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¿El caso Ahmaddie?

Llevo tiempo denunciando la importancia que se da a cualquier cosa que dice Ahmadineyad, el presidente del Gobierno de la República Islámica de Irán. Bueno, a cualquier cosa no: a cualquier declaración que, al natural o debidamente maquillada para parecer peor y más escandalosa, haga temblar en lo posible los cimientos de Occidente, de la civilización cristiana y de la democracia burguesa.

Se trata de meter miedo al personal prejuicioso y/o acrítico, con la presunta amenaza de un islamismo universal militante, asesino, rencoroso y cerril. Para ello, las agencias de prensa y la mayor parte de las emisoras radiofónicas y televisivas, así como la prensa escrita de Occidente, tienen una sección fija (yo la llamo “Ahmadineyad nos dice“) con la que siempre tienen sitio y disposición para llamar la atención del mundo sobre lo que dice o parece decir.

Es burdo a más no poder, pero parece que triunfa.

Igual que cualquier información acerca del llamado “caso Maddie” -por idiota, reiterativa o baladí que sea- es recibida con gran éxito entre el público, así parece que cualquier información o cualquier crítica referente a Ahmadineyad es excelentemente acogida por la gente. Es una especie de “caso Ahmaddie”, por seguir el melifluo lenguaje de la prensa española, que en general copia a la prensa británica todo lo que puede (y luego la ponen verde, ¡qué cinismo!).

Esta semana el presidente iraní ha viajado a los Estados Unidos con motivo de la sexagésimo segunda sesión general de la O.N.U. Dicho viaje no parece parte de una actitud demasiado cerril ni odiosa hacia el país que no para de amenazar seriamente al suyo (los E.U.A.), como la sección Ahmadineyad nos dice no deja de insinuar que tengan los persas, pero mucho menos lo es su petición de visitar la llamada “zona cero” del atentado del 11-S, para presentar sus condolencias in situ a la ciudad. Le dijeron que no, que dicha petición era “un insulto”. “Pero, ¿qué dice?”, fue la respuesta de Ahmadineyad.

Ésa es sin duda una actitud cerril e intolerante. No hay ninguna explicación razonable para impedir que un presidente de Gobierno en visita en los E.U.A. se dé un garbeo institucional por la “zona cero”, persa o no persa, islámico o católico romano.

Pero hay más: a Ahmadineyad lo invitaron el día 24 de septiembre a participar en un coloquio-debate en la universidad de Columbia, invitación que el iraní aceptó. Las imágenes del coloquio dan auténtica vergüenza ajena: Lee Bollinger, el rector de la universidad que presentó al presidente, lo hizo dedicándole todo tipo de insultos que Ahmadineyad encajó como pudo. ¿Hay una actitud más cerril, más vergonzosa, más intolerante, más impropia de un aula universitaria? A lo largo del acto, el presidente de Irán dijo cosas de una importancia indiscutible, como que su país “no cree en las armas nucleares“ y que “la afirmación de que los E.U.A. se estén preparando para atacar Irán sólo está al servicio de las elecciones presidenciales nacionales y tiene por objeto encubrir la derrota en la guerra de Irak“. Naturalmente, el único titular destacado en toda la prensa occidental fue un comentario perfectamente prescindible -y muy chocante, es verdad- de Ahmadineyad respecto a la homosexualidad, que a juicio del iraní “no existe” en su país. No sé si es tonto o sólo se lo hace, pero en todo caso su comentario no merece tanta atención.

Y así siempre. Se trata de un empeño constante e indisimulado por hacer pasar a los árabes, moros y persas por el enemigo de “los buenos”. Y fijaos en qué “buenos”: Bush, Brown, Howard…

Ignoro cómo es posible que la gente se trague esta propaganda tan boba. Porque si la maldad de los persas fuera tan exclusiva y abundante, tan peligrosa y tan evidente, ¿no bastaría con mostrar la realidad pura y dura? ¿Qué necesidad habría entonces de caricaturizar a Ahmadineyad y a Irán? ¿Para qué mentir, o distorsionar u ocultar parte de la verdad?

De tanto majar la realidad hasta hacerla tragable por cualquier mentecato, aquélla resulta irreconocible. ¿Cómo combatir este insulto a la inteligencia? La respuesta está en la curiosidad, las ganas de contrastar la información y el espíritu crítico. Ojalá no me abandonen nunca ninguna de las tres.

El racismo patrio se internacionaliza

Comienzo hoy por confesar un par de cosas: 1) Odio el racismo y a los racistas con toda el alma; y 2) los Mc Cann, los padres de la niña Maddie desaparecida, me caen muy gordos. Aunque estas confesiones parecen no tener que ver entre sí, en realidad son fundamentales para entender por qué, a estas horas de la mañana, me hierve la sangre al acordarme de una supuesta “prueba” de que la niña Maddie estaría viva, presuntamente secuestrada en Marruecos.

No me lo creo. Es verdad que tengo ganas de que pillen a los Mc Cann en un renuncio. Lo reconozco, es así. Desde el primer momento en que supe de la desaparición de la niña me han resultado sospechosos, y nunca me gustó eso de que dejasen solos a sus tres hijos, tan jovencitos, para irse a tomarla con sus amigos. Lo que me acabó de resultar repelente de la pareja es su afición a visitar curas e iglesias. Pero independientemente de eso, cualquier mente crítica se da cuenta de que la presunta “prueba” de que la niña ha sido secuestrada, no es tal. Y lo que es peor, destila una insoportable cantidad de racismo a la española, del más castizo. Que, para mi vergüenza, ha traspasado fronteras.

