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Póngame mitad de cuarto de ambiente, señor Gore

Igual que ha hecho Pako con su blog, y siguiendo su pista, me he adherido a la iniciativa de esta web: se trata de que los blogueros que lo deseemos publiquemos algo acerca del medio ambiente.

Como la web no aclara si lo que debe publicarse ha de ser a favor o en contra de dicho medio ambiente, o si se trata de hablar de la biosfera en general o de algún ecosistema en particular, supongo que se trata de una acción de tema libre.

Y así me lo tomo. La verdad es que me viene bien el acicate cibernáutico, porque en tal día como hoy -antes de saber de esta acción bloguera- quería hablar de Al Gore, de su campaña acerca de los peligros del calentamiento global, y del reciente premio Nobel de la paz que la Academia sueca le ha concedido, entiendo que por dicho mérito. Dejo de lado generosamente los crímenes contra la humanidad que Gore cometió en su etapa de vicepresidente de los E.U.A., y que son verdaderamente incompatibles con el hecho de merecer un galardón por méritos en favor del pacifismo, pero no puedo dejar de manifestar mi asombro por esta condecoración, a mi entender inmerecida e inexplicable, atendiendo exclusivamente a criterios relacionados con la labor “ecologista” de Al Gore.

Es cierto que el premio Nobel de la paz es un reconocimiento ecléctico, que en la práctica se utiliza muchas veces como un cajón de sastre para premiar actitudes variopintas que merecen una recompensa, desde el punto de vista de la Academia sueca. De eso no me quejo: lo que me preocupa es que se le otorgue la misma importancia al espectáculo ecológico de Gore que a los progresos de los investigadores del Panel de Cambio Climático de las Naciones Unidas, que han recibido ex aequo el Nobel, y cuyas conclusiones acerca de las consecuencias del cambio climático y el crecimiento demográfico son mucho más rigurosas que las que Gore muestra en su filme “Una verdad incómoda”, de contenido ampliamente discutido en la comunidad científica, y cuyo título no se ajusta a la realidad: hay muchas voces discordantes que discrepan con que dicha verdad sea tan “incómoda”, al menos para los poderosos.

Se diría, y hay quien lo dice, que hacer tanto hincapié y tan rabioso en este asunto es sospechoso y oculta varias trampas de las que más vale escapar cuanto antes. Para despejar dudas al respecto, hay varias preguntas que hay que plantear y cuyas respuestas son importantes: ¿Es cierto que hay un calentamiento global? Sí, casi nadie lo niega. ¿Se han producido alguna vez en la historia del planeta otros sucesos similares? Sí, se han producido: es un fenómeno cíclico. ¿Cuál es el problema, entonces? Que el período inter-calentamientos se ha reducido. ¿La causa del calentamiento global es la emisión de CO2 a la atmósfera? No únicamente. ¿Hay algún otro problema que ataña seriamente a la humanidad y a los demás seres vivos del planeta, y cuyas consecuencias puedan hacerse efectivas antes de las consecuencias del cambio climático? Sí, hay muchos otros problemas de índole medioambiental que ya están causando desastres sin cesar, cientos de miles de fallecimientos y otras desgracias, una situación que en el futuro y si no se remedia, sólo puede empeorar. 

Gore no habla de la desertización, el agotamiento de los recursos naturales, el exterminio de especies animales y vegetales a causa de la explotación exhaustiva de la naturaleza, el deterioro de los parajes naturales, la contaminación provocada por la industria, el desastre que suponen las guerras, y tantos otros atentados contra el planeta que sí tienen una solución inmediata que necesitamos poderosamente.

