República Dominicana (VI): La Romana y Jarabacoa

Sigo hoy con mi serie sobre la República Dominicana. En esta ocasión os contaré algunas cosas sobre otros lugares del país en los que hemos estado además de la capital: La Romana y Jarabacoa.

Aunque como ya os dije Santo Domingo ha sido el campamento base durante nuestra estancia en la República Dominicana, hemos podido disfrutar de algunos deliciosos días de asueto en otros lugares, gracias a la generosidad de mi familia política dominicana.

La Romana

La Romana es una de las localidades más importantes de Dominicana. Da su nombre a la provincia de la que es cabecera, y se encuentra a 100 kilómetros al este de Santo Domingo:

                          

Nosotros tuvimos la oportunidad de alojarnos en un complejo vacacional de lujo llamado “Casa de Campo” cercano a la ciudad, en el que algunos millonarios de todo el mundo pasan parte de sus mullidas existencias. La pasamos bien bañándonos en la playa, tomando ron Brugal en el jacuzzi, y dando vueltas por la urbanización en un cochecito de golf eléctrico que ha sido el primer vehículo motorizado que he conducido en mi vida.

Durante los días que estuvimos en Casa de Campo tuvimos la compañía de Anita, una mujer cocola (descendiente de inmigrantes antillanos de habla inglesa) que trabaja para los dueños de la casa como cocinera (¡y qué cocinera!) y en general de chica para todo. Era discreta, sonriente, de piel oscurísima, enorme y guapa. Parecía tener mi edad, pero antes de irnos nos presentó a su hija de 30 años, para mi gran sorpresa. Aunque mi suegra vive con Norma, la mujer que hace las faenas domésticas de su casa, la relación con ella es diferente a la que tuvimos con Anita. Yo no estoy acostumbrada a eso de ”tener servicio”, y no sabía bien cómo comportarme para no molestar a esta mujer más de lo imprescindible. Hice lo que pude.

Merece la pena detenerse algo en este asunto: las familias dominicanas de clase media alta, profesionales liberales y gente más o menos bien - y asimismo a veces”de bien”, como en el caso de la familia de Ángel- pueden permitirse el lujo de tener varias personas a su servicio, y se lo permiten. Lo que en España sólo ocurre en casas de alta alcurnia es allí moneda corriente: hay mucha mano de obra disponible con ganas de trabajar y necesidad de ganarse la vida. Si los jefes son buenas personas se verán en la necesidad de cuidar de sus trabajadores de casa en la medida de lo posible, y a veces también de sus hijos: se establece con los años una relación parecida a la que se daba en Nueva Inglaterra entre los esclavos de las plantaciones y los amos paternalistas. La estratificación social de la República Dominicana es tremenda. Sólo un apunte más sobre esto: como la comida es tan cara allí, todo el mundo sabe que hay que comprar alimentos en cantidad suficiente como para que sobre y la gente de servicio pueda llevar comida a su familia. Duro, ¿eh?

Esto me recuerda el asunto de las propinas. A los empaquetadores, por ejemplo, los chicos que meten la compra en bolsas en los hipermercados, hay que darles propina. Es su única fuente de ganancias, no perciben salario alguno por su trabajo. En La Romana hablamos con algunos de ellos, que nos contaron su penosa situación laboral con la alegría habitual con la que los dominicanos cuentan las cosas. “¿En España tienen que colocar las cosas ustedes?”, nos preguntaron. Ante nuestra respuesta afirmativa uno de ellos se guaseó: “Allá la vida es más dura”.

Una de las excursiones imprescindibles en Casa de Campo, y que no nos perdimos, es ir a los Altos de Chavón, una reconstrucción de un pueblo mediterráneo en lo alto de una montañeta, el capricho de una millonaria que contiene un museo Taíno la mar de interesante, y una escuela de diseño, entre muchas otras cosas. Para mí, lo mejor de la visita era la espléndida vista del río Chavón que disfrutamos desde su mirador:

¡Oh! También estuvimos en Bayahibe, uno de los pueblos más bonitos que he visto en mi vida, lleno de preciosas y pintorescas casitas de pescadores. Ya hay unos cuantos hoteles, pero dicen que hasta el momento el turismo en Bayahibe es ecológicamente sostenible.

Jarabacoa

Nuestro segundo viaje por la isla nos llevó, de camino a Las Terrenas, a Jarabacoa. Es una localidad bulliciosa, con gentes de aspecto y acento canarios, paisajes feracísimos y un agradable clima primaveral. Se encuentra en plena cordillera Central, el conjunto montañoso más importante de la República Dominicana. Nos alojamos en un encantador chalet típicamente montañés, desde donde dimos unas vueltas por los alrededores, una delicia para los amantes de la naturaleza:

       

Hablando de naturaleza: la República Dominicana, en general, es un país muy natural. En cualesquiera parte y momento puedes encontrarte con un lagarto, un sapo, una gallina o… ay, una cacata, como llaman en Dominicana a las tarántulas. Ya os contaré mis peleas con la naturaleza desatada en Las Terrenas. Hasta entonces os dejo con este lagartito dominicano:

1 comentario por el momento ↓

#1 MARIA ALEJANDRA RAMIREZ on 12.31.08 at 7:01 am

es el lugar soñado donde pasaria los ultimos dias demi vida quisiera saber como hacer para estar con estadia sin recorridos y en la casa de una familia ya que tal vez viaje sola no hablo ingles solo castellano muchas gracias alejandra

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