Resulta que una señora española, una persona “de orden” a juzgar por la emisora radiofónica a la que contó su experiencia (la COPE), se dio un garbeo hace poco por el Rif (en tamazight, Arif y en árabe, الريف), una hermosa región del norte de Marruecos cuya historia está fuertemente entrelazada con la de España. Dicha señora vio desde su coche a una familia de campesinos que andaba por el arcén de la carretera. Enseguida -dice ella- le llamó la atención que la mujer mayor del grupo llevase a su espalda (al modo tradicional con que las rifeñas transportan a sus hijos pequeños) a una niña rubia. “Qué raro”, se dijo, “voy a sacarles una foto para llevársela a la policía”.

La fotógrafa casual pensó que esa niña podía ser Madeleine Mc Cann: ¿Qué otra cosa explicaría, si no, que ande una niña rubia con una familia de marroquíes?

Pues, señora -y resto de la opinión pública-: su ignorancia la ha traicionado, buena mujer. No hay absolutamente nada de extraño en que un rifeño tenga el pelo claro y los ojos verdes. Sé que no lo sabe, señora, y es una pena, pero no todos los marroquíes son negros ni todos tienen la piel más oscura que la suya (lo cual por cierto es una ventaja en todos los aspectos). Desconoce usted, y yo lo lamento, que los rifeños de toda la vida, los que estaban allí antes de la invasión árabe, tienen la piel clara, los ojos azules, grises o verdes, y el pelo rubio o pelirrojo. Probablemente tengan un aspecto similar al de Madeleine Mc Cann y sus padres. De hecho, señora, es muy probable que a usted la tomen por marroquí en comparación a estas dos niñas rifeñas cuya fotografía me ha enviado Marieta Zaloña:

                       

Me cabrea esta señora que le cuenta orgullosa su “descubrimiento” a la COPE. Pero me cabrea mucho más el hecho de que la prensa española le haya hecho tanto caso. Espero no tener que volver a oír insinuaciones acerca del presunto racismo de los Mc Cann hacia la sociedad portuguesa, porque el racismo español es por lo menos igual de execrable.

República Dominicana (V): Santo Domingo

Llevo varios días esforzándome por transmitir una idea de la República Dominicana que se aparte de la que tienen la mayor parte de los españoles, quienes por lo general no entienden que ese país ofrezca apenas nada más que playas, ron, merengue, y tal vez y con suerte algún ligue casual.

Esta paupérrima idea de Dominicana se entiende si se presta atención a los paquetes turísticos que ofertan los tour operators: suelen consistir en varios días de encierro en un hotel a orillas del mar Caribe o del océano Atlántico, de donde aconsejan a los turistas que no salgan “por su propia seguridad”. Esto, unido al hecho de que en muchas ocasiones los hoteles se encuentran en parajes alejados de los núcleos poblacionales, hace que los turistas españoles vuelvan a casa sin haber visto de la República Dominicana más que la barra del bar del hotel y una playa de la que suelen acabar aburridos. En estas condiciones, tampoco interactúan apenas con los lugareños (a excepción del personal del hotel), porque la entrada a estos hoteles no está permitida si no se aloja uno dentro.

Ya que Dominicana es un país bastante seguro, por el que se puede dar vueltas tranquilamente si se siguen algunas medidas básicas de precaución -que incluyen dejar el pasaporte a buen recaudo-, no tiene ningún sentido practicar ese tipo de turismo “de encierro”, sobre todo si se tiene en cuenta que la República Dominicana es un país de una enorme belleza natural, con una amplia variedad de paisajes y una población cálida y amable, siempre deseosa de colaborar a satisfacer la curiosidad del turista. Las playas, por supuesto, son parte de su atractivo y como tales conviene tenerlas en cuenta como uno de los objetivos de la visita. Pero por favor, no objetivo exclusivo. Hay mucho más que ver: haré hoy un primer repaso de algunos de los lugares que hemos tenido la suerte de visitar en agosto. Empezaré hablando de Santo Domingo.

Santo Domingo

En la capital de la República Dominicana podéis encontrar, como ya os expliqué aquí, varios monumentos de los primeros años de la colonización. Casi todos se encuentran en la llamada Zona Colonial, un barrio lleno de hermosas casas señoriales de aire andaluz o extremeño, en el que casi todo es primado: la catedral, el ayuntamiento… Incluso lo es la calle de las Damas -la primera calle de las Américas-, cuyo nombre se explica con que ése era el único sitio por el que, en tiempos, podían pasear las damas castellanas instaladas en la isla.

Tradicionalmente, a los dominicanos les gusta “condear”, pasear arriba y abajo por la calle de El Conde, una calle peatonal llena de establecimientos que une el parque Independencia con la plaza Colón. El Conde ha sido testigo de muchos momentos importantes en la reciente historia dominicana: en uno de sus edificios se instaló el Gobierno provisional de Caamaño, y en una de sus cafeterías más famosas, La Cafetera Colonial, se reunían los exiliados españoles que se refugiaron en la República Dominicana huyendo de la represión franquista.

