“Hemos llegado hasta aquí sin matar a nadie, así que supongo que podemos desearos Feliz Navidad”: así comenzaba el mensaje que Ángel y yo enviamos a nuestros amigos más queridos y a nuestros familiares alejados. Lo cierto es que para mí el año que termina ha sido movidito y estresante, pero mucho menos de lo que lo fue 2006, y mucho más agradable en otros sentidos. También más fructífero e interesante.
Así que, para celebrarlo, nos vamos a París los dos, a vivir en esa hermosa ciudad el tránsito entre un año y otro.
Os contaré a la vuelta. Sed felices.
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