué. A mí plin, todos estos. Yo voy con España, así que espero que la selección gane el domingo a la alemana. Pero no me voy a pintar la cara ni voy a sacar banderas a la ventana. Veré el partido en casa, con unas cervezas y la conciencia de que al día siguiente hay que levantarse para ir a currar, como casi todos los lunes. Y paso de forofos: de los que están a favor, y de los que están en contra. No quiero ni verlos.

Que no es más que un juego, un espectáculo, por favor. Seamos razonables y disfrutemos de la final, vayamos con quienes vayamos, si es que nos gusta el fútbol. Y ya está, y aquí paz y después gloria.

La ministra Aído

La creación del Ministerio de Igualdad me dejó fría: creo que es evidente que España es un país demasiado machista como para que el Gobierno no intervenga activamente para cambiar la situación, pero si todo lo que se le ocurría al Ejecutivo era ampliar la Administración -con altos cargos, que son los caros y los que no sirven para nada-, entonces habría preferido que las cosas siguieran como estaban. Estoy aún a la espera de acontecimientos, pero en los dos meses largos de su existencia este Ministerio sólo me ha dado muestras de que es otra campaña de márketing más de Zapatero.

La ministra Aído, contra quien por otra parte no tengo nada en particular, y que parece una chica despierta y con inquietudes variopintas, me parece sin embargo que tiene también un afán de notoriedad personal que no va a ayudar en absoluto a la causa que -supongo- cree defender.

A veces su originalidad no me disgusta. Aquello de hablar de “miembros y miembras” no me pareció mal, ni desde luego para tanto: ¿a qué viene ponerse así de purista con el castellano, como tantos se pusieron en aquel momento, y no preocuparse en absoluto del maltrato constante que recibe mi idioma por motivos mucho menos virtuosos? Mirad a esta malhablada, por ejemplo, cómo se pone. Estas indignaciones pseudo-académicas me producen náuseas, sobre todo cuando el fondo de la cuestión es tan serio como en este caso. Es cierto que no debería hablarse de “violencia de género”, sino de “violencia machista”, o algo similar, pero, ¿por qué en muchas ocasiones, cuando sale el tema de qué hacer para acabar con los asesinatos de mujeres por sus parejas o ex-parejas, lo que se oye muy frecuentemente es esta birria de discrepancia? Os diré algo: los que se preocupan por estas chorradas, que es lo que son al fin y al cabo, es que forman parte del problema, lo sepan o no.

Volvamos a la ministra de Igualdad: A pesar de lo dicho, hace un par de días cometió un grave error, que además la hace parecer imprudente y desconsiderada. Me refiero a sus declaraciones sobre los vestidos, pañuelos y velos que llevan muchas mujeres musulmanas y algunas mayas. Empezó bien: comenzó asegurando que «no todas las prácticas culturales tienen que ser protegidas y respetadas» y que las «que promuevan la desigualdad de las mujeres deben ser criticadas». Estoy casi de acuerdo, aunque voy más allá: creo que todas las prácticas culturales tienen que ser criticadas, al menos por parte de quienes las conocen. No creo en la institucionalización de nada, y sé que nunca llueve a gusto de todos. Por otra parte, es cierto que hay muchas prácticas culturales detestables y dignas de ser perseguidas: las hay que causan dolor físico y tortura psicológica a personas y animales; las hay que simplemente molestan a mucha gente; y las hay, cómo no, que condenan a muchos seres vivos a una existencia peor de la que tendrían en caso de que cierta “costumbre cultural” no existiera.

Lo que me jode es que Aído se pusiera iconoclasta exclusivamente con las culturas islámica y maya. No seré yo, atea de pro e independiente a más no poder de cualesquiera restricciones externas respecto a mi aspecto físico, quien saque pecho por costumbre ni religión alguna. De eso nada.

Me gusta la crítica, pero puesta a criticar, Aído debería haber comenzado por casa, por lo que mejor conocemos, lo que tenemos más cerca y lo que más nos molesta. Puesta a afear religiones y culturas, ¿por qué no habla también del estatus de las monjas respecto a los sacerdotes en la Iglesia Católica, la mayoritaria en España? ¿Por qué no le parecen graves las obligaciones que tenemos las mujeres occidentales, las españolas también, en lo que respecta a nuestro aspecto físico, y cómo eso influye en la posibilidad de acceder a determinados puestos de trabajo, o cómo eso es en demasiadas ocasiones determinante para que una mujer sea escuchada, respetada y atendida?