En la plaza Colón se encuentran la catedral, el ayuntamiento y una estatua que representa a Cristóbal Colón, a cuyos pies se postra semidesnuda la cacica rebelde Anacaona, situación imposible en la realidad e inexplicable en la escultura. Más de una noche criticamos la falta de sensibilidad histórica del escultor desde la terraza de la Cafetería del Conde, un café lleno de historias y de ilustres y/o famosos visitantes. Cerca de la plaza Colón se encuentra la plaza de España, llena de agradables terrazas en las que se puede comer algo o simplemente tomar una “fría”, una cerveza Presidente. En esta plaza, dando la espalda al alcázar de Colón, hay una estatua que representa a Nicolás de Ovando, el primer gobernador de la isla, de quien algunos dicen con justicia que fue “constructor de ciudades y destructor de indios”.

El mar Caribe es parte fundamental de la ciudad, que recibe sus olas en el malecón, paseo que por lo que me contaron ha tenido tiempos mejores, pero en el que aún hay varios hoteles y algunos colmados, además de algunas plazas y algún parque.

Los colmados merecen párrafo aparte: son los establecimientos en los que la mayor parte de los dominicanos pasa sus ratos de ocio. En ellos puede uno hacerse con víveres, bebidas y otras cosas, comer algo, tomarse unas cervezas o unos refrescos, y conversar o jugar al dominó -verdadero deporte nacional-, si es que la música, casi siempre a volumen atronador, lo permite. También se puede echar un bailecito. Éste es el colmado que frecuentábamos Ángel y yo (aquí en un día de lluvia):

Nosotros nos alojamos en casa de la madre de Ángel y de su marido Guarocuya, en el barrio de Gazcue. Es uno de los barrios tradicionalmente más confortables y elegantes de Santo Domingo, lleno de hermosos hotelitos de las décadas de los 20, los 30 y los 40, que comparten calles con edificios de pisos, más modernos, y vecindario con el Palacio Presidencial, que actualmente ocupa Leonel Fernández. Dicha ilustre vecindad hace posible que el barrio de Gazcue sea uno de los que sufren menos cortes de suministro eléctrico (un mal que afecta constantemente a casi todo el país, dicho sea de paso, y que obliga a los dominicanos a hacerle frente comprando un alternador que los saque de apuros, si es que se lo permite su presupuesto; abundaré en este asunto y en otros similares otro rato).

Hay en Santo Domingo un recinto lleno de museos y edificios oficiales dedicados a la promoción cultural, llamado Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, y que ocupa un terreno que hace décadas fue propiedad de Trujillo. Nosotros visitamos lo que nos pareció más interesante del recinto: el Museo del Hombre Dominicano (donde, a pesar de su nombre, también se tiene en cuenta a la mujer dominicana), en el que el visitante puede hacerse una idea de cómo fueron las culturas precolombinas de la isla y en qué consistió el proceso de colonización. Aunque las instalaciones están visiblemente estropeadas por el paso de los años, y algunos carteles y fotografías necesitan restauración urgente, se aprenden algunas cosas interesantes sobre los dominicanos y su historia, entre ellas una fundamental: las culturas africanas llegadas a la isla con los pobres esclavos suponen un pilar imprescindible de la sociedad dominicana.

También hay cosas malas que decir de Santo Domingo, mal que me pese. Por ejemplo, que todas sus calles adolecen del mismo caos: en el 90% de ellas hay enormes agujeros, tanto en las aceras como en las calzadas, frecuentemente hay basura de todo tipo arrojada en cualquier parte, y enormes cables se cruzan de un lado a otro de las calles. Más grave aún, la pobreza en Santo Domingo es evidente, a poco que se dé una vuelta por la ciudad o se salga de ella en dirección a otros lugares del país. Un informe de la UNESCO habla de algunos de los barrios marginales de la capital dominicana en estos términos: “Viven en medio de la basura, en los vertederos donde se evacuan las aguas residuales de la industria, en un terreno cenagoso, sin agua ni servicios sanitarios. En dos barrios pobres, La Ciénaga de Guachapita y Los Gandules, en pleno centro de la ciudad de Santo Domingo, viven 48.000 personas, la mayor parte desempleados o que acaban de llegar del campo. Son seres marginados en el corazón de una capital en la que viven más de un millón de otros marginados. Viven en pequeñas chozas, pegadas unas a otras (el 70% en muy mal estado). Cinco o seis personas, hacinadas en viviendas que tienen entre 18 y 24 m2, se ven obligadas a salir a la calle para lavar a sus hijos u organizar reuniones. ¡Y qué calle! No hay más que lodo, y ningún automóvil podría pasar por allí: sólo los “motoconchos” (motos a las que se les añade un maletero y sirven de taxi) pueden circular. Para buscar agua, algunas mujeres y niños recorren kilómetros a pie. La mayor parte trabajan como “chiriperos”: en medio del camino, venden un día zapatos y otro día cocos, o helados, pasteles hechos en casa o zumos de fruta. Tienen suerte si logran reunir unos 100 dólares mensuales por familia. De ahí que trabajen todos, ya tengan 7 ó 65 años. Hay también una importante corriente de emigración de las mujeres hacia España, donde trabajan como criadas y pueden así dar de comer a toda la familia en Santo Domingo.” De esta durísima situación salen todas esas mujeres que trabajan en España. Espero que lo recordéis y se lo hagáis recordar a los demás, cuando los catetos pensamientos racistas y/o xenófobos que todos tenemos incrustados en el coco os asalten por sorpresa.