Algunos científicos críticos como Bjørn Lomborg (el organizador del Consenso de Copenhague, autor de “El ecologista escéptico” y asimismo diana de numerosas críticas), dicen algunas cosas de interés en las que merece la pena detenerse para reflexionar críticamente: “La cantidad de gente que padece de hambre depende mucho menos del clima que de la demografía y los ingresos. Recortes extremadamente costosos de las emisiones de carbono podrían derivar en que haya más gente desnutrida. Si nuestro objetivo es combatir la desnutrición, políticas como proporcionar nutrientes a quienes los necesitan son 5.000 veces más efectivas a la hora de salvar vidas que gastar miles de millones de dólares recortando las emisiones de carbono. De la misma manera, el calentamiento global tal vez aumente mínimamente la malaria, pero las reducciones de CO2 serán mucho menos efectivas a la hora de combatir esta enfermedad que los mosquiteros de red y la medicación, que, por poco dinero, pueden salvar 850.000 vidas por año. En cambio, el costoso Protocolo de Kyoto impedirá apenas 1.400 muertes de malaria anualmente. Mientras nos preocupamos por los efectos lejanos del cambio climático, no hacemos nada para enfrentar las cuestiones que afectan al planeta hoy. Este año, la desnutrición matará a casi cuatro millones de personas. Tres millones de vidas se perderán en manos del VIH/SIDA. Dos millones y medio de personas morirán por contaminación ambiental bajo techo y al aire libre. Una falta de micronutrientes y agua potable se cobrará dos millones de vidas cada una. Cuando la atención y el dinero escasean, lo que importa es abordar primero los problemas con las mejores soluciones, haciendo el mayor bien posible a lo largo de todo el siglo. Si nos concentramos en resolver los problemas de hoy, fortaleceremos a las comunidades, las economías serán más vibrantes y las infraestructuras, más robustas. Esto les permitirá a estas sociedades enfrentar mucho mejor los problemas futuros -incluso el calentamiento global-.”

Puede que Lomborg se equivoque, pero, ¿es que nos vamos a poner del lado de la Coca-Cola y el presidente de los E.U.A. sin siquiera poner en duda el discurso oficial sobre el calentamiento global? No me voy a poner pesada con el cuarto de millón de dólares que cobra Al Gore con cada conferencia que da sobre este asunto, pero, ¿no es evidente que él y otros han hecho un negocio particular de un problema -presuntamente- común?

Ahora, para acabar de enturbiar el asunto y sembrar aún más dudas en el público, le otorgan inexplicablemente un premio Nobel de la paz a Al Gore. Si lo que pretende así la Academia sueca es premiar la defensa del Medio Ambiente, se ha equivocado. Si lo que pretende es festejar el entusiasmo con el que este converso ha abrazado la nueva fe, entonces ha acertado. Pero que no pretendan que todos nos traguemos esta enorme “verdad incómoda” sin pestañear, porque estamos muy escaldados, y hay superpoblación de plumeros que asoman por doquier.

Termino con una recomendación. Echad un vistazo si podéis a este artículo acerca del pernicioso dúo que formaron Clinton y Gore en la Casa Blanca: ”De la verdad incómoda a la incomodidad de la verdad“, por Alfonso del Val.

Día de la Patria

Rajoy, Rajoy, Rajoy, ¡arriba Youtube!

Hay que reconocerles una cosa a los guionistas del Partido Popular: han descubierto un nuevo uso de la cibernética. En España, este país que tanto amor provoca en Mariano Rajoy, hemos padecido muchos golpes de Estado militares, auspiciados y esponsorizados por la ultraderecha, la oligarquía socioeconómica y la Iglesia católica. A todos ellos los acompañó una machacona y falaz campaña mediática, que nunca lograba convencer a nadie de nada, aunque sí conseguía poner de muy mala leche a la gente de bien.

El penúltimo golpe de Estado, aquél que en 1936 dio lugar a una horrible guerra civil causante de una inmensa cantidad de dolor que todavía estamos llorando, aquél que consiguió acabar con un Gobierno legítimo y sustituirlo por otro que cometió un genocidio -del que algún heredero de los asesinos quiere hacer como que no tiene importancia-, aquel asalto a las Instituciones legalmente constituidas, se construyó sobre la base de un ataque permanente a la verdad, de una incansable agresión desde los medios de comunicación de la derecha (en toda su amplia gama).

