Abril nació como esperanza
a treinta y tantos años de Trujillo
se abrieron bocas que callaban
las voces de Santo Domingo.
Quedó dormido en sus montañas
un ángel fuera del rebaño.
Lo despertaron las pestañas
que cerraban a Caamaño
(”Cita con ángeles”, José A. Rodríguez / Silvio Rodríguez)
Una vez muerto el dictador Trujillo, pudo regresar a la isla desde su exilio Juan Bosch, el fundador del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Bosch había sido un ferviente opositor a Trujillo desde su exilio de más de veinte años, y sus promesas de reformas sociales conquistaron el voto de la mayoría de los dominicanos. En 1963 fue promulgada una Constitución que establecía avances sociales y políticos como las libertades de opinión, de culto y de asociación, el derecho a la vivienda y la igualdad legal entre los hijos nacidos dentro y fuera de los matrimonios; además, se ilegalizaron los monopolios y los latifundios. Todo ello fue demasiado para la oligarquía local: a los siete meses de gobierno, Bosch fue depuesto por un golpe de Estado militar, que derogó la Constitución y nombró a un triunvirato para presidir el país. Bosch regresó al exilio.
En abril de 1965 un grupo de militares constitucionalistas dieron un contragolpe de Estado para retornar a la legalidad de 1963, pero -y a pesar de contar con un amplio respaldo popular- los militares golpistas reaccionaron de inmediato, bombardeando y ametrallando el Palacio Presidencial de Santo Domingo, en el que los constitucionalistas ya habían instalado al Dr. Molina Ureña como nuevo presidente provisional de la República. Entonces el embajador estadounidense -cuyo Gobierno desde el principio apoyó el golpe de Estado reaccionario- advirtió a Francisco Caamaño (uno de los líderes militares constitucionalistas) de que él y los suyos debían rendirse de inmediato. (En la foto inferior, Bosch y Caamaño:)

A los dos días, el presidente Lyndon B. Johnson acusa a la revolución constitucionalista de “comunista”, y ordena el desembarco de 42.000 marines en Santo Domingo. Comienza la segunda ocupación estadounidense, y la resistencia popular constitucionalista.

El 15 y 16 de junio de 1965, las tropas estadounidenses atacaron de la manera más dura a la zona constitucionalista de la capital dominicana. Caamaño, que para entonces ya había asumido el cargo de presidente provisional, declaró que el ataque norteamericano era “un genocidio sin precedentes en la historia del país; contamos ante el momento 67 muertos entre hombres, mujeres y niños, y unos 165 heridos, y aún faltan personas que deben estar muertas en sus casas por las bombas de mortero”. El pueblo y los militares leales resistieron hasta el 30 de agosto de 1965, día en que se firmó un acuerdo tutelado por los Estados Unidos en el que se acordaba la celebración de elecciones presidenciales para el año siguiente. El 3 de septiembre Héctor García Godoy asumió la Presidencia Provisional, y Francisco Caamaño renunció públicamente a su cargo ante miles de dominicanos, que escucharon su emotivo discurso de despedida: “Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos.”
El 1 de junio de 1966, con las tropas de ocupación aún en Santo Domingo, se celebraron unas nuevas elecciones que ganó Joaquín Balaguer (ya presidente con Trujillo). El Gobierno estadounidense, satisfecho esta vez con el resultado, ordenó el regreso de los marines. Desde Londres, Caamaño afirmó que la presencia militar estadounidense tenía “que haber influido obligatoriamente en las elecciones. No puede haber elecciones libres en un país ocupado por tropas extranjeras”. Muchos ciudadanos dominicanos opinaban lo mismo: las manifestaciones públicas condenando la elección fraudulenta de Balaguer fueron duramente reprimidas.
Balaguer fue desde entonces el sempiterno presidente de la República Dominicana: gobernó otros veintidós años el país, en dos períodos de doce y diez años respectivamente. Sus años de Gobierno se caracterizaron por la represión política y los crímenes de Estado (se dice que es responsabilidad suya la muerte de unos 3.000 dominicanos disidentes), el enriquecimiento de unos pocos y la pauperización de la gran mayoría de la población dominicana, el hiperdesarrollo de la industria de la construcción y una fuerte inversión en obras públicas.
A pesar de todo ello, gobernó hasta el año 1996, en el que junto a su antes rival Juan Bosch (quien por entonces ya tenía síntomas del mal de Alzheimer) dio su apoyo a Leonel Fernández, actual presidente de la República, y principal responsable de la pésima situación en la que viven la mayor parte de los dominicanos.


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