Aún me quedan cosas que contar de Quisqueya. Mañana procuraré seguir haciéndolo.

República Dominicana (IV): Desde la guerra de abril hasta hoy

Abril nació como esperanza
a treinta y tantos años de Trujillo
se abrieron bocas que callaban
las voces de Santo Domingo.
Quedó dormido en sus montañas
un ángel fuera del rebaño.
Lo despertaron las pestañas
que cerraban a Caamaño
(”Cita con ángeles”, José A. Rodríguez / Silvio Rodríguez)

Una vez muerto el dictador Trujillo, pudo regresar a la isla desde su exilio Juan Bosch, el fundador del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Bosch había sido un ferviente opositor a Trujillo desde su exilio de más de veinte años, y sus promesas de reformas sociales conquistaron el voto de la mayoría de los dominicanos. En 1963 fue promulgada una Constitución que establecía avances sociales y políticos como las libertades de opinión, de culto y de asociación, el derecho a la vivienda y la igualdad legal entre los hijos nacidos dentro y fuera de los matrimonios; además, se ilegalizaron los monopolios y los latifundios. Todo ello fue demasiado para la oligarquía local: a los siete meses de gobierno, Bosch fue depuesto por un golpe de Estado militar, que derogó la Constitución y nombró a un triunvirato para presidir el país. Bosch regresó al exilio.

En abril de 1965 un grupo de militares constitucionalistas dieron un contragolpe de Estado para retornar a la legalidad de 1963, pero -y a pesar de contar con un amplio respaldo popular- los militares golpistas reaccionaron de inmediato, bombardeando y ametrallando el Palacio Presidencial de Santo Domingo, en el que los constitucionalistas ya habían instalado al Dr. Molina Ureña como nuevo presidente provisional de la República. Entonces el embajador estadounidense -cuyo Gobierno desde el principio apoyó el golpe de Estado reaccionario- advirtió a Francisco Caamaño (uno de los líderes militares constitucionalistas) de que él y los suyos debían rendirse de inmediato. (En la foto inferior, Bosch y Caamaño:)

                  

A los dos días, el presidente Lyndon B. Johnson acusa a la revolución constitucionalista de “comunista”, y ordena el desembarco de 42.000 marines en Santo Domingo. Comienza la segunda ocupación estadounidense, y la resistencia popular constitucionalista.

El 15 y 16 de junio de 1965, las tropas estadounidenses atacaron de la manera más dura a la zona constitucionalista de la capital dominicana. Caamaño, que para entonces ya había asumido el cargo de presidente provisional, declaró que el ataque norteamericano era “un genocidio sin precedentes en la historia del país; contamos ante el momento 67 muertos entre hombres, mujeres y niños, y unos 165 heridos, y aún faltan personas que deben estar muertas en sus casas por las bombas de mortero”. El pueblo y los militares leales resistieron hasta el 30 de agosto de 1965, día en que se firmó un acuerdo tutelado por los Estados Unidos en el que se acordaba la celebración de elecciones presidenciales para el año siguiente. El 3 de septiembre Héctor García Godoy asumió la Presidencia Provisional, y Francisco Caamaño renunció públicamente a su cargo ante miles de dominicanos, que escucharon su emotivo discurso de despedida: “Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos.”

El 1 de junio de 1966, con las tropas de ocupación aún en Santo Domingo, se celebraron unas nuevas elecciones que ganó Joaquín Balaguer (ya presidente con Trujillo). El Gobierno estadounidense, satisfecho esta vez con el resultado, ordenó el regreso de los marines. Desde Londres, Caamaño afirmó que la presencia militar estadounidense tenía “que haber influido obligatoriamente en las elecciones. No puede haber elecciones libres en un país ocupado por tropas extranjeras”. Muchos ciudadanos dominicanos opinaban lo mismo: las manifestaciones públicas condenando la elección fraudulenta de Balaguer fueron duramente reprimidas.

Balaguer fue desde entonces el sempiterno presidente de la República Dominicana: gobernó otros veintidós años el país, en dos períodos de doce y diez años respectivamente. Sus años de Gobierno se caracterizaron por la represión política y los crímenes de Estado (se dice que es responsabilidad suya la muerte de unos 3.000 dominicanos disidentes), el enriquecimiento de unos pocos y la pauperización de la gran mayoría de la población dominicana, el hiperdesarrollo de la industria de la construcción y una fuerte inversión en obras públicas.

A pesar de todo ello, gobernó hasta el año 1996, en el que junto a su antes rival Juan Bosch (quien por entonces ya tenía síntomas del mal de Alzheimer) dio su apoyo a Leonel Fernández, actual presidente de la República, y principal responsable de la pésima situación en la que viven la mayor parte de los dominicanos. 

             

Nota: Podéis haceros una buena idea de lo que significa la llamada “guerra de abril” para la gente de izquierdas de la República Dominicana leyendo la “Declaración de Santo Domingo” escrita por Narciso Isa para recordar el 42º aniversario de la invasión y la resistencia constitucionalista.

