Cuánto tiempo… Y cuántas cosas que contar

En efecto, ha pasado mucho tiempo desde que actualicé por última vez este blog. Parte de la culpa la ha tenido, no lo dudéis, mi nuevo juguete internáutico, el Facebook, que me divierte mucho y concentra todo mi tiempo libre, en sus dos modalidades: el que salpica aquí y allá de mis ratos ocupados, y el que me sobra a montones, cuando tengo el lujo de encontrarme en posición de descanso.

Posición que es precisamente la que me ocupa desde que regresé de Túnez… ¿Cuándo fue eso? A finales del mes de noviembre, eso es. Hasta que volví del país magrebí -el único de los tres del área que no conocía-, e incluso una semana más tarde, no he logrado zafarme del nivel de estrés al que había llegado mi psique, por circunstancias -laborales y en cierto modo también personales- que no vienen al caso, pero que me han dejado exhausta.

Y es que desde el mes de octubre he estado en un ay, en un no parar. Creo que ya puedo decir que, más o menos, estoy tranquila y todo anda sobre ruedas.

Ahora tengo un par de planes en la cabeza y una obligación -dulce y personal, no laboral- que cumplir.

El plan más inmediato es el viaje que estoy preparando, para pasar la Nochevieja en Dublín. Y algunos días más, claro. Me hace ilusión conocer Irlanda, espero que a Ángel también.

Me preparo también para volver al blog. Lo echaba de menos.

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