Es evidente por qué: Aído se fue a lo facilón, a la propaganda barata y a lo que ella suponía que sería políticamente correcto. También ahí se ha equivocado: le ha caído un chorreo bueno.

Me gustaría que este Ministerio de Igualdad sirviera para algo, lo digo con sinceridad. Pero también os aseguro que lo dudo mucho. Por no hablar de asuntos fundamentales, Aído no habla ni del derecho al aborto libre y gratuito, así que ya me diréis.

Crisis? What crisis?

No sé si recordáis este álbum del grupo Supertramp:

Sus creadores lo llamaron “Crisis? What crisis?” (”¿Crisis? ¿Qué crisis?”). El LP se editó en 1975: la frase no es casual. Entonces, como siempre, todos los gobiernos del mundo fingían que no había ninguna crisis económica.

Ahora también, claro, el nuestro incluido. ¿Por qué lo hacen? Por miedo, por cautela, para prevenir males mayores (es mejor negar la evidencia que reconocer que hay un problema), para ganar tiempo, y sobre todo para que no les echemos la culpa de nuestras desgracias. Es una treta facilona, pero al fin y al cabo comprensible, y no me parece que sea para tanto.

En cambio, lo que me parecen indignantes son la mayoría de las medidas que el Gobierno de Zapatero anunció ayer que tomará, dice el presidente, para hacer frente a las dificultades económicas por las que pasa España. Convendría comenzar por hacer(nos) varias preguntas, para poder entender de qué va el Gobierno: (1) ¿A quién o a quiénes afecta en mayor medida la crisis?; (2) ¿tiene el Gobierno la obligación de atender más a quienes más lo necesiten?; y (3) ¿a quién o a quiénes pretende ayudar más el Gobierno con su famoso plan para superar la crisis? 

¿Habéis estudiado lógica? Mirad qué premisas resultan de las respuestas a dichas preguntas:

1) La crisis económica afecta en mayor medida a las personas que tienen menos recursos económicos.

2) El Gobierno [tiene la obligación de velar por el bienestar de todos los españoles (CE, Título I, Capítulo III), y atender siempre a quienes más lo precisen, luego en este caso] debe atender sobre todo a las personas que peor lo vayan a pasar en los tiempos difíciles que se prevén.

3) El Gobierno dio ayer claras muestras de que a quienes pretende ayudar es a los empresarios españoles. (Voy a esperar a la comparecencia de Zapatero de esta tarde para hacer mi valoración del conjunto de medidas anunciadas.)

Conclusión:

El Gobierno, una vez más, hace dejación pública de sus obligaciones hacia la ciudadanía.

La reacción generalizada ante la iniciativa gubernamental no ha sido, sin embargo, hacer notar la gravedad de lo expuesto, sino que por el contrario la mayor parte de los partidos opositores, así como la prensa en general, se han dedicado a explicar que se trata de un avance en la buena dirección, pero demasiado tímido. Se reprocha al Gobierno, en fin, que no sea lo suficientemente traidor con sus electores y con el pueblo soberano en general.

Todo lo cual me cabrea bastante, y me preocupa aún más.

Bravo, Irlanda

El rechazo popular de los irlandeses al tratado de Lisboa está dando mucho que hablar a los comentaristas políticos del Régimen europeísta, que hacen hincapié sobre todo en estos dos aspectos de la cuestión: por un lado, si el hecho de que uno de los gobiernos de los países miembros de la UE no pueda ratificar el tratado, debería impedir que lo previsto en Lisboa se lleve a cabo; por otro lado, cuánta es la responsabilidad del Gobierno irlandés en este “feo” asunto de consultas populares y autonomías de decisión.

De lo que no se habla es de qué es exactamente el Tratado de Lisboa, que nos habrían colado sí o sí a todos los ciudadanos de los países miembros de la UE sin apenas enterarnos, de no ser porque la Constitución irlandesa obliga al Gobierno de turno a someter a referéndum popular la adhesión a cualquier tratado político y económico internacional, como es el caso. El hecho es que lo que se ha llamado “Tratado de Lisboa” no es otra cosa que un segundo intento por colar la Constitución europea, que tuvo que ser retirada formalmente debido a los votos en contra de los franceses y los holandeses en 2005. Con este nuevo intento en Portugal se suprimieron las reformas constitucionales para salvar lo esencial, como explica estupendamente en este artículo Anne-Cécile Robert, que como espero que recordéis y dice Mike Whitney en este otro artículo, se trataba básicamente de ir hacia “una mayor privatización de los servicios públicos, la reducción de los derechos de los trabajadores, menor control estatal sobre las políticas mercantiles y los derechos civiles, y un agresivo plan para militarizar Europa”.