Agresiones policiales en Almería

Esta mañana me ha llegado un escrito en el que un responsable del sindicato SOC-Almería denuncia dos casos de agresiones y abusos a inmigrantes en Campos de Níjar (Almería), por parte de la Guardia Civil y la Policía local. Creo que es obligado conocer esta denuncia, que no sólo tiene todo el aspecto de contar hechos verídicos, sino que además siembra la duda de si este detestable caso de maltrato se ha repetido o se repetirá en otras ocasiones.

La Guardia Civil y la Policía Municipal siembran el terror en Níjar

El miedo se ha apoderado de los inmigrantes en la zona de Campos de Níjar. Los actos de vandalismo se repiten y el perjuicio es enorme. El pasado martes 4 de septiembre, como el miércoles 7 de agosto de 2007, la Guardia Civil sembró el terror y la desolación entre los grupos de inmigrantes marroquíes. Esta vez, unos elementos de la Guardia Civil (en un 4X4 de matrícula XXXXX) se abalanzaron sobre las carteras de los pobres inmigrantes, “sucios moros”, para quitarles su dinero, los insultaron y amenazaron, y detuvieron a algunos recalcitrantes con falsos cargos. Los pobres “moros de mierda” no saben ya a qué santo encomendarse y gritan su indignación. Quieren que alguien los escuche y los ayude. Todos los que hemos encontrado están dispuestos a testificar.

La escena es digna de una película del Oeste: aquel miércoles 7 de agosto de 2007, sobre la una y media de la madrugada, cuando muchos de los ocupantes del lugar se disponían a sumergirse en los brazos de Morfeo, se escucharon ruidos de motor. Todo ocurrió en las tierras comunales de Níjar, en una casa en ruinas, ocupada por trabajadores inmigrantes marroquíes indocumentados en su mayor parte, en el cruce Albaricoques-El Barranquete de la Carretera 824 en dirección San José. Era una unidad de la Guardia Civil, apoyada por la policía municipal, la que venía a tomar posesión del lugar con estrépito y a la fuerza.

“Entonces escuchamos patadas en las puertas y gritos de ‘¡moros de mierda, hijos de puta, fuera de aquí!’. Fue un ’sálvese quien pueda’, algunos salieron sin zapatos y se metieron en la maleza. Eso provocó algunos heridos leves”, nos contaban el 11 de agosto cuando visitamos el lugar:

- Pero, ¿de qué os acusan los agentes para comportarse así?

- De nada. Somos gentes tranquilas y no comprendemos su actitud. Está claro que ellos pasaban por aquí de cuando en cuando, hacían su control y se iban. Una vez tuvieron que joder a dos de nuestros camaradas y los expulsaron porque eran reincidentes. Otra vez tomaron las huellas digitales de ocho de nuestros camaradas y los soltaron después. No somos santos y hay que reconocer que en un grupo de más de ochenta personas no pueden faltar ovejas descarriadas. Entre nosotros hay dos jóvenes que una vez se pelearon con cuchillos…

- Pero de ahí a meter a todo el mundo en el mismo saco…

- Hay más… Creemos que todo el mundo se quiere desembarazar de nosotros. Los agricultores también nos quieren dar la espalda, dicen que han hecho venir mano de obra de los países del Este, de Marruecos y de los países subsaharianos. Una vez, hace meses, una unidad de la Guardia Civil irrumpió en nuestra mezquita, y después de hacernos huir rompieron el Corán. Nuestra situación es invivible. Por su culpa, una vela que dejamos encendida en una de nuestras múltiples fugas causó el incendio de la habitación que servía de tienda a unos cuantos de nosotros.

- ¿Y qué pensáis hacer ahora?

- ¿Nosotros, hacer algo? Aunque se nos hubiera ocurrido algo, ¿tendríamos los medios? No. Que la policía nos deje en paz. ¿A dónde quieres que nos vayamos? Las cosas se nos complican cada día más. Sin trabajo, persecución policial, amenaza de sustitución de mano de obra… que esas personas comprendan que si estamos aquí es porque en nuestro país todo va mal…

El martes 4 de septiembre sólo fue un 4X4 de la Guardia Civil, sin estar acompañada de la Policía Municipal, como el miércoles 7 de agosto. Pero la manera de actuar fue la misma, si no peor.

“Los guardias llegaron sobre las 17 horas. Sorprendidos, estábamos a su merced. Nos hicieron vaciar los bolsillos y después se retiraron a su coche.Unos instantes después partieron, lanzando los portamonedas y la documentación fuera del coche. Para nuestra gran sorpresa, dentro no había dinero. Las sumas que nos quitaron oscilan entre 15 y 600 euros. Los guardias acusaron a tres de nosotros de resistencia y agresión a la autoridad, pero es falso, esos muchachos sólo les dijeron que no era normal que cogieran nuestro dinero y que eso era un robo. Un agricultor, testigo de los hechos y que trató de llamarlos al orden, ha sido amenazado con ser perseguido si abría la boca… los guardias lo acusarían de contratar ilegales…”

El SOC ha puesto a su abogado al servicio de los trabajadores y ha dirigido un informe detallado al Defensor del Pueblo Andaluz y al representante del Gobierno Central en Almería (el Delegado del Gobierno). Se ha redactado una lista de más de treinta testigos y de víctimas de esta caza al hombre. Ahora la pelota está en el campo de la Señora justicia, que ha fijado ya el juicio de los trabajadores marroquíes para el lunes 17 de septiembre de 2007, a las 11 horas y 45 minutos. Nosotros animaremos a que se fije también el de los gendarmes denunciados por los inmigrantes. Cuando así sea, diremos que viva el Estado de derecho.

