Desde luego, si algo resulta claro cuando se pisa República Dominicana por primera vez es que se acaba de llegar a una tierra peculiar. Enseguida hay la sensación de que la tropical calidez ambiental armoniza perfectamente con el carácter de los dominicanos, cuyo buen trato es proverbial (también lo son otros rasgos de su carácter, de los que hablaré más adelante).
Sólo me habían hablado maravillas del país. Ahora yo me he convertido en otra propagandista de Dominicana: tanto sus paisajes como su clima son admirables, y aunque la vida cotidiana allí resulte en demasiadas ocasiones muy dificultosa, por la precariedad en la que vive la mayor parte de la gente y la falta de Estado y de infraestructuras, los dominicanos consiguen parecer alegres y relajados la mayor parte del tiempo. Para una madrileña, eso es todo un logro. A lo mejor el secreto está en la gran cantidad de fabulosas frutas tropicales que comen cotidianamente: ¡qué delicia de piñas, plátanos, bananas, mangos, lechosas y cocos!

Una de las características de la tierra, y no precisamente una de las buenas, es la enorme cantidad de ruido ambiental que hay que aguantar en todo el país, campo y playa incluidos. Es una especie de enfermedad endémica, el gusto por poner la música o el televisor a un decibeliamen desproporcionado o por hacer sonar el claxon de los coches. Parece como si la gente no notara lo incómodo y lo desagradable que resulta tener que pedir una cerveza a voces en un colmado.
Otra singularidad de los dominicanos es la inconsciencia con la que se mueven por las carreteras y calzadas de las ciudades y del campo, en carros (coches) y motores (motos), en auto propio o en concho (taxi) y moto-concho (moto-taxi). Supongo que la tasa de accidentes automovilísticos debe ser muy elevada. Constantemente se ven casos de inconsciencia aguda que le ponen a una los pelos de punta, pero confieso que de todos modos también me hacían gracia en su imprudencia, que tiene algo de naïf.

La historia moderna de Quisqueya (”madre de la tierra”), el nombre que los isleños precolombinos daban a la isla (desde 1492 renombrada La Española) en la que se encuentra la República Dominicana, tiene la típica densidad de acontecimientos de todos los países que un día fueron una colonia de Castilla y de España -sobre todo en los tres últimos siglos-, pero la impresión es que el hecho de que Quisqueya fuera la primera tierra americana que pisaron los conquistadores castellanos le ha dado un carácter singular al país.
De eso hablaré mañana y en días sucesivos, durante los que trataré de acercaros parte de la gran cantidad de información que he recibido durante mi estancia allí, y en los que asimismo procuraré transmitiros el cariño que me ha inspirado este bello país americano, que me ha conquistado para siempre.

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