La traición de Obama

Para la gente bondadosa siempre es triste asistir al sacrificio público de un inocente, más aún cuando se debe a razones nada elevadas, como el miedo a perder la posición socioeconómica alcanzada o el terror a ser desposeído de ciertos privilegios. Es el caso que me ocupa: al candidato demócrata a la Presidencia estadounidense Obama lo han obligado a desvincularse públicamente de las declaraciones de quien fue su mentor durante veinte años, y que le dio la inspiración necesaria para dedicar su vida a la política activa.

El asunto es particularmente sucio, porque el personaje sacrificado -un pastor llamado Jeremiah Wright- sólo había dicho valientes y honradas verdades en los sermones que han trascendido por culpa de la traición de Obama: en una ocasión aseguró, por ejemplo, que en los E.U.A. la minoría blanca es la que domina la escena política; otra vez comparó las masacres de Hiroshima y Nagasaki con el atentado del 11 de septiembre de 2001, recordando que el Gobierno estadounidense de entonces cometió aquella barbarie “sin siquiera pestañear”; y en muchas ocasiones ha acusado a los poderes fácticos de su país de marginar a conciencia a los afroamericanos.

Naturalmente, alguien que comparta públicamente esos puntos de vista no tiene la menor opción a llegar a ser presidente de los Estados Unidos, por eso Obama ha optado por dar la espalda a Wright, no sin afirmar al mismo tiempo que su relación personal con el pastor ha sido durante años muy profunda, lo cual no hace sino empeorar las cosas.

Y si lo de lo Obama resulta desagradable, un sistema que obliga a la gente a comportarse de esta vergonzosa manera y la recompensa por ello, sólo puede provocarme asco y rechazo.

4 comentarios ↓

#1 anim on 03.19.08 at 6:43 am

A veces se hace mucho más por mucho menos.
O al revés, que uno no tiene la vara de medir.
Por eso mejor callar. Sobre todo quienes, como es mi caso, por cada paso que damos metemos la pata dos veces.

#2 Izaam on 03.19.08 at 6:49 am

Joder, lo que no se haga por acceder al poder…

#3 socioapatia on 03.20.08 at 10:13 am

Otra cosa que me ha parecido tristísima es la rapidez y la crueldad con la que se han deshecho de Spitzer por su lío con una prostituta. Cuando era gobernador de Nueva York persiguió a los delincuentes de la Bolsa y a los especuladores como una fiera, en cambio pasará a la memoria colectiva como el político que se acostó con una puta y obligaron a dimitir. Estados Unidos da asco.

#4 Belen on 03.25.08 at 12:13 am

Estaré de acuerdo en que Estados Unidos da asco si aceptas en que la mayor parte del mundo da el mismo asco, y algunos sitios dan más o bastante más asco todavía, ¿qué me dices?

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