Para la gente bondadosa siempre es triste asistir al sacrificio público de un inocente, más aún cuando se debe a razones nada elevadas, como el miedo a perder la posición socioeconómica alcanzada o el terror a ser desposeído de ciertos privilegios. Es el caso que me ocupa: al candidato demócrata a la Presidencia estadounidense Obama lo han obligado a desvincularse públicamente de las declaraciones de quien fue su mentor durante veinte años, y que le dio la inspiración necesaria para dedicar su vida a la política activa.
El asunto es particularmente sucio, porque el personaje sacrificado -un pastor llamado Jeremiah Wright- sólo había dicho valientes y honradas verdades en los sermones que han trascendido por culpa de la traición de Obama: en una ocasión aseguró, por ejemplo, que en los E.U.A. la minoría blanca es la que domina la escena política; otra vez comparó las masacres de Hiroshima y Nagasaki con el atentado del 11 de septiembre de 2001, recordando que el Gobierno estadounidense de entonces cometió aquella barbarie “sin siquiera pestañear”; y en muchas ocasiones ha acusado a los poderes fácticos de su país de marginar a conciencia a los afroamericanos.
Naturalmente, alguien que comparta públicamente esos puntos de vista no tiene la menor opción a llegar a ser presidente de los Estados Unidos, por eso Obama ha optado por dar la espalda a Wright, no sin afirmar al mismo tiempo que su relación personal con el pastor ha sido durante años muy profunda, lo cual no hace sino empeorar las cosas.
Y si lo de lo Obama resulta desagradable, un sistema que obliga a la gente a comportarse de esta vergonzosa manera y la recompensa por ello, sólo puede provocarme asco y rechazo.

4 comentarios ↓
A veces se hace mucho más por mucho menos.
O al revés, que uno no tiene la vara de medir.
Por eso mejor callar. Sobre todo quienes, como es mi caso, por cada paso que damos metemos la pata dos veces.
Joder, lo que no se haga por acceder al poder…
Otra cosa que me ha parecido tristísima es la rapidez y la crueldad con la que se han deshecho de Spitzer por su lío con una prostituta. Cuando era gobernador de Nueva York persiguió a los delincuentes de la Bolsa y a los especuladores como una fiera, en cambio pasará a la memoria colectiva como el político que se acostó con una puta y obligaron a dimitir. Estados Unidos da asco.
Estaré de acuerdo en que Estados Unidos da asco si aceptas en que la mayor parte del mundo da el mismo asco, y algunos sitios dan más o bastante más asco todavía, ¿qué me dices?
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