Se ve que el Partido Popular ha decidido también que ha llegado su momento de dar un golpe de mano, de poner las gonadillas masculinas de su líder encima de la mesa. “Si el Borbón no sabe defender la gloriosa enseña nacional, ha llegado nuestra hora”, parece que han pensado estos díscolos patriotas, y han echado mano de internet para sustituir a Juan Carlos I por Mariano Rajoy. Y resulta éste -si cabe- más ridículo aún que el otro (cuyos mensajes navideños ya nos parecen parte del paisaje), y encima menos apropiado aún para ponerse institucional. Un tío que no es capaz de ganar unas elecciones generales, ¿se atreve a hablar en nombre de “todos”? ¿De qué todos habla este menda?

Está bien que innoven las maneras de dar un golpe de Estado, pero estaría aún mejor que para variar decidieran respetar a la gente, que dejaran tranquilos a los españoles, que asumieran los votos que reciben y sobre todo los que no reciben.

Esto debe de ser una democracia, cuando la bendicen

Veo que todos los representantes de partidos minoritarios que no son -de momento- susceptibles de ser detenidos han corrido a declarar lo de siempre tras la bomba que pusieron los de ETA ayer.

A Zapatero se le ha llenado la boca de mandangas patrioteras: ha llamado a su redactor habitual de discursos heroicos y le ha pedido uno que esté bien lleno de palabras marciales y belicosas, dignas de un machote, como “fuerza“, “unidad“, “combate“, “firmeza“, “fin“, y “derrotar“. Parece el madelman presidente.

Lo del PP, como siempre, es aún peor: Rajoy anda por ahí presumiendo de que la víctima del atentado es un afiliado de su partido. Como si eso fuera un mérito, y de serlo, fuera suyo.

Toda esta basura mediática, este bucle idiota de palabrería barata y el festival derechista que provocan los atentados de ETA, me producen sobre todo hastío. Sé, y tal vez eso sea lo grave, que sin embargo a muchos de mis paisanos les gusta oír siempre la misma cochambre, porque sienten que sus pensamientos habituales son compartidos por la mayoría de la gente. A muchos les gustaría oír algo aún peor, como que se va a legalizar la pena de muerte para los delitos de terrorismo.

También los hay que miramos con estupor cómo un gobierno presuntamente demócrata ordena que en el siglo XXI se meta en la cárcel a un grupo de personas por asistir a una reunión política. Contemplamos ojirredóndicos cómo el país tolera, y entiende, que muerto Franco no se acabó ni mucho menos la rabia.

- ¿Para eso están las cárceles? ¿Para meter en ellas a políticos independentistas porque defienden la desestructuración del Estado español?

- Sí, para eso están, entre otras cosas.

Hostia, qué desilusión.

- Entonces, ¿esto es la democracia?

- Sí, señora, esto es la democracia.

- Pues no me gusta.

- Pues es lo que hay. Y no te pongas tonta, que ya sabes cómo nos las gastamos.

 Sí, esto debe de ser la democracia cuando la bendicen.

República Dominicana (y VII): Las Terrenas, punto y final

Por fin llego al final de mi relato dominicano. Me quedarán muchas cosas por contar, pero no puedo hacer de esta serie algo eterno. Hay que hablar de otros asuntos que también merecen mi atención, y mi relación con República Dominicana no ha hecho sino comenzar: ¡pienso volver!

Las Terrenas y Samaná

Antes de regresar a Santo Domingo, y desde allí de nuevo a Madrid, pasamos unos días en una maravillosa casa que nos dejaron, situada en lo alto de una loma del municipio de Las Terrenas, en la provincia de Samaná:

                           

Como veis en el mapa, la mayor parte de la provincia la ocupa una península en las costas atlánticas de Dominicana: es la península de Samaná, cuyo nombre taíno comparte con la provincia entera y con el municipio cabecera de ésta.

