Ecuador vuelve a tener patria

Yo conocí a Bolívar una mañana larga
En la boca del Quinto regimiento
Padre, le dije
Eres o no eres o quién eres
Y mirando el cuartel de la montaña dijo
Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo
(Pablo Neruda)

Hace poco más de una semana que Ecuador tiene un nuevo presidente, y con su llegada ha nacido la esperanza de sacar al país del negro pozo en el que se encuentra en estos momentos, por culpa de la deuda externa, la corrupción y el abandono de la economía en manos de políticos sin escrúpulos.

A finales de la década de los 90, Ecuador sufrió la peor crisis económica de su historia, que condujo al país a una caída libre hasta llegar a una situación insoportable, en la que la pobreza en las clases más humildes se incrementó significativamente, y también lo hizo el número de personas indigentes. El sistema financiero también cayó, y el Gobierno tuvo que declarar al país incapaz de hacer frente a la deuda externa. La inflación llegó al 70% en el año 1999, año en el que el Gobierno anunció la dolarización de la economía.

La crisis dio lugar a un aumento crítico del desempleo, que a su vez ha provocado el fenómeno de la migración masiva de ecuatorianos a otros países, muchos de ellos obligados a dejar en Ecuador a sus hijos, al cuidado de familiares. Según la UNICEF, “casi un 70% de los 4,8 millones de niños y niñas de Ecuador viven en la pobreza. Aproximadamente 430.000 niños y niñas con edades entre los 5 a los 17 años de edad trabajan, la desnutrición afecta a un 15% de los niños y niñas menores de cinco años y los programas de desarrollo de la primera infancia que reciben apoyo del gobierno abarcan solamente a un 8,4% de los niños y niñas que cumplen con los requisitos.”

Ante esta desesperante situación, la mayoría de ecuatorianos ha decidido confiar en Rafael Correa, un economista inteligente y voluntarioso, que junto a sus compañeros del movimiento político Alianza País ha planteado al electorado una alternativa al neoliberalismo dirigido desde los Estados Unidos: ha propuesto una soberanía efectiva y la integración de Ecuador en una comunidad regional bolivariana, una comunidad de sociedades americanas hermanadas por la idea panamericana de los libertadores. Correa aboga por un socialismo del siglo XXI nacido del esfuerzo común y del entendimiento entre todas las fuerzas sociales y políticas que creen que lo importante son las personas y la naturaleza, no los mercados, desde los humanistas cristianos a los comunistas, pasando por los movimientos indigenistas.

En su discurso de toma de posesión el pasado 15 de enero, Correa expuso los ejes de la “revolución ciudadana”, su proyecto de cambio radical para hacer de Ecuador “un país sin miseria, sin niños en la calle, una Patria sin opulencia, pero digna y feliz”.

Si tenéis un rato, os recomiendo vivamente que leáis entero el discurso de Correa aquí, o aún mejor –esta opción exige más tiempo- que veáis el acto entero en vídeo. Podéis verlo aquí. Si no queréis o no podéis optar por ninguna de las dos opciones que os he ofrecido, aún os doy la posibilidad de leer un resumen que he elaborado partiendo del discurso del presidente. (Entre comillas, citas literales.)

Ejes de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa (resumen)

Eje I: Revolución constitucional. Para llevar a cabo el cambio profundo de la revolución ciudadana, Correa va a trabajar en transformar, a través de la Asamblea Nacional Constituyente, la Constitución ecuatoriana vigente en una que permita superar “el dogma neoliberal y las democracias de plastilina que sometieron personas, vidas y sociedades a las entelequias del mercado”.

Eje II: Lucha contra la corrupción. “El segundo eje de la revolución ciudadana es la lucha contra la corrupción, mal enraizado en nuestra sociedad, pero también exacerbado por modelos, políticas y doctrinas que ensalzaron el egoísmo, la competencia y la avaricia como el motor del desarrollo social.” Correa se refiere a la corrupción en sentido lato: “hay varias formas de corrupción, desde lucrar con dineros del Estado, hasta la evasión de impuestos, pasando por comportamientos, estructuras y, paradójicamente, leyes corruptas. (…) ¿Acaso no fue corrupción el canje de deuda del año 2000, que explícitamente buscó mejorar el precio de los bonos en beneficio de los acreedores, mientras que el país estaba destruido? ¿Acaso no es corrupción la existencia de bancos centrales completamente autónomos, cuya opulencia es un insulto a la pobreza de nuestra gente, y que, además, no responden a controles democráticos, pero sí a burocracias internacionales? ¿Acaso no fue corrupción la Ley de Garantía de Depósitos, impuesta por el poder político de los banqueros, que obligó al Estado a garantizar el 100% de los depósitos bancarios, sin límites de monto, días antes de la quiebra generalizada de los bancos? Todo esto nos llevó a la dolarización de la economía, cuando en 1999 el Banco Central triplicó la emisión monetaria para el salvataje bancario. Hoy, ya no tenemos moneda nacional, no está más la simbología heroica del Mariscal de Ayacucho, pero los culpables de esta destrucción, la banca y el Banco Central, están más prósperos que nunca. (…)  ¿Acaso no fue corrupción esa barbaridad llamada Fondo de Estabilización, Inversión y Reducción del Endeudamiento Público –el tristemente célebre FEIREP- que con los recursos de la nueva extracción petrolera garantizaba el pago de deuda y recompraba ésta en forma anticipada y pre anunciada? De esta forma, nos han robado nuestro dinero, nuestros recursos naturales, nuestra soberanía.”

