No se puede olvidar

“Es mejor olvidar.” “¿Por qué siempre hay que estar recordando lo mismo?” “Hay que dejar de dar vueltas sobre el mismo tema.”

Frases como las anteriores se oyen muy frecuentemente en España, tan pronto como alguien hace alguna alusión a las atrocidades de la guerra civil de 1936-39, y/o a la posterior represión generalizada por parte de los vencedores. Y no salen sólo de la horda de derechistas cínicos que defienden las tropelías de sus antepasados amparándose en la hipocresía, sino también de muchas gentes de bien, personas decentes, hombres y mujeres que probablemente sufrieron en su carne y en la de sus allegados las consecuencias de la era franquista, en un grado u otro. La culpa de esta timorata actitud la tienen precisamente el miedo y la represión, la educación recibida y los efectos a largo plazo de crecer en una sociedad franquista o post-franquista. No me canso de repetirlo: la mayor parte de los españoles, independientemente de la edad que tengamos, somos víctimas del franquismo, en una u otra medida. A casi todos nosotros nos ha hecho un daño profundo la dictadura fascista, tal vez reparable, pero de hondas consecuencias en todos los casos.

Cuando se dice que “hay que olvidar” se obvia el hecho de que no es posible olvidar lo que no se conoce. Se pasa por alto el hecho de que no sólo no se ha juzgado a nadie por los innumerables crímenes cometidos durante la guerra y la dictadura franquista (tampoco se juzgaron en su día los supuestos “crímenes rojos”, ya que los fascistas destruyeron el sistema judicial existente y no crearon uno que lo sustituyera para los efectos), sino que la mayor parte de la población ni siquiera tiene noticia de muchos de los crímenes cometidos.

Es el caso de los niños robados a los republicanos. Igual que ocurrió en Argentina y en Chile, el Gobierno fascista español secuestró a miles de niños y niñas, hijos de republicanos -en muchos casos, por la vía del asesinato de los progenitores-, para darlos en adopción a familias “afectas” al régimen, hacer que ingresaran en órdenes religiosas o sencillamente torturarlos durante años en los centros caritativos del Estado franquista gobernados y gestionados por falangistas. También es el caso de los miles de niños muertos de hambre, miseria y enfermedad, en las cárceles en las que malvivían sus madres. O el de miles de ancianos, mujeres y niños encerrados en cárceles como rehenes, hasta que aparecieran sus familiares huídos, circunstancia que en muchos casos se prolongó durante años.

Es el caso también de los miles de hombres que fueron obligados a trabajar en régimen de esclavitud para las compañías afectas al régimen (entre las que figuran Dragados y Cementos Portland, y todas las empresas del amigo íntimo de Franco, José Banús), que construyeron durante agotadoras jornadas, en infernales condiciones y a cambio de apenas nada, un gran número de obras públicas, como presas, carreteras, vías férreas, urbanizaciones, e incluso la canalización del río Guadalquivir (v. “Esclavos por la patria“, de Isaías Lafuente). Muchos de estos presos así condenados a trabajos forzosos murieron de agotamiento, desnutrición y enfermedad mientras enriquecían a los afortunados que disponían prácticamente gratis de su fuerza de trabajo. Los reos redimían sus almas pecadoras por esa vía, como explicaban los portavoces del Patronato Central de Nuestra Señora de la Merced para la Redención de Penas por el Trabajo. Y lo hacían en campos de trabajo, exactamente igual que en la Alemania nazi.

Es el caso también de los cientos de miles de hombres y de mujeres que sufrieron durante décadas el horror de las cárceles franquistas, hediondas, tétricas, aterradoras, mugrientas, medievales. En esos horribles centros de detención en los que era inevitable caer enfermo por culpa de la alucinante insalubridad, las plagas de parásitos y la desnutrición, todo el trato que se dispensaba a los reclusos era vejatorio y cruel. Además del maltrato físico habitual, durante años hubo “sacas” nocturnas cotidianas, recogida de los presos y presas para fusilar a la madrugada siguiente, lo que constituye una de las peores formas de tortura, no sólo para los asesinados, sino para toda la prisión reclusa.

Es el caso también de los miles de presos que salían a la calle tras pasar años en esas prisiones horribles, y que se encontraban tirados en un país enfermo, empobrecido, huraño, receloso, y en el que les era complicadísimo encontrar trabajo y rehacer su vida, ya que el Estado franquista consiguió hacer pasar a los defensores del orden democrático por vergonzosos malhechores y feroces delincuentes.

También es el caso de los miles de familias que quedaron destruidas por la guerra y la posguerra, y cuyos miembros nunca más volvieron a encontrarse.

Es el caso asimismo de los miles de refugiados de guerra que sufrieron unas condiciones inauditas de hacinamiento, maltrato, vejaciones, hambre y desatención absoluta por parte del Gobierno fascista de Vichy, que entregó a Franco a miles de republicanos, a sabiendas de que su destino era la tortura y la cárcel, y en muchos casos la muerte inmediata. En su traslado también se usaban los vagones de mercancías, como en la Alemania nazi.

Y todo esto, además de los miles de fusilados durante la guerra y después de la toma de “los últimos objetivos” de los fascistas; los cientos de miles de muertos y heridos por los bombardeos sobre población civil; las miles de mujeres torturadas y vejadas por unir su condición femenina a la de ser defensoras de la República legítima; los miles de exiliados; los cientos de miles de personas e instituciones que sufrieron incautación de sus bienes (robo) y violación de su correspondencia y su privacidad; los millones de niños educados durante décadas en la mentira, el miedo, el odio y la violencia; etc.

No se puede olvidar sin conocer, y en general no se conoce hasta qué punto llegaron los estragos de los fascistas en España. Y tengamos en cuenta que los culpables de todos los crímenes cometidos en una guerra son los que la inician. Así que calculad la de cosas que tenemos que conocer, para luego intentar olvidarlas.

0 comentarios ↓

There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.

Deja tu comentario