Hay algo que hace de este lugar un sitio irrepetible: A la bahía de Samaná llegan cada año cientos de ballenas jorobadas a procrear: desde enero a marzo los machos cortejan a las hembras saltando y aleteando. Los que han tenido la suerte de ver este maravilloso espectáculo no lo olvidan.

Santa Bárbara de Samaná, o simplemente Samaná, es una ciudad pequeña y coqueta, con una mezcla cultural prodigiosa por lo peculiar. El paseante encontrará casas francesas coloniales que imitan a las originales -extintas- de madera, y una iglesia metodista que los locales llaman “churcha” (del inglés church), en referencia a su origen anglosajón:

Las Terrenas, a pesar de lo dicho, es mi localidad favorita de la República Dominicana. Tiene un aire europeo, medio hippy, que hace de este pueblecito un lugar divertido y agradable, lleno de lugares en los que comer, beber, bailar y descansar, y todo ello en plena naturaleza… Claro que el riesgo de que la villa acabe asolada por el turismo es muy grande, y seguramente ya imparable, al ritmo al que va la cosa. Ya se lo temen hasta los murales de la tapia del cementerio municipal:

Pero por lo menos hasta hoy, Las Terrenas es un pueblecito sin apenas asfalto, rodeado de selva y con playas espléndidas, como ésta:

Nosotros hicimos vida, como os decía, en lo alto de un monte -una loma-, en una preciosa casita digna de formar parte de una revista de arquitectura e interiorismo.

Las vistas desde arriba eran fabulosas, la piscina era estupenda y el clima muy agradable cuando no llovía -a cántaros, como suele por allí-, pero la compañía de grandes tarántulas en el dormitorio y de enormes ciempiés en el cuarto de baño acabaron por hacer mella en mi sueño, a pesar de la mosquitera con la que procuraba evitar la presencia de tales intrusos en mi cama. También tuvimos la compañía de decenas de insectos preciosos -incluída una mantis religiosa-, de simpáticos lagartitos y de varias ranitas de diverso colorido, pero de éstos no tengo queja.

Y punto, y final

Hasta aquí ha llegado el relato de nuestros días dominicanos. Me quedan algunas cosas que contar, como la pobreza de los haitianos en relación a los dominicanos, y cómo su piel más oscura de lo habitual en Dominicana los identifica en su origen. Si los dominicanos son pobres, los haitianos son paupérrimos. Alcanzar su situación es como subir un peldaño más en la escala de la injusticia.

Me gustaría hablar despacio del desastre económico en el que las largas décadas de corrupción han sumergido a los dominicanos, y del culto a la personalidad de sus gobernantes, cuyos extremos nunca se han alcanzado -ni por asomo- en la vecina isla de Cuba: hay fotografías del presidente Fernández por doquier, y en cada ciudad, pueblo y aldea hay fotos de los munícipes locales. Cada obra pública merece, por lo visto, que el que esté al cargo del Gobierno en ese momento se coloque la medalla de su mérito. Pero bueno, más vale que dejemos a quienes saben, hablar largo y tendido de la política dominicana: la oposición local de izquierdas.

También me gustaría poder contaros algo sobre los ciclones -los huracanes- y cómo influyen en la vida cotidiana de los dominicanos. Pero como os decía, en algún momento hay que cortar.

Me queda mucho por contar, pero sobre todo y naturalmente, me quedan muchas cosas por descubrir de Dominicana. Tan pronto como lo haga, las compartiré con vosotros. Ardo en deseos de volver a este país, prodigio de belleza y de feracidad, lleno de alegría y de color. Seguramente, uno de los mejores sitios del mundo. Ojalá que las cosas les vayan mejor.

