República Dominicana (II): La ocupación castellana

Ayer os decía que la República Dominicana me parece una nación singular. Traté de ilustrar someramente el porqué de esta opinión; hoy os resumiré parte de la historia dominicana, la de los siglos de ocupación castellana.

Antes de la llegada de Cristóbal Colón y su expedición a la isla de Quisqueya (más tarde conocida como La Española), ésta estaba habitada por unos 350.000 aborígenes, la mayoría de origen arauaco (uno de los pueblos americanos más extendidos), cuyos antepasados eran inmigrantes llegados de la desembocadura del río Orinoco y las Guayanas. Cuando los de Colón se encontraron con algunos de ellos, éstos se presentaron como taínos (”hombres buenos”), para diferenciarse de los caribes, un pueblo de gentes violentas y de costumbres caníbales a las que los taínos temían, y de cuyos ataques periódicos se defendían como podían.

                      

Los taínos vivían en una sociedad sin apenas clases y sin propiedad privada, en la que se consumía prácticamente todo lo que se producía. Practicaban el trueque con los indígenas residentes en la isla de Cuba. Tenían una mínima jerarquía social, en cuya más alta posición se situaba un cacique o jefe militar y encargado de la intendencia y la distribución del trabajo. Los behíques o brujos curaban a los enfermos y dirigían las ceremonias religiosas: la más importante de éstas era el rito de la cohoba, durante la que el cacique y los nobles esnifaban polvo de dicha planta alucinógena mezclada con tabaco, con el fin de establecer una comunicación mística con los cemíes, sus dioses o espíritus protectores. Estos cemíes eran representados frecuentemente por medio de trigonolitos, pequeñas figuras de tres puntas hechas en piedra, como ésta:

Estas gentes buenas y pacíficas sufrieron, como los otros grupos de indígenas habitantes de la isla (caribes, ciboneyes, ciguayos y macorixes), uno de los genocidios más brutales de la Historia por parte de los conquistadores castellanos. Las horribles torturas que padecieron, el espantoso maltrato que sufrieron, la inanición y la desnutrición, las enfermedades, los agotadores trabajos físicos, las mutilaciones, y los numerosísimos, constantes, crudelísimos y arbitrarios asesinatos, acabaron prácticamente con todos los habitantes indígenas de Quisqueya en seis décadas, como denunció el dominico castellano Bartolomé de las Casas en su famoso informe sobre el tema al futuro Felipe II de España, librito por cierto cuya lectura os recomiendo, a pesar de lo durísimo que resulta (y eso que sufrió una severa censura). Otros dominicos, como Antonio de Montesinos, denunciaron también y públicamente el exterminio del pueblo indígena.

Aunque no hubo una resistencia generalizada a la invasión de la isla, sí hubo algunas revueltas de indígenas. Unas fracasaron, como la liderada por el cacique cibaeño Caonabo (que fue capturado y murió en el barco que lo iba a trasladar a Castilla como prisionero), y alguna triunfó, como la que dirigió Enriquillo (Guarocuya), un noble taíno educado por los frailes dominicos, que consiguió gracias a su rebeldía vivir algunos años en libertad junto a su esposa, otros taínos y algunos africanos que huyeron de la esclavitud y que se adhirieron a su causa.

Mientras todo esto sucedía, al sudoeste de la isla crecía rápidamente la primera ciudad “europea” del continente (llamada por ello ciudad primada de América), Santo Domingo de Guzmán, fundada por Bartolomé Colón, hermano del almirante. En poco tiempo, en Santo Domingo se construyó una catedral, un alcázar, varios palacios y monasterios, algunas iglesias y una fortaleza a orillas del río Ozama, además de numerosos edificios que aún hoy resisten bien el paso del tiempo, y que tienen el inconfundible aire del Renacimiento castellano:

Durante el siglo XVI partieron desde Santo Domingo muchas expediciones a otras partes de América, lo que unido a las riquezas minerales de la isla y al sistema de las plantaciones azucareras, hizo que la colonia fuera una importante fuente de ingresos para la metrópoli castellana. Estas riquezas y estos beneficios se obtuvieron mediante cantidades ingentes de dolor, desdicha, sufrimiento y muerte de cientos de miles de personas. Además del genocidio indígena ya mencionado, Quisqueya fue el lugar en el que se produjo otro detestable crimen contra la humanidad: el secuestro de personas nacidas en África a las que se condenó a una existencia desoladora, trabajando prácticamente sin descanso y toda la vida en las minas o en las plantaciones de azúcar de la isla, como ocurrió en otros lugares de América. El único aspecto positivo de dicha inmigración africana forzosa fue la fusión cultural a la que dio lugar, de la que hablaré en otra ocasión. Desde 1542 a 1546 hubo varias revueltas de africanos esclavos (cimarrones). En muchas ocasiones los rebeldes lograron establecer poblados libres (palenques), en los que pudieron vivir fuera del yugo de quienes decían poseer sus vidas.

Desde finales del siglo XVII, en el que se produjo la primera ocupación francesa de la isla, hasta el siglo XIX, se sucedieron toda serie de desdichas sobre la colonia castellana: Contrabando, ataques de piratas, invasiones, crisis económica, dictaduras, golpes de estado, ocupaciones milititares extranjeras y guerras civiles.

Mañana hablaré de la historia contemporánea de la República Dominicana, llena de episodios interesantes.

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