Póngame mitad de cuarto de ambiente, señor Gore

Igual que ha hecho Pako con su blog, y siguiendo su pista, me he adherido a la iniciativa de esta web: se trata de que los blogueros que lo deseemos publiquemos algo acerca del medio ambiente.

Como la web no aclara si lo que debe publicarse ha de ser a favor o en contra de dicho medio ambiente, o si se trata de hablar de la biosfera en general o de algún ecosistema en particular, supongo que se trata de una acción de tema libre.

Y así me lo tomo. La verdad es que me viene bien el acicate cibernáutico, porque en tal día como hoy -antes de saber de esta acción bloguera- quería hablar de Al Gore, de su campaña acerca de los peligros del calentamiento global, y del reciente premio Nobel de la paz que la Academia sueca le ha concedido, entiendo que por dicho mérito. Dejo de lado generosamente los crímenes contra la humanidad que Gore cometió en su etapa de vicepresidente de los E.U.A., y que son verdaderamente incompatibles con el hecho de merecer un galardón por méritos en favor del pacifismo, pero no puedo dejar de manifestar mi asombro por esta condecoración, a mi entender inmerecida e inexplicable, atendiendo exclusivamente a criterios relacionados con la labor “ecologista” de Al Gore.

Es cierto que el premio Nobel de la paz es un reconocimiento ecléctico, que en la práctica se utiliza muchas veces como un cajón de sastre para premiar actitudes variopintas que merecen una recompensa, desde el punto de vista de la Academia sueca. De eso no me quejo: lo que me preocupa es que se le otorgue la misma importancia al espectáculo ecológico de Gore que a los progresos de los investigadores del Panel de Cambio Climático de las Naciones Unidas, que han recibido ex aequo el Nobel, y cuyas conclusiones acerca de las consecuencias del cambio climático y el crecimiento demográfico son mucho más rigurosas que las que Gore muestra en su filme “Una verdad incómoda”, de contenido ampliamente discutido en la comunidad científica, y cuyo título no se ajusta a la realidad: hay muchas voces discordantes que discrepan con que dicha verdad sea tan “incómoda”, al menos para los poderosos.

Se diría, y hay quien lo dice, que hacer tanto hincapié y tan rabioso en este asunto es sospechoso y oculta varias trampas de las que más vale escapar cuanto antes. Para despejar dudas al respecto, hay varias preguntas que hay que plantear y cuyas respuestas son importantes: ¿Es cierto que hay un calentamiento global? Sí, casi nadie lo niega. ¿Se han producido alguna vez en la historia del planeta otros sucesos similares? Sí, se han producido: es un fenómeno cíclico. ¿Cuál es el problema, entonces? Que el período inter-calentamientos se ha reducido. ¿La causa del calentamiento global es la emisión de CO2 a la atmósfera? No únicamente. ¿Hay algún otro problema que ataña seriamente a la humanidad y a los demás seres vivos del planeta, y cuyas consecuencias puedan hacerse efectivas antes de las consecuencias del cambio climático? Sí, hay muchos otros problemas de índole medioambiental que ya están causando desastres sin cesar, cientos de miles de fallecimientos y otras desgracias, una situación que en el futuro y si no se remedia, sólo puede empeorar. 

Gore no habla de la desertización, el agotamiento de los recursos naturales, el exterminio de especies animales y vegetales a causa de la explotación exhaustiva de la naturaleza, el deterioro de los parajes naturales, la contaminación provocada por la industria, el desastre que suponen las guerras, y tantos otros atentados contra el planeta que sí tienen una solución inmediata que necesitamos poderosamente.

Algunos científicos críticos como Bjørn Lomborg (el organizador del Consenso de Copenhague, autor de “El ecologista escéptico” y asimismo diana de numerosas críticas), dicen algunas cosas de interés en las que merece la pena detenerse para reflexionar críticamente: “La cantidad de gente que padece de hambre depende mucho menos del clima que de la demografía y los ingresos. Recortes extremadamente costosos de las emisiones de carbono podrían derivar en que haya más gente desnutrida. Si nuestro objetivo es combatir la desnutrición, políticas como proporcionar nutrientes a quienes los necesitan son 5.000 veces más efectivas a la hora de salvar vidas que gastar miles de millones de dólares recortando las emisiones de carbono. De la misma manera, el calentamiento global tal vez aumente mínimamente la malaria, pero las reducciones de CO2 serán mucho menos efectivas a la hora de combatir esta enfermedad que los mosquiteros de red y la medicación, que, por poco dinero, pueden salvar 850.000 vidas por año. En cambio, el costoso Protocolo de Kyoto impedirá apenas 1.400 muertes de malaria anualmente. Mientras nos preocupamos por los efectos lejanos del cambio climático, no hacemos nada para enfrentar las cuestiones que afectan al planeta hoy. Este año, la desnutrición matará a casi cuatro millones de personas. Tres millones de vidas se perderán en manos del VIH/SIDA. Dos millones y medio de personas morirán por contaminación ambiental bajo techo y al aire libre. Una falta de micronutrientes y agua potable se cobrará dos millones de vidas cada una. Cuando la atención y el dinero escasean, lo que importa es abordar primero los problemas con las mejores soluciones, haciendo el mayor bien posible a lo largo de todo el siglo. Si nos concentramos en resolver los problemas de hoy, fortaleceremos a las comunidades, las economías serán más vibrantes y las infraestructuras, más robustas. Esto les permitirá a estas sociedades enfrentar mucho mejor los problemas futuros -incluso el calentamiento global-.”

Puede que Lomborg se equivoque, pero, ¿es que nos vamos a poner del lado de la Coca-Cola y el presidente de los E.U.A. sin siquiera poner en duda el discurso oficial sobre el calentamiento global? No me voy a poner pesada con el cuarto de millón de dólares que cobra Al Gore con cada conferencia que da sobre este asunto, pero, ¿no es evidente que él y otros han hecho un negocio particular de un problema -presuntamente- común?

Ahora, para acabar de enturbiar el asunto y sembrar aún más dudas en el público, le otorgan inexplicablemente un premio Nobel de la paz a Al Gore. Si lo que pretende así la Academia sueca es premiar la defensa del Medio Ambiente, se ha equivocado. Si lo que pretende es festejar el entusiasmo con el que este converso ha abrazado la nueva fe, entonces ha acertado. Pero que no pretendan que todos nos traguemos esta enorme “verdad incómoda” sin pestañear, porque estamos muy escaldados, y hay superpoblación de plumeros que asoman por doquier.

Termino con una recomendación. Echad un vistazo si podéis a este artículo acerca del pernicioso dúo que formaron Clinton y Gore en la Casa Blanca: ”De la verdad incómoda a la incomodidad de la verdad“, por Alfonso del Val.

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