Partidos y manías

En la mayor parte de las ocasiones, las cámaras legislativas que se eligen por sufragio universal presuntamente libre y secreto, tienden a reflejar las opciones que, representadas mediante al menos dos partidos políticos, tienen ideas determinadas respecto a qué hacer o qué no hacer con el país en cuestión. Frecuentemente dichas ideas son las más populares entre la población que se hace cargo de ellas y las toma como propias, o como muy parecidas a las propias. En este sentido, en la mayor parte del mundo los votantes votan a favor de algo: Básicamente, de que las cosas sigan como están o de que las cosas cambien en un sentido u otro.

En España, o en el Estado español, como prefiráis, las cosas no son así. Aquí se vota en contra: En contra del centralismo, en contra del Partido Popular, o en contra de los llamados “nacionalismos separatistas” (aunque de hecho aquí se incluyan a los nacionalismos no secesionistas, pero abiertamente en contra del españolismo). Por eso, en Madrid y en Valencia gana el Partido Popular: porque el personal vota en contra, no sólo de la presunta “amenaza” nacionalista, sino también en contra de los presuntos “aliados” de la amenaza, en este caso el PSOE. (Sí, ¡así es!)

Se vota en contra, y no a favor, porque las opciones políticas que al votante se le ofrecen no son constructivas, sino defensivas o incluso abiertamente destructivas. No se vota a un partido, sino que se vota en contra de una opción a la que se le tiene, como mínimo, manía.

Las Cortes no representan a los partidos que prefieren los votantes, sino a las manías que los votantes tienen a otros que frecuentemente ni siquiera están representados en las cámaras legislativas.

Vistas así las cosas, se entiende algo mejor la deriva del voto. O al menos, eso me parece a mí.

Todos somos Jaume

A las 11.00 horas de mañana, 4 de octubre de 2007, en el Juzgado de lo Penal número 5 de Madrid, se prevé que tenga lugar la vista oral del proceso en el que se juzgará a Jaume d’Urgell por “haber escalado la fachada del edificio público que alberga la sede de los Juzgados de lo Contencioso Administrativo [situados en la Gran Vía de Madrid], para acto seguido, arriar la bandera oficial (roja y gualda) y en su lugar, izar una bandera legítima”, en palabras del acusado. Eso ocurrió el 14 de mayo de 2006.

Y eso es todo lo que causó que d’Urgell fuera detenido y permaneciese después más de un día en un calabozo policial, del que salió en libertad provisional con cargos, y obligado a presentarse cada dos semanas en la comisaría.

En el atestado policial también se acusa a d’Urgell de haber destruido mobiliario urbano y haber insultado “a la autoridad”, además de otras imputaciones en las que el acusado niega haber incurrido. El fiscal solicita la pena de un año de cárcel y del pago de 4.000 euros de multa, además de la inhabilitación especial para el sufragio pasivo durante un año.

Me adhiero a lo que dicen en la web que se ha creado para dar apoyo a Jaume: “Por lo visto, [en España] se puede especular con el territorio, el medio ambiente, la vivienda y el trabajo, se puede jugar a geoestrategia mundial con las vidas de las personas bombardeando y masacrando pueblos inocentes, sin que esos sean hechos punibles, pero si alguien se atreve a cambiar la enseña monárquica (…) por la republicana, (…) eso sí que es constitutivo de delito penal.” No sólo es ridículo: es indignante.

Podéis firmar en su apoyo aquí.

El amanecer de Ecuador

La agrupación política encabezada por Rafael Correa, presidente de la República de Ecuador, ganó el domingo pasado de manera aplastante en los comicios para elegir la Asamblea Constituyente ecuatoriana. Es una excelente noticia para Ecuador, para América Latina, y particularmente para mí.

En su primer discurso en Quito tras la victoria, el presidente Correa dijo unas sentidas palabras, muy en la retórica que tanto les gusta a los ecuatorianos: “En esta lucha por la dignidad, por la soberanía, no estamos solos. Nos acompaña toda América Latina. Procesos similares de rebelión de todo un pueblo, al mando de gobiernos nacionalistas, soberanos y dignos, se están dando a lo largo y ancho de la región (…). Nos acompaña toda América Latina. Nos acompañan nuestros héroes americanos, como Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y los héroes nacionales Eugenio Espejo, Juan Montalvo, Manuelita Sáenz y Eloy Alfaro“.