Una vez más el capital europeo y sus representantes -el 90% de la clase política de la UE- se encuentra en su camino hacia la barbarie el obstáculo de tener que contar con la voluntad ciudadana. Ocurrió en 1992, cuando los daneses dieron el no a Maastricht. Volvió a ocurrir en 2001, cuando los irlandeses rechazaron el Tratado de Niza. Después, los noes a la Constitución Europea, y ahora esto.

Qué inconveniente resulta la democracia para los fines de los poderosos, ¿verdad?

Dudo mucho que no ocurriera lo mismo que en Irlanda en la mayor parte de los países de la UE, si nuestros gobiernos respectivos se vieran obligados a consultarnos. La conclusión es bien sencilla: La Unión Europea es la institucionalización de los métodos no democráticos para transformar el continente en un reducto seguro para el capital, sin tener que emplear -de momento- la violencia física para imponer los cambios que tan gran pérdida suponen para la mayor parte de los europeos, lo sepan -lo sepamos- o no.

La otra conclusión es obvia: como dice Whitney, ¡bravo, Irlanda!

¿65 horas? ¡Ni de coña!

El viernes pasado tuvo lugar una tétrica reunión en Bruselas: los ministros de Trabajo de los 27 estados miembros de la Unión Europea aprobaban a última hora de la noche una resolución que legaliza en la UE la posibilidad de ampliar la jornada laboral por encima de las actuales 48 horas semanales “si así lo acuerdan el trabajador y el empresario”, hasta 60 horas e incluso 65 en los servicios médicos.

Esta reforma de la directiva de Tiempo de Trabajo nos lleva al siglo XIX, antes de la conquista de la jornada laboral de 48 horas. Es un abuso propio de esclavizadores, incompatible con el derecho al descanso y la conciliación de la vida laboral y familiar.

Aún debe recibir el visto bueno del Parlamento Europeo: ¿creéis que podemos permitir que ocurra algo tan peligroso para nuestra vida y la de las generaciones venideras? ¡Naturalmente que no! No podemos confiar en nuestros políticos: el ministro de Trabajo español, Corbacho, que tuvo muy duras palabras a la propuesta antes de la reunión, no votó en contra: simplemente se abstuvo.

No podemos confiar en estos desaprensivos, ¿a alguien le extraña que Irlanda haya dicho que no al tratado de Lisboa? Si nos dejaran votar, ¿tú qué votarías? ¿No tienes miedo a que cualquier día, en una sala de reuniones en la que como mucho quepan 100 personas, se decida tu futuro y el de tus hijos, una vez más, en contra de tus intereses, tu opinión y tus derechos?

Yo sí, yo tengo miedo, y razones no me faltan.

En fin: no hay mucha bronca en la red contra este asunto, y eso que es lo suficientemente serio como para que la hubiera. Sólo he visto este blog, a cuya iniciativa me uno, y una recogida de firmas on line. Poca cosa, sí, muy poca. Qué miedo.

Algunos son más iguales que otros

¿De verdad os parece que esta imagen sea para tanto?:

A mí no, sinceramente. Resulta curioso, por la novedad, ver a una ministra española embarazada. En España incluso resulta novedosa una ministra de Defensa. Bueno, pues hale, ya la hemos visto, vamos a hablar de otras cosas. Circulen, que aquí ya no hay nada que ver.

Todo el que siga dándole importancia a este asunto después de comentar la anécdota con algún chascarrillo más o menos afortunado, es un cutre. Lo malo es que por aquí abundan los cutres, los machistas casposos y los retrógrados (y las cutres, las machistas casposas, etc., aunque en menor número). Y claro, a una la obligan a contestarles, a pesar de mi resistencia. Preferiría hablar de qué medidas deben tomarse para hacer política de verdad a favor de la igualdad laboral, política y social entre los hombres y las mujeres, pero…

A ver qué queréis que haga cuando un taxista me dice -a cuento de lo de Chacón, además- que “la verdad es que hay profesiones que la mujer no debería ejercer”. ¿Cuáles? “Militar, bombero, tornero fresador (sic)…” Una acongojante lista que parece no tener fin.

