Ámsterdam y Haarlem

Sé que no está bien presumir, pero no tengo más remedio: hemos pasado unos días deliciosos en Ámsterdam, la ciudad más agradable, cómoda, liberal y limpia que hemos conocido. Nuestro hotel estaba bien situado, en el antiguo barrio judío del distrito de Centruum, a la ribera del río Amstel, cerca de la calle Utrecht -llena de pubs, cafés y coquetísimos restaurantes- que desemboca en la bulliciosa plaza de Rembrandt. Éste es el río que animó a instalarse a su lado a los primeros habitantes de la ciudad -entonces inexistente- en el siglo XII:

En nuestro primer paseo por la ciudad en la noche del jueves pasado, y una vez nos cambiamos de ropa y nos secamos el pelo -caía una lluvia muy fuerte-, atravesamos el Magere Brug (literalmente, “el puente estrecho”), una bonita obra de ingeniería del siglo XVII, reconstruida varias veces después:

Es un puente levadizo, pero no tuvimos ocasión de verlo en acción. Desde el momento en que atravesamos por primera vez el Amstel, todo fueron sorpresas agradables, prácticamente hasta que regresamos al aeropuerto. De camino a cualquier museo o lugar de especial interés turístico, prácticamente todo el paisaje urbano de Ámsterdam es una belleza: sus canales y sus característicos edificios de ladrillo hacen de estos paseos un tesoro, haga sol o llueva, truene, nieve o haga viento (todo lo cual nos ocurrió en distintos momentos).

El transporte público -metro y tranvía- es espléndido, y no hace falta ningún otro medio de locomoción para desplazarse por la ciudad, salvo las omnipresentes e imprescindibles bicicletas de paseo:

Ámsterdam es una ciudad pequeña, así que todo lo que hay que ver por la calle se puede recorrer en un par de días: De Dam, el Jordaan, los alrededores de la estación Centraal, los alrededores del Spui, los grandes canales, el barrio judío y, cómo no, el barrio Rojo. Éste último -el barrio “chino”- debe de ser el más famoso de todos, pero no es el más interesante, aunque no es feo ni desagradable, al menos durante el día, y está tan limpio como el resto de Ámsterdam.

 

No os perdáis la visita a la iglesia más antigua de la ciudad, la Oude Kerk (”iglesia vieja”), a cuyos pies se encuentra esta pequeña y curiosa escultura incrustada en el suelo, y de obvio significado para todo el que la ve:

Éste es el interior de la iglesia vieja, un sobrio templo calvinista que antes fue católico, y en el que como veis los pescadores piden protección a Dios durante sus duras travesías por el mar del Norte:

Si os gusta la pintura y la historia, disfrutaréis mucho de los dos grandes museos de Ámsterdam: El Rijksmuseum (con la “Ronda nocturna” de Rembrandt) y el museo de Van Gogh, a los que hay que dedicarles el día. Otro museo interesantísimo es el de la Historia de los Judíos de Ámsterdam, en la antigua Sinagoga Nueva de la ciudad abandonada por culpa de la barbarie nazi.

Por las noches os lo podéis pasar muy bien tomando copas en los muchos cafés y pubs que os encontraréis en el Centruum, cenando el famoso “plato de arroz” en los magníficos restaurantes indonesio-criollos que hay por todas partes, o si os place fumando un cigarro de marihuana o hachís en algún coffee-shop.

Uno o varios de los días que estéis allí debéis dedicarlo/s a hacer excursiones a algunas de las ciudades cercanas. Nosotros elegimos Haarlem, y no nos arrepentimos en absoluto. Es una ciudad tan agradable como Ámsterdam, pero más pequeña y más tranquila, con una opulenta historia propia y muchas cosas que ver (entre ellas, el museo dedicado al mejor pintor de la ciudad, Frans Hals). Nos cayó una nevada de campeonato, pero a las dos horas no quedaba ni rastro de la nieve caída. Aquí está Haarlem con nieve:

Y ésta es Haarlem sin nieve:

Lo mejor de Ámsterdam (y de Holanda) es su pasado de tolerancia y comprensión, que ha hecho que tantos millones de personas durante siglos hayan encontrado allí el cobijo que no tenían en sus lugares de nacimiento o residencia habitual. Dos espléndidos ejemplos de ello son la tolerancia religiosa y la tolerancia sexual. De esta última queda un hermoso testimonio al pie de la iglesia del Oeste en el Jordaan, el Homomonument, el monumento dedicado a todos y a todas los que han sufrido una persecución a causa de sus preferencias sexuales (es la escalinata que acaba en el canal):

Ha sido éste uno de los viajes más agradables y placenteros de nuestras vidas. Hemos aprendido mucho y hemos disfrutado más aún. Qué puedo decir: nunca olvidaré esta ciudad, espero que no cambie sino para mejorar -si eso es posible-, y volveré siempre que tenga ocasión. 

5 comentarios ↓

#1 Izaam on 03.25.08 at 5:59 am

Muy bonito, qué envidia me das.

Me pregunto si el nombre de ése pueblecito (Haarlem) tendrá relación con el nombre del famoso barrio neoyorkino (Harlem)

#2 Ángel on 03.25.08 at 7:08 am

Hola Izaam. Yo lo había dado por supuesto sin comprobarlo nunca. Parece que segín wikipedia es así
http://es.wikipedia.org/wiki/Harlem

Nueva York fue inicialmente colonizada por Holandeses y se llamaba Nueva Amsterdan. Así que lo de Harlem no es de extrañar.

Yo ya estoy deseando volver allí, a ser posible a quedarme a vivir.

#3 Belen on 03.25.08 at 8:02 am

De hecho, los que pusieron nombre a ese barrio de Nueva Ámsterdam, ¡procedían de Haarlem!

#4 Izaam on 03.26.08 at 5:53 am

Gracias a los dos, ayer no tuve tiempo de comprobarlo yo mismo, pero me parecio posible que fuese así. A mí también me gustaría visitar Amsterdam, estuve varias horas en otra capital del BENELUX (Bélgica) y me gustó bastante (aunque la cerveza que tienen por allí predispone muy positivamente *_*)

#5 socioapatia on 03.26.08 at 8:56 am

Seguramente éste verano vaya por ahí. Espero no hacerme muy devoto de las cofee shops y darme una vuelta por la ciudad, que parece que vale la pena.

P.D: Sigo sin ver “Los Falsificadores” Soy lo peor

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