Rafael Correa también mencionó al comandante Che Guevara “quien se entregó al máximo sacrificio por sus ideales”, y recordó que “pronto recordaremos 40 años de su inmolación, de su cobarde asesinato“. Terminó afirmando que ”el pueblo ecuatoriano está en la lucha, está de pie, ha dado una victoria determinante para la revolución ciudadana y con la Asamblea Constituyente, con esa nueva Constitución, haremos que esta patria nueva sea irreversible, haremos que definitivamente, la larga y triste noche neoliberal sea un mal recuerdo del pasado“.

A él y a su equipo les deseo suerte, fuerza, firmeza y honradez.

República Dominicana (VI): La Romana y Jarabacoa

Sigo hoy con mi serie sobre la República Dominicana. En esta ocasión os contaré algunas cosas sobre otros lugares del país en los que hemos estado además de la capital: La Romana y Jarabacoa.

Aunque como ya os dije Santo Domingo ha sido el campamento base durante nuestra estancia en la República Dominicana, hemos podido disfrutar de algunos deliciosos días de asueto en otros lugares, gracias a la generosidad de mi familia política dominicana.

La Romana

La Romana es una de las localidades más importantes de Dominicana. Da su nombre a la provincia de la que es cabecera, y se encuentra a 100 kilómetros al este de Santo Domingo:

                          

Nosotros tuvimos la oportunidad de alojarnos en un complejo vacacional de lujo llamado “Casa de Campo” cercano a la ciudad, en el que algunos millonarios de todo el mundo pasan parte de sus mullidas existencias. La pasamos bien bañándonos en la playa, tomando ron Brugal en el jacuzzi, y dando vueltas por la urbanización en un cochecito de golf eléctrico que ha sido el primer vehículo motorizado que he conducido en mi vida.

Durante los días que estuvimos en Casa de Campo tuvimos la compañía de Anita, una mujer cocola (descendiente de inmigrantes antillanos de habla inglesa) que trabaja para los dueños de la casa como cocinera (¡y qué cocinera!) y en general de chica para todo. Era discreta, sonriente, de piel oscurísima, enorme y guapa. Parecía tener mi edad, pero antes de irnos nos presentó a su hija de 30 años, para mi gran sorpresa. Aunque mi suegra vive con Norma, la mujer que hace las faenas domésticas de su casa, la relación con ella es diferente a la que tuvimos con Anita. Yo no estoy acostumbrada a eso de ”tener servicio”, y no sabía bien cómo comportarme para no molestar a esta mujer más de lo imprescindible. Hice lo que pude.

Merece la pena detenerse algo en este asunto: las familias dominicanas de clase media alta, profesionales liberales y gente más o menos bien - y asimismo a veces”de bien”, como en el caso de la familia de Ángel- pueden permitirse el lujo de tener varias personas a su servicio, y se lo permiten. Lo que en España sólo ocurre en casas de alta alcurnia es allí moneda corriente: hay mucha mano de obra disponible con ganas de trabajar y necesidad de ganarse la vida. Si los jefes son buenas personas se verán en la necesidad de cuidar de sus trabajadores de casa en la medida de lo posible, y a veces también de sus hijos: se establece con los años una relación parecida a la que se daba en Nueva Inglaterra entre los esclavos de las plantaciones y los amos paternalistas. La estratificación social de la República Dominicana es tremenda. Sólo un apunte más sobre esto: como la comida es tan cara allí, todo el mundo sabe que hay que comprar alimentos en cantidad suficiente como para que sobre y la gente de servicio pueda llevar comida a su familia. Duro, ¿eh?