Qué país tan machista, qué desagradable resulta a veces vivir aquí.

La locura tibetana

“Señoras y señores,” dijo ayer Ana Rosa Quintana en Su Programa, “desde aquí quiero unirme al movimiento a favor del Tíbet.” Pues es lo que me faltaba, me dije: la incontestablemente valiente y luchadora A. R., como en su día hizo la gran intelectual y superviviente Karmele Marchante (la del “que te calles, Karmele”), se une también, arriesgando su puesto de trabajo y acaso su integridad física, al sacrificado movimiento mundial a favor del Tíbet. ¿Y Jesús Vázquez, que ha dicho? Que también, cómo no, que se une, que un momento que encuentre la pegatina, aquí está. No hay más preguntas, señoría.

¿O tal vez sí las haya? Parece que . La verdad es que no hace falta buscar mucho para encontrar serios artículos críticos con la gran importancia que se le está dando a esta -por otra parte, detestable- represión de las protestas tibetanas, en claro contraste con muchas otras atrocidades que ocurren en absolutamente todas las partes del mundo, incluida China por cierto, y de las que muchas veces son culpables gobiernos aliados económica, política y/o militarmente de los Estados Unidos, esos “campeones de la libertad y la democracia”, como los define con originalidad el Dalai Lama.

Lo que me quedaba por oír lo he escuchado esta mañana en el taxi: parece que George W. Bush está sopesando si ir o no ir a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos, en protesta y repulsa por el conflicto tibetano.

Hace falta jeta y desvergüenza: no sólo porque los intereses económicos y empresariales estadounidenses en China son muchos y muy fructíferos desde hace cantidad de tiempo (y nadie ha hablado de perjudicarlos), sino porque entre los muchos que deberían recibir muestras de repulsa y desafección está precisamente el presidente de los Estados Unidos, y con él su Gobierno de caníbales fundamentalistas.

Pero bueno, qué más da, ¿no? Lo importante es hacerse el solidario con una pegatina universalmente bien vista, y a correr.

Llamada post mortem

No pude evitar oír el otro día en la tele que Zapatero había llamado por teléfono al padre de esa niña a la que parece que han asesinado -pobrecita-, para pedirle disculpas porque el presunto asesino de su hija se encontrase libre para matarla, a causa de un -asimismo presunto- error en el juzgado que entendía en una condena previa a este crimen, y que lo tendría que haber mantenido preso. Creo que le dijo que haría lo posible por “depurar responsabilidades”, que es lo que se suele decir en estos casos para decir algo y no decir nada, y tratar de quedar bien. Supongo que el presidente también aprovechó para intentar consolar a este hombre, que por otra parte parece un señor cantidad de sereno, teniendo en cuenta la tragedia que está sufriendo.

En fin. Esa llamada me chirría, por varias razones. En primer lugar, me suena a número populachero, para tratar de quedar bien con el público más que con la familia de la nena muerta. Sospecho esto sobre todo por la difusión que ha tenido el hecho de que Zapatero haya llamado al padre, y por la cantidad de información que ha trascendido. Si hubiera sido una conversación privada, tal vez no habríamos sabido apenas nada de lo que hablaron. Hacer propaganda a costa de un hecho tan desagradable me asquea. Literalmente.

En segundo lugar, esos aires de “resolvedor de problemas de la Justicia” que se da Zapatero no son propios de un presidente de Gobierno de un país democrático en cuya Constitución se reconoce la independencia del Poder Judicial. Por supuesto, dicha independencia no existe, no ha existido nunca, ni existirá, pero al menos el Gobierno debería saber que hay que disimular estas cosas.

En tercer lugar, me saben mal estos distingos a la hora de dar pésames. Si el presidente del Gobierno tuviera que andar llamando a todos los familiares de españoles desaparecidos, asesinados y muertos en accidentes, tendría que dedicar parte importante de su jornada laboral a ello, descuidando otros menesteres más propios de su cargo que hacer de teleoperador gubernamental. De modo que lo lógico es que no se haga este tipo de llamadas, que por no servir no sirven ni como consuelo a la familia de los muertos.

Y en último lugar, me resulta increíble y aborrecible que Zapatero dé por hecho que ha sido ese señor, el acusado de haber matado a la niña, el culpable de este crimen, sin esperar siquiera a una resolución judicial.

Con un presidente tan poco cuidadoso con la presunción de inocencia, no me extraña que luego el personal piense lo que piensa.