En menos de un mes he sufrido tres afrentas de la insultante Fortuna, que además ha querido reírse de mí dándome esperanzas con algunos ratos excelentes situados estratégicamente, que me han hecho olvidar momentáneamente las desventuras que me han acontecido, y que ahora os explicaré.
La gracia empezó, como os dije en su día, con una infección que me atacó por sorpresa un sábado por la mañana, que me impidió moverme de casa durante cinco días (en pleno puente del 1 y el 2 de mayo), y que me hizo recordar que tener la temperatura corporal a más de 39 grados centígrados es una putada importante. Casi superada la cosa, tuve el tiempo justo de empaquetar e irme a Egipto, en donde me enteré de que mi pobre madre había sufrido un desprendimiento de retina que requería inmediata intervención quirúrgica.
La operación de mi madre duró más de cuatro horas, lo que en estos casos es francamente mucho tiempo. No sé si alguna vez tendré ganas de contar lo que ocurrió enteramente, pero de momento me conformaré con deciros que si la experiencia de la paciente ha sido dura -sigue siéndolo, aún está convaleciente-, la que hemos pasado sus familiares más cercanos ha sido de aúpa, por otros motivos, todos ellos ajenos a mi madre: por causas que no vienen a cuento, a mamá la han operado por la privada. La experiencia ha resultado tan onerosa como desagradable. Sólo os diré que estando la pobre recién operada, apareció la anestesista -aún vestida con el traje verde de quirófano- exigiendo que se le pagasen de inmediato sus honorarios, en metálico. Teníamos tal aturdimiento que ni siquiera le pedimos factura. El cirujano tampoco fue muy simpático ni muy comprensivo (con lo que cobra, el muy ladrón). Aún tengo pendiente entregar la copia de la hoja de reclamación que le corresponde a la Administración regional. En cuanto pueda lo haré.
Y es que ésa es otra. Apenas puedo moverme de casa desde el pasado jueves por la noche, cuando metí la pata en el hueco que queda entre los respaldos de las sillas y las gradas superiores, en el Palacio de los Deportes de Madrid. Salíamos del concierto de lo queda de ¡The Who!, uno de mis grupos favoritos. Fue una experiencia emocionante, estupenda. Townsend y Daltrey en directo, con un excelente grupo de músicos que nos hicieron pasar un rato que recordaré durante mucho tiempo. Ved:

Es una pena que terminara tan mal la cosa. Tras pasar un fin de semana para olvidar, ayer tuve que acudir a la sociedad médica que nos atiende a los trabajadores de mi empresa (pública). El médico que me asistió me dijo que no me había roto nada, pero que la gravedad del esguince que tenía obligaba a escayolarme la pierna. Y así estoy, al menos hasta el próximo lunes, moviéndome a base de muletas:

Mi gata Jazzy no sale de su asombro:

Me he quedado sin viajar a Budapest y a Ciudad de Ho Chi Minh, que son las ciudades en las que tenía previsto trabajar las próximas dos semanas. Me da pena, pero aún me entristece más no poder visitar a mi madre, aunque hablo con ella habitualmente y me doy cuenta de que progresa en su mejoría.
Hoy estoy más animada que ayer, gracias a la paciente ayuda de Ángel, que ha tenido que suspender un viaje a París por mi culpa y que me anima a hacer las cosas por mí misma (lo que incluye inyectarme un anticoagulante). Además, hoy me duele menos el tobillo y me voy acostumbrando a andar con muletas.
Un mes intenso, ¿eh? Si yo fuera supersticiosa, diría que la culpa es de que me ha mirado una tuerta, si me permitís la broma.


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