Esto me recuerda el asunto de las propinas. A los empaquetadores, por ejemplo, los chicos que meten la compra en bolsas en los hipermercados, hay que darles propina. Es su única fuente de ganancias, no perciben salario alguno por su trabajo. En La Romana hablamos con algunos de ellos, que nos contaron su penosa situación laboral con la alegría habitual con la que los dominicanos cuentan las cosas. “¿En España tienen que colocar las cosas ustedes?”, nos preguntaron. Ante nuestra respuesta afirmativa uno de ellos se guaseó: “Allá la vida es más dura”.

Una de las excursiones imprescindibles en Casa de Campo, y que no nos perdimos, es ir a los Altos de Chavón, una reconstrucción de un pueblo mediterráneo en lo alto de una montañeta, el capricho de una millonaria que contiene un museo Taíno la mar de interesante, y una escuela de diseño, entre muchas otras cosas. Para mí, lo mejor de la visita era la espléndida vista del río Chavón que disfrutamos desde su mirador:

¡Oh! También estuvimos en Bayahibe, uno de los pueblos más bonitos que he visto en mi vida, lleno de preciosas y pintorescas casitas de pescadores. Ya hay unos cuantos hoteles, pero dicen que hasta el momento el turismo en Bayahibe es ecológicamente sostenible.

Jarabacoa

Nuestro segundo viaje por la isla nos llevó, de camino a Las Terrenas, a Jarabacoa. Es una localidad bulliciosa, con gentes de aspecto y acento canarios, paisajes feracísimos y un agradable clima primaveral. Se encuentra en plena cordillera Central, el conjunto montañoso más importante de la República Dominicana. Nos alojamos en un encantador chalet típicamente montañés, desde donde dimos unas vueltas por los alrededores, una delicia para los amantes de la naturaleza:

       

Hablando de naturaleza: la República Dominicana, en general, es un país muy natural. En cualesquiera parte y momento puedes encontrarte con un lagarto, un sapo, una gallina o… ay, una cacata, como llaman en Dominicana a las tarántulas. Ya os contaré mis peleas con la naturaleza desatada en Las Terrenas. Hasta entonces os dejo con este lagartito dominicano:

Objetivo: Myanmar

Desde que el tsunami de 2004 barriera las costas de Myanmar, este país asiático no había vuelto a merecer tanta atención de los medios de comunicación, como la que estos días se le presta por culpa de los acontecimientos que están ocurriendo allí actualmente. Como se sabe, desde el pasado mes de agosto las protestas pacíficas de monjes, activistas y ciudadanos ordinarios en contra de la dictadura militar, cada vez son más habituales. En esta ocasión, la revuelta comenzó tras la decisión de la Junta Militar de aumentar los precios de los combustibles, pero la discrepancia viene de lejos, y ha sido durísimamente reprimida durante décadas. Ya ha habido varios muertos y heridos, y numerosos detenidos.

El Gobierno de Myanmar es bastante salvaje: lleva una década maltratando cruelmente a la gente del este del país, donde la mayor parte de los habitantes pertenecen a la minoría étnica de los karen. Desde que en 1948 los karen se rebelaron frente a los birmanos* (etnia mayoritaria en el país entonces, y también ahora, cuando supone el 68% de la población) y tomaron la ciudad de Moulmein, la tensión entre ambos grupos no ha cesado. En la última ofensiva del ejército se han visto obligadas a abandonar su hogar unas 30.000 personas. Estos hombres, mujeres y niños huyen para evitar los trabajos forzosos, el servicio militar obligatorio, la tortura, la violación e incluso la muerte, desgracias que han afectado ya a millones de personas. Tal vez no vuelvan a su casa jamás, por miedo a pisar una de las minas que los soldados han colocado tras su huída. Los campos de refugiados en los que están obligados a vivir estos desplazados adolecen de las pésimas condiciones higiénicas y sanitarias, lo que hace que las epidemias allí sean frecuentes y muy perniciosas. Ésta es, muy resumida, la lamentable situación de muchos ciudadanos de Myanmar.

