Melancolía histórica en la cumbre

Puede que sean los efectos de los medicamentos que estoy obligada a tomar para combatir la lumbalgia aguda que sufro desde hace unos días. No lo descarto, pero el hecho es que la bronca de la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile me ha sumido en una espiral de cruel melancolía.

Se trata de uno de los episodios más tristes de la historia reciente, y uno de los más vergonzosos de los que he tenido noticia. Se equivocó Hugo Chávez al colocar en una situación tan incómoda a Zapatero, de manera gratuita, y en un marco absolutamente impropio. Se equivocó también al obligar al resto del auditorio a presenciar la bronca dialéctica que se montó, y la bochornosa actitud del Jefe del Estado español, cuyos equilibrio y salud mentales están en boca de muchos.

Todo es cierto, pero la culpa de Chávez palidece ante el indigno trabajo de calentamiento de los mamarrachos golpistas que componen la CEOE (y no me refiero sólo a su actuación en el golpe de Venezuela, sino a su actitud general ante todo) y del anterior presidente del Gobierno español, ese ser que nunca debió dejar su pueblo natal, ese fantoche iluminado llamado Aznar. No contentos, éste y los otros, con saberse probados partícipes -así sea en calidad de auspiciadores y/o sabedores- de un golpe de Estado que puso en serio peligro la vida del presidente electo Chávez, así como la democracia en Venezuela, y que colocó en grave riesgo la vida y la integridad física de cientos de miles de personas, no satisfechos con eso, tienen además y respectivamente, el cuajo y la desvergüenza de calificar de “dictador” a Chávez (Aznar) y el inexplicable relajo de hablar de “preocupante inseguridad jurídica” en Venezuela, Bolivia y Ecuador (Gerardo Díaz Ferrán, el presidente de la CEOE).

Es lógico que a Chávez la catadura de estas gentes se le atragante, ¿no os parece? Y conociendo el carácter del venezolano, hasta parece poca cosa la que se ha liado.

Este incidente no ha hecho sino poner en evidencia una serie de cosas que muchos ya sabíamos: 1) Que las empresas españolas y sus representantes (en este caso, la CEOE), están poseídas y/o dirigidas por gentes de interior patibulario, maneras franquistas, aspecto cateto, aspiraciones neocoloniales y una insaciable sed de beneficios; 2) que Juan Carlos I sólo se pone chulesco, borbónico, mandón y soberbio -en público- cuando se pone en duda el modus operandi de la empresa española (que es de donde mayormente saca la pasta el Jefe del Estado español, naturalmente bajo cuerda), ya que sólo decidió levantarse cuando Daniel Ortega criticó la aberrante actuación de Unión Fenosa en Nicaragua; 3) que Zapatero a veces resulta bobo de exhibición y hasta da un poco de pena, el pobre (”hay que defender a un compatriota”… ¡Por favor!); y 4) que aquí y en casi todo “allá”, quienes mandan y mangonean son los empresarios y los banqueros, los dueños del capital, que sólo toleran un trato: el de la completa, total y absoluta sumisión a sus actuaciones y a su ansia de beneficios. Todo lo demás les parece “preocupante” e “inseguro”.

En fin.

Para aliviar y por desengrasar, os dejo con las tomas falsas de la salida de tono de Juancar, según los autores de este blog:

¡Qué cruz!

             

Os dejo un enlace a un artículo de Pascual Serrano sobre el incidente. Discrepo en alguna cosa, pero estamos básicamente de acuerdo en casi todo.

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