Llamada post mortem

No pude evitar oír el otro día en la tele que Zapatero había llamado por teléfono al padre de esa niña a la que parece que han asesinado -pobrecita-, para pedirle disculpas porque el presunto asesino de su hija se encontrase libre para matarla, a causa de un -asimismo presunto- error en el juzgado que entendía en una condena previa a este crimen, y que lo tendría que haber mantenido preso. Creo que le dijo que haría lo posible por “depurar responsabilidades”, que es lo que se suele decir en estos casos para decir algo y no decir nada, y tratar de quedar bien. Supongo que el presidente también aprovechó para intentar consolar a este hombre, que por otra parte parece un señor cantidad de sereno, teniendo en cuenta la tragedia que está sufriendo.

En fin. Esa llamada me chirría, por varias razones. En primer lugar, me suena a número populachero, para tratar de quedar bien con el público más que con la familia de la nena muerta. Sospecho esto sobre todo por la difusión que ha tenido el hecho de que Zapatero haya llamado al padre, y por la cantidad de información que ha trascendido. Si hubiera sido una conversación privada, tal vez no habríamos sabido apenas nada de lo que hablaron. Hacer propaganda a costa de un hecho tan desagradable me asquea. Literalmente.

En segundo lugar, esos aires de “resolvedor de problemas de la Justicia” que se da Zapatero no son propios de un presidente de Gobierno de un país democrático en cuya Constitución se reconoce la independencia del Poder Judicial. Por supuesto, dicha independencia no existe, no ha existido nunca, ni existirá, pero al menos el Gobierno debería saber que hay que disimular estas cosas.

En tercer lugar, me saben mal estos distingos a la hora de dar pésames. Si el presidente del Gobierno tuviera que andar llamando a todos los familiares de españoles desaparecidos, asesinados y muertos en accidentes, tendría que dedicar parte importante de su jornada laboral a ello, descuidando otros menesteres más propios de su cargo que hacer de teleoperador gubernamental. De modo que lo lógico es que no se haga este tipo de llamadas, que por no servir no sirven ni como consuelo a la familia de los muertos.

Y en último lugar, me resulta increíble y aborrecible que Zapatero dé por hecho que ha sido ese señor, el acusado de haber matado a la niña, el culpable de este crimen, sin esperar siquiera a una resolución judicial.

Con un presidente tan poco cuidadoso con la presunción de inocencia, no me extraña que luego el personal piense lo que piensa.

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