Los países más poderosos del mundo han tomado desde hace tiempo posturas diversas ante este Gobierno criminal, ninguna de ellas demasiado radical. China, por ejemplo, defiende a veces abierta y a veces tácitamente a la Junta Militar, mientras que los Estados Unidos y la Unión Europea solicitan de cuando en cuando que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fuerce un proceso de “democratización” en el país. Nada demasiado comprometedor, y no es de extrañar, puesto que la Texaco y la Total (petroleras de capital estadounidense y francés, respectivamente) han sido en numerosas ocasiones acusadas de emplear mano de obra forzosa en sus instalaciones en Myanmar, mano de obra en su mayoría procedente de esos karen detenidos por el Ejército, de los que antes os hablaba. Se trata de uno de los episodios más indignos en los que se ha visto nunca corporación occidental alguna. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), que en 2005 estimó en unas 800 mil el número de víctimas del trabajo forzoso en Myanmar, recomendó formalmente la imposición de sanciones al país, con escaso éxito.

La prensa española en general, como casi siempre, cuenta las cosas sin enterarse muy bien de lo que se está transmitiendo y copiando sin más lo que dicen las agencias estadounidenses al respecto (una vez más excepto -y permitidme que sea la segunda vez en tres días que le hago un buen comentario- la redacción del diario ”Público“, que sí ha hecho una buena cobertura de los incidentes, analizando sus orígenes y sus implicaciones): Como se ha visto, la importancia de los enfrentamientos étnicos en este conflicto, como en tantos otros, es enorme. En 1989, el Gobierno decidió cambiar el nombre del país, que hasta entonces se llamaba la República Socialista de Birmania, por el de Unión de Myanmar. De este modo se lograba dejar de aludir en exclusiva a la etnia birmana.

Curiosamente, el Gobierno de los E.U.A. decidió unilateralmente no adoptar ese nuevo nombre, y en un feísimo y nada respetuoso gesto, convino hasta la fecha en seguir hablando de Myanmar como de “Birmania”, y de los habitantes del país como “Burmese people” (en castellano “birmanos”). Con ser grave, al menos el inglés tiene otra palabra para aludir a los miembros de la etnia birmana (”Burman“) distinta del gentilicio. En castellano, sólo hay una palabra para los dos significados, lo cual debería remediarse al modo en que se arregló, por ejemplo, el caso de los malayos y los malasios.**

Aunque nuestro Gobierno sí ha aceptado el cambio de denominación, y por lo tanto en castellano se debe hablar de este país como de “Myanmar”, en la mayor parte de la prensa española se están utilizando estos días de manera indistinta e intercambiable, y como si fuera cosa de estilo, los términos “Myanmar” y “Birmania”. Es como si diera lo mismo, como si fuera una tontería. Habrá que oírlos luego hablar de “limpieza étnica” -y si no al tiempo- en “Birmania”. Es como si -por citar a un amigo al que esto le cabrea mucho- a la Alemania nazi la llamasen “Arialandia”, o algo así, mientras le criticaban a su Gobierno su odio racial. Por lo menos que se escriba o se diga “Myanmar, antigua Birmania”. No creo que cueste tanto.

Pobres habitantes de Myanmar no birmanos. Mueren y sufren por no ser birmanos, y en el mundo occidental los siguen tratando como si lo fueran.

           

* Una vez más: ¿adivináis cuándo comenzaron estos graves enfrentamientos entre birmanos y resto de etnias de Myanmar? El año de la independencia del país del Imperio Británico… sí, el imperialismo de nuevo.
** En este caso, por lo explicado, estoy también en contra del criterio del Diccionario Panhispánico de Dudas, que dice: “Aunque la denominación oficial de este país asiático ha adoptado la forma vernácula Myanmar, sigue siendo mayoritario y preferible en español el uso del topónimo tradicional Birmania [¿por qué¿], al menos en los textos de carácter no oficial. En estos últimos se recomienda recordar la denominación tradicional, junto con el nuevo nombre oficial.”