Hoy toca una de viajes y de fotografías. Como algunos sabéis, hace un par de semanas pasé unos días en El Cairo, ciudad que conocí en mayo del año pasado, también por motivos laborales. Entonces pude visitar la maravillosa explanada de las pirámides y el impresionante Museo Egipcio. Recuerdo que hacía un calor serio en la capital de Egipto.
En esta ocasión el clima cairota era distinto (por las noches bajaba bastante la temperatura), y la contaminación del aire era algo más tolerable que en mi primera visita, ya que hacía sólo unos días habían caído sobre El Cairo unas fuertes lluvias que habían limpiado un poco la atmósfera. A pesar de eso, la campana de porquería que siempre cubre la ciudad era fácilmente perceptible desde la ventana de mi habitación en el hotel:

También desde este hotel, situado en una de las islas del Nilo, tenía vistas privilegiadas de mi río preferido:


Gracias a un buen amigo que trabaja para la Embajada de España en El Cairo he podido conocer esta vez algunos edificios de las magníficas herencias otomana y mameluca que quedan en Egipto, cuyos mejores y más admirables ejemplos se encuentran en el centro histórico de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, y que recibe el nombre de El Cairo Histórico. En esta parte de la ciudad, llena de madrazas, mezquitas, hamames y fuentes, muchas de las cuales por fortuna están siendo reconstruidas actualmente, se encuentran algunos de los mejores ejemplos de arquitectura musulmana, como la fachada de esta curiosa mezquita suní:

O la fachada gótica de una iglesia de San Juan de Acre, llevada a El Cairo piedra a piedra en el siglo XIII, y que desde entonces forma parte de la fachada de una mezquita:

No todo es monumentalidad en el centro histórico. También hay mucha actividad comercial, demasiado tráfico y gente por doquier. Es posible encontrarse cosas curiosas y dignas de atención, como esta huella de manos en la puerta del taller de un ebanista, que recuerda que aún hoy los musulmanes cairotas manchan sus manos de sangre en la fiesta del cordero para decorar con ella sus fachadas y ahuyentar así el mal fario:

Al lado de El Cairo histórico está uno de los barrios más entretenidos y cautivadores de la ciudad, el zoco de Jan el Jalili, lleno de tiendas y de establecimientos de comida y bebida, extremadamente bullicioso y muy, muy turístico. En uno de sus cafés, El-Fishawi (de los espejos), abierto las 24 horas desde hace 200 años, escribió casi toda su obra el escritor cairota Naguib Mahfud. Ésta es una de las puertas que se alzan en el zoco:

Tengo ganas de volver a El Cairo, pero la próxima vez procuraré estar allí sólo de pasada, de camino a Luxor, uno de mis destinos soñados.
2 comentarios ↓
Lo veo. No has visitido Egipto. No mas sus hôteles y sus lugares de turistas.
Claro, Jamel, sólo he estado unos días, he hecho lo que he podido, qué más quisiera yo que haberme quedado más. No es culpa mía, hombre, no me lo reproches.
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