Semana temática de Jacques Brel

Comienzo por advertir que la música -la que me gusta- es algo fundamental en mi vida: me revive, me emociona, me divierte y me acompaña. Desde niña, acostumbro a buscar canciones que se adecuen al momento que me toca vivir o al lugar en el que estoy. En esta ocasión, y para lo que me ocupa, como banda sonora del viaje a los Países Bajos nos ha acompañado por los hermosos paisajes holandeses la emocionante canción Amsterdam, del gran, del magnífico Jacques Brel.

A cuento de esto, llevo toda la semana oyendo a Brel, y sobre todo viéndolo: es impresionante verlo desgañitarse cantando contra el Ejército de cualquier sitio, que pervierte y tortura a los jóvenes (Au suivant); es divertido cuando imita a un pobre joven enamorado al que su amada da plantón en Madeleine o a la generación de sus abuelos bruselenses en Bruxelles -que pretendían que sus descendientes fueran mejores que ellos-; resulta enternecedor cantando cosas de su tierra de origen -Bélgica- y de sus paisanos en Le plat pays (que también cantó en flamenco) , Il niege sur Liège, La bière o Marieke; no deja piedra sobre piedra cuando se ríe de los idiotas que denuncian lo que ellos mismos hacían a sus mayores cuando tenían veinte años (Les bourgeois), cuando pone en evidencia a las malas personas superficiales y asquerosas que colocan el status socioeconómico y las apariencias por encima de lo que verdaderamente debería importar (Ces gents-là), a los hipócritas (Le gaz), y cuando se pasa por el forro a todas las personas “importantes” de la sociedad burguesa, en general (Le dernier repas); y muchas, muchas veces, llega al alma con sus canciones llenas de empatía y verdad, de bondad, de sinceridad y de honradez (Le moribond, Jef, Ne me quitte pas, Mathilde, Les vieux, Seul, Quand on a que l’amour). Otras veces simplemente se rió sin piedad (y me hace reír ahora a mí) de los jóvenes “activistas” políticamente correctos (Les bonbons), o compuso preciosidades como On n’oublie rien o La valse à mille temps, verdaderas obras maestras, como la mayor parte de sus creaciones.

Cuanto más lo escucho, más ganas tengo de escucharlo, y más me gusta, y más lo admiro. Estoy en condiciones de afirmar que no conozco a otro músico como él, tan completo, tan inteligente, con tantas cosas importantes y honradas que contar y con tanta capacidad para hacer excelente música, y tan ecléctica.

Qué grande, qué enorme, el maestro Brel.

1 comentario por el momento ↓

#1 Fétido on 04.01.08 at 3:33 am

Bowie hizo una versión magistral de “Amsterdam”. Recomendable si aún no la has escuchado.
Enorme, Brel.

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