Ayer me dio por invitar a Omar, un joven senegalés de piel oscurísima, a tomar algo. Vino a ver si podía colocarnos alguna película pirateada: sabe que siempre procuro comprarle alguna. La verdad es que me da pena.
Quiso tomarse una Coca-Cola. También se fumó un cigarrito. Nos contó, un poco en castellano, otro poco en francés y algo en inglés, que tiene veintidós años, que llegó a Tenerife hace un año y medio en una patera que compartió con ochenta y cuatro personas, y para subirse en la cual tuvo que pagar quinientos euros (una pasta). Nos contó que tiene un hermano en Madrid que ya tiene papeles, que antes de vender CDs trabajó en Málaga, pero lo estafaron y tuvo que irse sin cobrar por su trabajo (cuánto hache de pe hay suelto por ahí), y que su intención es quedarse en España de momento, y volver algún día a Senegal con una situación económica mucho mejor que la que dejó.
También nos dijo que es musulmán, y que reza en casa. Dice que no tiene tiempo de ir a la mezquita.
En fin, nos contó muchas cosas hasta que se levantó y se fue a seguir trabajando.
Nos pareció que es un valiente, y que nosotros nos hemos criado entre algodones. Yo siempre tengo miedo, él no parece temer a nada. No me da envidia su situación, naturalmente, pero envidio su fortaleza.

2 comentarios ↓
Deséale suerte a Omar de mi parte.
¿Omar era antropófago y se te ha comido?
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