Spitou MENDY, emigrante senegalés y responsable sindical del SOC-Almería.”

República Dominicana (III): La lucha por la independencia y la dictadura de Trujillo

Continúo con la historia de la República Dominicana: hoy toca recordar cómo se vivió allí desde los convulsos tiempos de la Revolución Francesa hasta la llamada “Era de Trujillo”

El siglo XVIII comenzó para España y sus colonias con la llegada al poder de una nueva dinastía reinante, la francesa casa de Borbón. Para Santo Domingo el cambio supuso la reactivación de su actividad económica, ya que el nuevo Rey introdujo -entre otras reformas económicas- la paulatina relajación de las restricciones al comercio entre España y las colonias. Además, la Corona incentivó la repoblación del norte de la isla con emigrantes procedentes de las islas Canarias, se crearon plantaciones tabaqueras en el valle del Cibao y se reactivó el tráfico de deportados africanos para venderlos como esclavos. Estas medidas contribuyeron a mejorar en parte las condiciones de vida de los habitantes españoles de Quisqueya, pero aún así la mayoría de ellos continuaron viviendo en la pobreza, lo que contrastaba con el alto nivel de vida de la vecina colonia francesa de Saint-Domingue, que por aquel entonces era el lugar más próspero de América.

La Revolución Francesa también llegó a la isla: en 1791 tuvo lugar una sublevación de esclavos en la sección francesa y el 4 de febrero de 1794 la Convención Nacional declaró abolida la esclavitud de los negros en todas las colonias francesas. En ese momento, el jefe rebelde haitiano Toussaint Louverture cambió de bando, dejó de combatir a favor del Gobierno español y se situó al lado de los franceses.

                       

En 1795, tras la Paz de Basilea, España renunció a su soberanía en toda la isla, que pasó a mano francesas. En 1801 Toussaint y su ejército llegaron a la ciudad de Santo Domingo; el 1 de enero de 1804 se proclamó la independencia de Haití, y en Santo Domingo se inicia la Era de Francia. Tras varios episodios que incluyeron una efímera independencia (el “Haití español”), la ex colonia española fue invadida por el gobierno haitiano. La dominación haitiana duró desde 1822 hasta el 27 de febrero de 1844, día de la proclamación de la independencia nacional y de la creación del estado de la República Dominicana. Uno de los padres de esta nueva nación fue Juan Pablo Duarte, quien hoy en día es considerado un héroe local.

Salvo una breve anexión a España, el país se mantuvo independiente de otras potencias hasta la llamada “primera invasión estadounidense” (1916-24). Tras seis años de bonanza económica debida a la subida del precio de la caña de azúcar en los mercados internacionales, el sangriento criminal militar Rafael Leónidas Trujillo accedió al poder mediante un golpe de Estado, en 1930.

              

Trujillo gobernó el país hasta su ajusticiamiento en 1961*, a veces como presidente y a veces como ministro de Relaciones Exteriores del jefe de Estado de turno colocado por él mismo. Este megalómano cruel y corrupto, que rebautizó a la capital Santo Domingo como Ciudad Trujillo, convirtió al país en su propiedad. Toda disidencia, real o imaginaria, fue combatida con salvaje crueldad, y cualquier amenaza contra sus innumerables posesiones reprimida sin contemplaciones.

Durante la larga dictadura de Trujillo se cometieron crímenes sin número por parte de sus sicarios: durante más de tres décadas no hubo el mínimo respeto por la vida humana en la República Dominicana, y nadie estaba a salvo de caer en desgracia. Algunos de los crímenes más famosos y detestables de este aliado de los Estados Unidos en el Caribe fueron la matanza de haitianos de 1937 (año en el que se asesinó a unos 15.000 inocentes ciudadanos, sólo por haber nacido en Haití o por tener la piel lo suficientemente oscura como para parecerlo), o la muerte a golpes de las tres hermanas Mirabal, opositoras al régimen cuyo asesinato se recuerda el 25 de noviembre de cada año, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Trujillo, que permitió el asilo de judíos europeos en la isla (”para limpiar racialmente el país”, dicen), también recibió a exiliados españoles que huían del régimen fascista español tras la guerra (entre ellos, el abuelo de mi marido, el granadino Antonio Castro), a pesar de -o tal vez por causa de- las buenas relaciones que mantenía con Franco. Los dominicanos con los que he hablado creen que la entrada de republicanos españoles supuso un enriquecimiento en la vida cultural del país, pero parece obvio que si tuvieron algún tipo de influencia política sobre la población dominicana, ésta no fue lo suficientemente fuerte -por una u otra razón- como para poner en peligro al régimen trujillista.

Tras la muerte del tirano llegaron tiempos de esperanza y de frustración para los dominicanos. Mañana os contaré.

              

* Os aconsejo encendidamente la lectura de “La fiesta del chivo“, una novela escrita por Vargas Llosa en la que el escritor relata de manera magistral cómo se gestó el magnicio, cómo tuvo lugar, y qué ocurrió tras el ajusticiamiento del genocida dominicano.

