Comienzo hoy por confesar un par de cosas: 1) Odio el racismo y a los racistas con toda el alma; y 2) los Mc Cann, los padres de la niña Maddie desaparecida, me caen muy gordos. Aunque estas confesiones parecen no tener que ver entre sí, en realidad son fundamentales para entender por qué, a estas horas de la mañana, me hierve la sangre al acordarme de una supuesta “prueba” de que la niña Maddie estaría viva, presuntamente secuestrada en Marruecos.
No me lo creo. Es verdad que tengo ganas de que pillen a los Mc Cann en un renuncio. Lo reconozco, es así. Desde el primer momento en que supe de la desaparición de la niña me han resultado sospechosos, y nunca me gustó eso de que dejasen solos a sus tres hijos, tan jovencitos, para irse a tomarla con sus amigos. Lo que me acabó de resultar repelente de la pareja es su afición a visitar curas e iglesias. Pero independientemente de eso, cualquier mente crítica se da cuenta de que la presunta “prueba” de que la niña ha sido secuestrada, no es tal. Y lo que es peor, destila una insoportable cantidad de racismo a la española, del más castizo. Que, para mi vergüenza, ha traspasado fronteras.
Resulta que una señora española, una persona “de orden” a juzgar por la emisora radiofónica a la que contó su experiencia (la COPE), se dio un garbeo hace poco por el Rif (en tamazight, Arif y en árabe, الريف), una hermosa región del norte de Marruecos cuya historia está fuertemente entrelazada con la de España. Dicha señora vio desde su coche a una familia de campesinos que andaba por el arcén de la carretera. Enseguida -dice ella- le llamó la atención que la mujer mayor del grupo llevase a su espalda (al modo tradicional con que las rifeñas transportan a sus hijos pequeños) a una niña rubia. “Qué raro”, se dijo, “voy a sacarles una foto para llevársela a la policía”.
La fotógrafa casual pensó que esa niña podía ser Madeleine Mc Cann: ¿Qué otra cosa explicaría, si no, que ande una niña rubia con una familia de marroquíes?
Pues, señora -y resto de la opinión pública-: su ignorancia la ha traicionado, buena mujer. No hay absolutamente nada de extraño en que un rifeño tenga el pelo claro y los ojos verdes. Sé que no lo sabe, señora, y es una pena, pero no todos los marroquíes son negros ni todos tienen la piel más oscura que la suya (lo cual por cierto es una ventaja en todos los aspectos). Desconoce usted, y yo lo lamento, que los rifeños de toda la vida, los que estaban allí antes de la invasión árabe, tienen la piel clara, los ojos azules, grises o verdes, y el pelo rubio o pelirrojo. Probablemente tengan un aspecto similar al de Madeleine Mc Cann y sus padres. De hecho, señora, es muy probable que a usted la tomen por marroquí en comparación a estas dos niñas rifeñas cuya fotografía me ha enviado Marieta Zaloña:

Me cabrea esta señora que le cuenta orgullosa su “descubrimiento” a la COPE. Pero me cabrea mucho más el hecho de que la prensa española le haya hecho tanto caso. Espero no tener que volver a oír insinuaciones acerca del presunto racismo de los Mc Cann hacia la sociedad portuguesa, porque el racismo español es por lo menos igual de execrable.
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