¡Un domingo!

Ayer decidimos salir a comer fuera: fuimos a un restaurante ruso en la calle Yeseros, al lado del viaducto de Bailén. Lo pasamos bien y nos gustó el sitio y la comida, así que llenos de buen humor fuimos a la plaza de Oriente a tomar algo, en una de cuyas terrazas han instalado chorritos de vapor de agua, lo que hace la estancia allí algo verdaderamente delicioso. Después paseamos por Arenal, ahora peatonal, por la plaza Mayor y por la carrera de San Jerónimo. Allí decidimos parar y entrar en la Fontana de Oro para tomar algo y refrescarnos.

Dentro nos esperaba Rafa Nadal en una pantalla de televisión enorme. Su partido contra Federer se encontraba en esos momentos en el emocionante tercer set que el suizo logró ganar, para luego remontar completamente.

Llevábamos ya un buen rato viendo el partido, cuando se puso a llover en Londres. Ante la suspensión del juego, decidimos irnos a otro lado, ¡qué se va a hacer! Nunca se sabe qué pasará con la lluvia londinense: como viene, se va, ¿pero cuándo?

Así que fuimos a “Las Bravas” a tomar una tortilla con salsa, y luego a “El Abuelo” a tomar un par de raciones de gambas acompañadas de unas cañas de cerveza. Salíamos de allí en dirección hacia nuestra casa, cuando en un bar cercano vemos que el partido está terminando, y Rafael Nadal tenía una match ball. Le costó, pero consiguió el trofeo de Wimbledon.

Qué grandes jugadores, los dos. Qué partidazo.

Y con eso sí que nos fuimos ya hacia casa. Hicimos bromas sobre Rajoy: “verás como mañana dice que él es como Nadal, que le ha costado hacerse con el partido, pero al final ha obtenido lo que quería”, y sobre Zapatero: “Seguro que dice que juega así de bien al tenis porque España es un país cada día mejor”. ¿A que son capaces?

2 comentarios ↓

#1 Mercedes on 07.07.08 at 11:03 pm

¡Qué casualidad! Esta tarde he estado en la Plaza de Oriente en una de esas terrazas charlando con una amiga. Se estaba de maravilla.

Seguiré leyéndote aunque ya no vea casi a diario a Angelín.

Besos

#2 Belen on 07.08.08 at 8:18 am

Sí, ¡qué casualidad! Me alegraré de que sigas leyéndome. Un beso.

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