Criaturas feroces

Ayer se presentaron al público los últimos prisioneros que han llegado al zoo-acuarium de Madrid: dos osos panda gigantes, algunos de los animales más bellos del mundo.

                    

Estas bellezas van a vivir de cara al público lo que les queda de vida, en una jaula con forma de pagoda donde encontrarán todo el bambú que les quepa. Son dos ejemplares (macho y hembra) nacidos en la República Popular China, cuyo Gobierno ha decidido disponer de sus vidas regalándolas al Estado español a través de los Reyes de España, que recibieron el original presente en su visita oficial a China de hace unos meses.

Como sabéis, no es la primera vez que ocurre tal cosa: En 1978, durante la primera visita oficial de los Reyes españoles a la República Popular China, los gobernantes chinos les regalaron una pareja de osos panda. La hembra parió al famoso oso Chu-lín, cuya existencia llenó de visitantes el zoo de Madrid. Los responsables de éste han venido insistiendo desde el fallecimiento del oso (en 1996) en cubrir su vacío con otros traídos desde China. Supongo que estarán satisfechos de haberse salido con la suya: se prevé que se multipliquen las visitas al recinto zoológico, con el aumento en la recaudación que ello supone.

Pero, aún dejando de momento las consideraciones éticas sobre el tráfico de animales a un lado, ¿a nadie le parece una barbaridad que la Corona se dedique a trapichear en beneficio de una empresa privada con concesión municipal? Ya que los pobres osos panda son una especie de lotería para el empresario que se haga cargo de ellos, ¿no habría sido lo lógico y lo legal sacar su sostenimiento a concurso público?

Qué triste mundo éste, cuando hay que hacer consideraciones de este tipo.

          

Nota: Para algunas cosas tengo buena memoria: he recordado que hace unos años (cómo pasa el tiempo) publiqué un artículo en el que, bajo el mismo título que lleva este mensaje -y que a su vez corresponde al de una excelente y divertida película británica-, me esforcé en explicar hasta qué punto me cabreaba el maltrato a los animales que se da concretamente en L’Oceanogràfic de Valencia. Por desgracia, no es el único lugar de España en el que se pretende hacer un favor a los animales mientras en realidad los están torturando, en beneficio propio.

República Dominicana (II): La ocupación castellana

Ayer os decía que la República Dominicana me parece una nación singular. Traté de ilustrar someramente el porqué de esta opinión; hoy os resumiré parte de la historia dominicana, la de los siglos de ocupación castellana.

Antes de la llegada de Cristóbal Colón y su expedición a la isla de Quisqueya (más tarde conocida como La Española), ésta estaba habitada por unos 350.000 aborígenes, la mayoría de origen arauaco (uno de los pueblos americanos más extendidos), cuyos antepasados eran inmigrantes llegados de la desembocadura del río Orinoco y las Guayanas. Cuando los de Colón se encontraron con algunos de ellos, éstos se presentaron como taínos (”hombres buenos”), para diferenciarse de los caribes, un pueblo de gentes violentas y de costumbres caníbales a las que los taínos temían, y de cuyos ataques periódicos se defendían como podían.

                      

Los taínos vivían en una sociedad sin apenas clases y sin propiedad privada, en la que se consumía prácticamente todo lo que se producía. Practicaban el trueque con los indígenas residentes en la isla de Cuba. Tenían una mínima jerarquía social, en cuya más alta posición se situaba un cacique o jefe militar y encargado de la intendencia y la distribución del trabajo. Los behíques o brujos curaban a los enfermos y dirigían las ceremonias religiosas: la más importante de éstas era el rito de la cohoba, durante la que el cacique y los nobles esnifaban polvo de dicha planta alucinógena mezclada con tabaco, con el fin de establecer una comunicación mística con los cemíes, sus dioses o espíritus protectores. Estos cemíes eran representados frecuentemente por medio de trigonolitos, pequeñas figuras de tres puntas hechas en piedra, como ésta:

Estas gentes buenas y pacíficas sufrieron, como los otros grupos de indígenas habitantes de la isla (caribes, ciboneyes, ciguayos y macorixes), uno de los genocidios más brutales de la Historia por parte de los conquistadores castellanos. Las horribles torturas que padecieron, el espantoso maltrato que sufrieron, la inanición y la desnutrición, las enfermedades, los agotadores trabajos físicos, las mutilaciones, y los numerosísimos, constantes, crudelísimos y arbitrarios asesinatos, acabaron prácticamente con todos los habitantes indígenas de Quisqueya en seis décadas, como denunció el dominico castellano Bartolomé de las Casas en su famoso informe sobre el tema al futuro Felipe II de España, librito por cierto cuya lectura os recomiendo, a pesar de lo durísimo que resulta (y eso que sufrió una severa censura). Otros dominicos, como Antonio de Montesinos, denunciaron también y públicamente el exterminio del pueblo indígena.

Aunque no hubo una resistencia generalizada a la invasión de la isla, sí hubo algunas revueltas de indígenas. Unas fracasaron, como la liderada por el cacique cibaeño Caonabo (que fue capturado y murió en el barco que lo iba a trasladar a Castilla como prisionero), y alguna triunfó, como la que dirigió Enriquillo (Guarocuya), un noble taíno educado por los frailes dominicos, que consiguió gracias a su rebeldía vivir algunos años en libertad junto a su esposa, otros taínos y algunos africanos que huyeron de la esclavitud y que se adhirieron a su causa.