Eje III: Revolución económica. Correa no tiene reparos en mostrarse decididamente partidario de dejar de aplicar las políticas económicas decididas en el llamado “Consenso de Washington”, que “fueron no sólo impuestas, sino también agenciosamente aplaudidas, sin reflexión alguna, por nuestras elites y tecnocracias. (…) Los resultados de estas políticas están a la vista, y después de quince años de aplicación, las consecuencias han sido desastrosas. El Ecuador apenas ha crecido en términos per cápita en los últimos tres lustros, la inequidad ha aumentado, y el desempleo se ha duplicado con relación a las cifras de inicios de los noventa, pese a la masiva emigración de compatriotas ocurrida en los últimos años.”

“Se llegó al absurdo de defender como “prudentes” políticas que destruyeron empleo, como aquellas aplicadas en los años 2003-2004. El dogmatismo fue tan grande, que se llamó “populismo” a cualquier cosa que no entendiera el dogmatismo neoliberal. Por el contrario, cualquier cantinflada en función del mercado y del capital, se la asumió como “técnica”, en un verdadero “populismo del capital”. Recordemos a manera de ejemplos, los bancos centrales autónomos y sin control democrático, el simplismo del libre comercio, las privatizaciones, la dolarización y tantas otras barbaridades. Estas políticas han podido mantenerse sobre la base de engaños y actitudes antidemocráticas por parte de los beneficiarios de las mismas, con total respaldo de organismos multilaterales, los cuales disfrazaron de ciencia a una simple ideología, y cuyas supuestas investigaciones científicas se acercaron más a multimillonarias campañas de marketing ideológico que a trabajos académicos. (…) De esta forma, la nueva conducción económica del Ecuador priorizará una política digna y soberana, es decir, más que liberar mercados, liberar al país de los atavismos y poderosos intereses nacionales e internacionales que lo dominan; con una clara opción preferencial por los más pobres y postergados; y priorizando al ser humano sobre el capital.”

Eje IV. La revolución en Educación y salud.

Correa afirma que ha llegado el momento de atender a las víctimas del neoliberalismo en Ecuador, y no estrictamente por motivos económicos, sino también –y acaso sobre todo- en pro de la justicia y la ética sociales: “la política social debe ser diseñada como una parte fundamental de la política económica, y no simplemente con un criterio asistencialista y como remiendo de esta última.”

Se trata de prestar asistencia y apoyo a los colectivos más perjudicados: (1) Los emigrantes (“a este país lo mantienen los pobres”), que serán representados en la Asamblea Nacional Constituyente por tres asambleístas, y para los que se creará la Secretaría Nacional del Migrante con rango de ministerio, para “velar eficazmente por el bienestar de nuestros hermanos en el extranjero y de sus familias en la nación”; (2) los presos en las cárceles ecuatorianas: “las leyes impuestas en los años noventa en la América Latina suponen que el problema de la droga solo tiene una salida: la represión, y aquel concepto, muchas veces agenciado por lacayos, impuso condenas aún más severas que las aplicadas a delitos contra la vida. Esas sentencias, para hacer méritos ante patrones extranjeros, jamás consideraron la naturaleza de la infracción, y, como consecuencia de ello, nuestra población carcelaria, en un alto porcentaje, no tiene rostro delincuencial, sino caras de madres solteras, de jefes de familia empobrecidos, de jóvenes sin trabajo, forzados por la miseria a transportar unos cuantos gramos de droga, por los que sufren penas de reclusión de 8, 12, 16 años. A esa población carcelaria no la olvidaremos. Como jamás podremos olvidar a las internas de la tercera edad sentenciadas por quienes quieren quedar bien con los patrones; a los extranjeros que se pudren en un suelo ajeno; a los niños que viven el calvario de pérdida de libertad de sus padres”; (3) discriminados por razones de sexo o de raza: el gabinete de Correa es el que tiene más porcentaje femenino en la historia de Ecuador  (40%), y el primer ministro afroecuatoriano de su historia; (4) grupos más vulnerables: para “los niños de las calles, del trabajo infantil, de las madres solteras, de los enfermos terminales, de los discapacitados, y de tantos grupos postergados” se crea la Secretaría de Solidaridad Ciudadana, que pretende trabajar para mejorar la situación de todos estos colectivos tan perjudicados por la gravísima situación de Ecuador.
Eje V: rescate de la dignidad, soberanía y búsqueda de la integración latinoamericana.

“El gobierno del Ecuador (…) ofrece a Quito, Luz de América, como un espacio para la reflexión y construcción de la Comunidad Sudamericana.”

             

Correa y los suyos tienen un trabajo duro por delante, sin duda. Su país es un auténtico escorial de los deshechos de las peores prácticas neoliberales, de las ansias de poder y de lucro de los que han dirigido Ecuador durante décadas. No va a ser fácil que la situación mejore significativamente hasta dentro de algunos años, pero hay algo evidente: sí lo es que la cosa no empeore, si se cortan las amarras que han esclavizado a Ecuador y lo han dejado en manos del capital estadounidense y europeo. Y para ello es fundamental que los gobiernos latinoamericanos unan esfuerzos y voluntades.

En palabras de Rafael Correa, “América Latina y el Ecuador no están viviendo una época de cambios, están viviendo un verdadero cambio de época.” Amén.

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