Mientras todo esto sucedía, al sudoeste de la isla crecía rápidamente la primera ciudad “europea” del continente (llamada por ello ciudad primada de América), Santo Domingo de Guzmán, fundada por Bartolomé Colón, hermano del almirante. En poco tiempo, en Santo Domingo se construyó una catedral, un alcázar, varios palacios y monasterios, algunas iglesias y una fortaleza a orillas del río Ozama, además de numerosos edificios que aún hoy resisten bien el paso del tiempo, y que tienen el inconfundible aire del Renacimiento castellano:

Durante el siglo XVI partieron desde Santo Domingo muchas expediciones a otras partes de América, lo que unido a las riquezas minerales de la isla y al sistema de las plantaciones azucareras, hizo que la colonia fuera una importante fuente de ingresos para la metrópoli castellana. Estas riquezas y estos beneficios se obtuvieron mediante cantidades ingentes de dolor, desdicha, sufrimiento y muerte de cientos de miles de personas. Además del genocidio indígena ya mencionado, Quisqueya fue el lugar en el que se produjo otro detestable crimen contra la humanidad: el secuestro de personas nacidas en África a las que se condenó a una existencia desoladora, trabajando prácticamente sin descanso y toda la vida en las minas o en las plantaciones de azúcar de la isla, como ocurrió en otros lugares de América. El único aspecto positivo de dicha inmigración africana forzosa fue la fusión cultural a la que dio lugar, de la que hablaré en otra ocasión. Desde 1542 a 1546 hubo varias revueltas de africanos esclavos (cimarrones). En muchas ocasiones los rebeldes lograron establecer poblados libres (palenques), en los que pudieron vivir fuera del yugo de quienes decían poseer sus vidas.

Desde finales del siglo XVII, en el que se produjo la primera ocupación francesa de la isla, hasta el siglo XIX, se sucedieron toda serie de desdichas sobre la colonia castellana: Contrabando, ataques de piratas, invasiones, crisis económica, dictaduras, golpes de estado, ocupaciones milititares extranjeras y guerras civiles.

Mañana hablaré de la historia contemporánea de la República Dominicana, llena de episodios interesantes.

República Dominicana (I): Singularidad isleña

Desde luego, si algo resulta claro cuando se pisa República Dominicana por primera vez es que se acaba de llegar a una tierra peculiar. Enseguida hay la sensación de que la tropical calidez ambiental armoniza perfectamente con el carácter de los dominicanos, cuyo buen trato es proverbial (también lo son otros rasgos de su carácter, de los que hablaré más adelante).

Sólo me habían hablado maravillas del país. Ahora yo me he convertido en otra propagandista de Dominicana: tanto sus paisajes como su clima son admirables, y aunque la vida cotidiana allí resulte en demasiadas ocasiones muy dificultosa, por la precariedad en la que vive la mayor parte de la gente y la falta de Estado y de infraestructuras, los dominicanos consiguen parecer alegres y relajados la mayor parte del tiempo. Para una madrileña, eso es todo un logro. A lo mejor el secreto está en la gran cantidad de fabulosas frutas tropicales que comen cotidianamente: ¡qué delicia de piñas, plátanos, bananas, mangos, lechosas y cocos!

Una de las características de la tierra, y no precisamente una de las buenas, es la enorme cantidad de ruido ambiental que hay que aguantar en todo el país, campo y playa incluidos. Es una especie de enfermedad endémica, el gusto por poner la música o el televisor a un decibeliamen desproporcionado o por hacer sonar el claxon de los coches. Parece como si la gente no notara lo incómodo y lo desagradable que resulta tener que pedir una cerveza a voces en un colmado.

Otra singularidad de los dominicanos es la inconsciencia con la que se mueven por las carreteras y calzadas de las ciudades y del campo, en carros (coches) y motores (motos), en auto propio o en concho (taxi) y moto-concho (moto-taxi). Supongo que la tasa de accidentes automovilísticos debe ser muy elevada. Constantemente se ven casos de inconsciencia aguda que le ponen a una los pelos de punta, pero confieso que de todos modos también me hacían gracia en su imprudencia, que tiene algo de naïf.

La historia moderna de Quisqueya (”madre de la tierra”), el nombre que los isleños precolombinos daban a la isla (desde 1492 renombrada La Española) en la que se encuentra la República Dominicana, tiene la típica densidad de acontecimientos de todos los países que un día fueron una colonia de Castilla y de España -sobre todo en los tres últimos siglos-, pero la impresión es que el hecho de que Quisqueya fuera la primera tierra americana que pisaron los conquistadores castellanos le ha dado un carácter singular al país.

De eso hablaré mañana y en días sucesivos, durante los que trataré de acercaros parte de la gran cantidad de información que he recibido durante mi estancia allí, y en los que asimismo procuraré transmitiros el cariño que me ha inspirado este bello país americano, que me ha conquistado para siempre.

Idiotas singulares

Atentos a esta noticia publicada hoy en elmundo.es. Es digna de una idea de los Monty Pythons:

“Detenidos ocho neonazis israelíes originarios de la antigua URSS Los arrestados, que volvieron a Israel hace 10 años, pretendían celebrar el cumpleaños de Hitler en el Museo del Holocausto.”

Si no fuera por estos ratos…